La violencia organizada (Parte VI: Organizaciones criminales comunes: Carteles y grupos urbanos violentos)

  Cartel de Medellín. Esta organización dedicada a la producción y distribución de cocaína, que cometió cientos de crímenes de toda laya desde los ’70 hasta los ’90, es más que conocida gracias a la terrible fama de su máximo líder Pablo Emilio Escobar Gaviria. 

   En 1976 los hermanos Ochoa (Fabio, Jorge Luis y Juan David) empiezan a traficar cocaína hacia EEUU. A fines de los ’70, Pablo Escobar, que se dedicaba al robo y al contrabando pero ya incursionaba en el negocio de la cocaína, se asocia con los hermanos Ochoa; poco tiempo después, Escobar se transformaba en el jefe supremo y los Ochoa pasaron a ser los segundos al mando.

Pablo Escobar en las dos veces que estuvo en la cárcel antes de convertirse en el cabecilla del Cartel de Medellín.

   Manejaban los laboratorios, distribuían y controlaban la comercialización en EEUU, donde las ganancias eran mayores que en Colombia; en poco tiempo tenían el monopolio del tráfico de cocaína en Florida, New York, Chicago y Los Angeles. Luego se sumó al grupo Carlos Lehder, que tenía su base en una isla en Bahamas donde cargaban los aviones sin mucho control, y de esa forma aumentaron el volumen de los envíos. En poco tiempo el negocio alcanzó grandes dimensiones, y los norteamericanos de la DEA comenzaron a llamar a este grupo el “Cartel de Medellín” en 1982, siendo llamado “Cartel” (puede escribirse con o sin acento ortográfico) por la estructura jerárquica, de coordinación y su capacidad de separar los rubros de producción y de negocios.

   El Cartel creció de manera exuberante; las grandes fortunas provenientes del narcotráfico les permitieron a sus miembros entrar en la política de la peor manera, mientras simultáneamente invertían enormes sumas de dinero en Medellín comprando tierras y edificios, construyendo barrios, escuelas, iglesias y donando dinero a los más necesitados, lo que les generó una gran popularidad e hizo que gran parte del pueblo aceptara al Cartel como una especie de “protector” que los protegía y ayudaba, y haciendo la vista gorda sobre los crímenes que había tras esas obras.

   El Cartel de Medellín asesinó policías, jueces, magistrados, políticos, periodistas y a muchos que se atrevieron a denunciar sus vínculos con la ilegalidad. Ejecutaron decenas de actos terroristas; entre ellos, hicieron explotar en vuelo un avión de línea con 107 pasajeros.

     Lehder fue atrapado y extraditado a los EEUU; los hermanos Ochoa se sometieron a la justicia a principios de los ’90 y obtuvieron beneficios que les permitieron pasar pocos años en la cárcel; al salir, siguieron delinquiendo. A Pablo Escobar lo mataron la policía y fuerzas de seguridad cuando escapaba por los tejados en un barrio de Medellín en 1993.

    Sobre Pablo Escobar se han escrito artículos, ensayos, libros, se han hecho series y películas; es tanto el material que su vida ha poporcionado que casi no hay forma de resumirlo. Cruel en extremo, llegó a tener más poder que nadie en Colombia, construyó una cárcel-spa donde él mismo negoció ser alojado con los miembros del Cartel, se fue cuando quiso, sobornó políticos y jueces, mató sin miramientos y de la peor manera a quienes se le oponían o lo perseguían, a los rivales en el negocio, a los traidores, a los que cometían errores, en fin, a quien fuera.

     Tras la muerte de Escobar en 1993 el grupo dejó una estructura de sicarios y narcos, una enorme cantidad de armas y de dinero en efectivo, un mapa de rutas internacionales para el narcotráfico, y una sociedad con una clase política y unas instituciones estatales manchadas por la corrupción.

     Cartel de Cali. El Cartel de Cali nació como una asociación informal de cinco narcotraficantes independientes, empezando por una banda criminal con sede en Cali conocida como “Los Chemas”, fundada a principios de la década de 1970 por los hermanos Gilberto y Miguel Rodríguez Orejuela y José Santacruz Londoño.

     Los años ’80 y ’90 en Colombia fueron el apogeo del Cartel de Cali, que coexistió con el Cartel de Medellín y se enfrentó con él generando una muerte tras otra. Luego de que el Cartel de Medellín se fragmentara después de la muerte de Pablo Escobar, el Cartel de Cali se convirtió en el Cartel líder de la cocaína y llegó a ser el mayor proveedor de cocaína del mundo; transportaba cocaína desde las selvas del Amazonas a ciudades de todo el mundo, y usó la violencia para aterrorizar a los posibles competidores y la corrupción para influir y obtener el control de muchas instituciones colombianas.

