El Plan Madagascar

Esa idea no era del todo original: en 1885, el renombrado erudito, filósofo y antisemita berlinés Paul Anton Bötticher (llamado Paul de Lagarde) había propuesto recluir a unos 4 millones de judíos europeos en la isla de Madagascar. Muchos años después, en 1937 y con los nazis en el poder, el gobierno de Polonia envió una comisión a Madagascar para determinar si era factible una migración forzosa de idénticas características. Esa comisión consideró que la isla africana podía acoger a entre 40.000 y 60.000 judíos y su conclusión fue que esa opción no era viable, entre otras razones por las altas temperaturas.

     Pero veamos de qué se trató la cosa cuando los altos mandos alemanes pensaron seriamente en el asunto…

    En la primavera de 1940 comenzaba la construcción del campo de exterminio de Auschwitz y meses después comenzaría a construirse el campo de Birkenau. Por entonces se decía que iban a ser utilizados como campos de prisioneros; luego terminarían siendo espantosos campos de exterminio. Faltaban menos de dos años para que los nazis dieran a conocer al mundo la “Solución final de la cuestión judía”, ese eufemismo abyecto que se le daba al plan del Tercer Reich para exterminar a los judíos. Ese plan terminaría de organizarse en la Conferencia de Wanssee, en enero de 1942.

     El Plan Madagascar nació un 3 de junio de 1940. Ese día, con la guerra avanzando a buen ritmo para los nazis (faltaba poco para conquistar Francia), Franz Rademacher (jefe de “Asuntos Judíos” de la Oficina de Relaciones Exteriores de Alemania) envió una carta al alto mando nazi en la explicaba su curioso plan. “La victoria se acerca y Alemania tiene el deber de hacer que todos los judíos se marchen fuera de Europa”, decía el delirante Franz, palabras más, palabras menos. Este documento era seguido de varios folios en los que el funcionario determinaba la forma en que Alemania enviaría a miles de judíos a Madagascar. Rademacher estimaba (y Himmler avalaba) que “Francia tiene que poner a nuestra disposición la isla de Madagascar, para solventar la cuestión judía”. Por aquel momento la isla de Madagascar era colonia francesa, pero parecía inminente que fuera entregada a los alemanes como parte de un acuerdo tras la derrota de los franceses.

   El Plan Madagascar proponía enviar a todos los judíos de Europa a la isla de Madagascar, en el océano Índico, frente a la costa sudeste de África. La idea de Rademacher era trasladar cada año a un millón de judíos a Madagascar, donde se dedicarían a la agricultura, creando así un gigantesco gueto que abarcaría toda la isla.

Judíos provenientes de Europa que vivirían desterrados en la isla.

   Este delirio, que además fue presentado además como una “gran muestra de generosidad” del Führer, no pretendía, sin embargo, que Madagascar fuera algo así como “la nueva patria” de los judíos; por el contrario, el objetivo que realmente se buscaba era que fuera un lugar de “exterminio progresivo”. La isla carecía de los recursos suficientes para sostener a millones de judíos y es probable que, bajo la administración de las SS (comandadas por Himmler), los judíos hubieran ido muriendo poco a poco  a lo largo de un período de tiempo más prolongado. Himmler llegó a escribir, en un memorando al Führer, que las acciones como la deportación forzosa eran “preferibles y benévolas, si se rechaza el método bolchevique del exterminio material de un pueblo, método que es anti-alemán.” Más allea de esa frase de Himmler, el futuro cercano mostraría otra cosa y de la manera más abyecta.

     Para Hitler y Himmler, el “plan malgache” pudo representar una solución a la cuestión judía sólo mientras creyeron que la guerra terminaría (y con victoria) en 1940, como mucho en la primera mitad de 1941, ya que pensaban hacer el traslado de los judíos hacia la isla luego de terminada la guerra.    

Hermann Göring – Adolf Hitler

     El transporte de los judíos hacia Madagascar se haría en barco, y se contaba para ello la incautación de los navíos de la Marina británica (la “Royal Navy”), lo que se lograría cuando los británicos fueran doblegados, cosa que los nazis por entonces daban por descontado. El plan incluía, además del exilio forzado de los judíos de cualquier ciudadanía que vivieran en Europa, la sustracción (robo, digámoslo bien) de su dinero, el cual sería usado para llevarlos a este gueto insular. Una vez allí se construiría una colonia que debería regirse por las normas de las SS, para asegurar así un “comportamiento aceptable”. La idea del plan era que el concepto de “judío” desapareciera para siempre de Europa.

   La propuesta de Rademacher, (de la que Himmler se hizo eco favorablemente) fue bien recibida en la cúpula nazi, y Hitler hasta llegó a informar de ella a Mussolini. Se tomó tan en serio el proyecto que los alemanes dejaron durante algunos meses de construir guetos para los judíos en Europa, ya que se evaluaba como prioritario que los judíos fueran enviados a la isla de Madagascar. Tanto las SS y el Ministerio de Asuntos Exteriores consideraban al Plan Madagascar mejor que el plan ideado por Eichman de trasladar a los judíos europeos a Palestina; estimaban que la súbita llegada de tantos judíos a una tierra ya poblada por musulmanes y cristianos provocaría un estallido en algún momento. De hecho, el 15 de agosto de 1940, Hitler llegó a ordenar a Adolf Eichmann que comenzase la “reubicación” de los judíos en esos términos.

Hitler le informó a Benito Mussolini de Plan Madagascar

   Pero todo dependía de que Alemania lograra someter a la otra gran potencia europea (Gran Bretaña), ya que, como se dijo, Hitler pretendía utilizar los buques de la “Royal Navy” para trasladar a los judíos hasta la isla africana. La resistencia inglesa frustró ese objetivo, y agregado a eso, el bloqueo de las rutas marítimas por los británicos dejó al plan sin posibilidades concretas. Así fue como a finales de 1940 el plan fue olvidado. Dos años después los británicos desembarcaron en Madagascar tomando posesión de la isla, lo que hizo que Hitler se despidiese de su gueto.

     No son pocos los historiadores que consideran que la llamada “solución final a la cuestión judía” implementada en los horrorosos campos de exterminio fue finalmente confirmada y acelerada como consecuencia de haberse visto frustrado el delirante Plan Madagascar; de hecho, el mismo Heinrich Himmler fue quien ordenó la construcción del campo de Birkenau (también llamado Auschwitz II o Auschwitz-Birkenau) en octubre de 1941.

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