    Los líderes del cartel, Miguel y Gilberto Rodríguez Orejuela, fueron arrestados a mediados de los ’90 por acción conjunta de la DEA y la CIA luego de pacientes y complejas tareas de inteligencia; luego de un largo juicio (y miles de negociaciones) fueron a prisión en EE.UU. Del mismo modo, fueron siendo encarcelados los demás líderes del Cartel.

    Desde la prisión, los Rodríguez Orejuela continuaron dirigiendo las operaciones de la organización a través del hijo de Miguel, William Rodríguez-Abadía, que fue diseñando nuevas rutas y nuevos métodos. Los hermanos fueron extraditados a EEUU en 2004, y en 2006, en Miami, los hermanos Rodríguez Orejuela se declararon culpables por cargos de narcotráfico y fueron sentenciados a 30 años de prisión; Rodríguez-Abadía también fue encarcelado y también se declaró culpable.

   En 2014, el Departamento del Tesoro de EEUU anunció que se consideraba desaparecido el Cartel de Cali. Y de paso se eliminaron de su lista de sanciones financieras 308 personas y entidades, la eliminación más grande jamás realizada (eso son negociaciones, señores). Como parte de su acuerdo de culpabilidad, los hermanos Orejuela entregaron 2.100 millones de u$d en activos en todo el mundo. En 2020, Gilberto Rodríguez Orejuela solicitó su liberación anticipada de una cárcel en EEUU por su deteriorado estado de salud (un clásico). Pero parece que era verdad, porque murió en 2022.

     Cartel del Golfo (CDG). El Cartel del Golfo es uno de los grupos criminales más antiguos de  México. Fue fundado en los ’30 en Matamoros, estado de Tamaulipas. Al principio se llamaba Cartel de Matamoros y se dedicaba al contrabando de alcohol. El CDG “moderno” se origina en 1984, cuando Juan García Ábrego asume el control del negocio de narcotráfico de su tío, que en ese entonces era predominantemente de marihuana y heroína. García negoció un acuerdo con el Cartel de Cali, el enorme Cartel colombiano que buscaba nuevas rutas de ingreso al mercado de EEUU; García Ábrego se ocuparía de los cargamentos de cocaína a través de la frontera mexicana, asumiendo todos los riesgos, y llevándose hasta el 50% de las ganancias. Negocio redondo.

   El CDG construyó una red de distribución de gran alcance en todo EEUU y así ganó miles de millones de dólares. Otros capos como Amado Carrillo Fuentes, jefe del Cartel de Juárez, no tardaron en seguir los pasos de García Ábrego y comenzaron a exigir a sus socios colombianos un mayor porcentaje sobre la distribución, en lugar de conformarse con los ingresos percibidos por sus servicios de transporte. Como resultado, a finales de los ’90 los traficantes mexicanos habían construido una enorme red de distribución de cocaína, metanfetamina y heroína que competía con el Cartel de Cali en tamaño, sofisticación e ingresos, y también rivalizarían con los colombianos en términos de influencia política mediante el soborno a colaboradores en el gobierno, ministros, miembros de la policía federal y altos funcionarios públicos.

   El heredero de García Ábrego fue Osiel Cárdenas Guillén, quien desarrolló el brazo armado del Cartel del Golfo (que luego serían Los Zetas –ya veremos cómo lo hizo–).

     Hoy el CDG ya no existe como organización unificada. El grupo se ha dividido en muchas facciones, cada una de las cuales compite por el control de las extensas tierras fronterizas de Tamaulipas. Esas facciones son los Ciclones, los Escorpiones, los Rojos, los Metros y las Panteras. Estos grupos usan su control de la frontera para traficar drogas, armas y migrantes, entre otras empresas criminales.

    El Grupo Escorpión, uno de los más importantes, está integrado por expolicías estatales, municipales y judiciales y fue creado como guardia personal del ex-líder del CDG Antonio Cárdenas Guillén (hermano de Osiel y alias “Tony Tormenta”), abatido por fuerzas federales en noviembre de 2010. Otro grupo, la antigua “unidad de protección” de Osiel, comenzó a operar como grupo independiente, transformándose en el legado más sanguinario del Cartel del Golfo: Los Zetas.

     Los Zetas. Cuando EEUU decide ofrecer dos millones de dólares por la cabeza de Osiel Cárdenas Guzmán, este se vuelve paranoico. Decide que tiene que aumentar su potencia de fuego, así que arma su propio ejército. Tiene material de sobra para elegir: soldados corruptos y desertores del cuerpo de élite del ejército mexicano, del GAFE (grupo aeromóvil de fuerzas especiales –grupo diseñado justamente para capturar a criminales como él–), ex kaibiles guatemaltecos (que a su vez habían sido instructores y maestros de la GAFE), ex maras; lo mejor de cada casa, digamos. Eran francotiradores expertos y estaban entrenados con armas inaccesibles para la mayoría de sus rivales narcotraficantes, con capacidad de despliegue rápido en casi cualquier entorno y encajaban a la perfección con el estilo de liderazgo brutal de Cárdenas.

    Uno de esos rambos mexicanos es el ex-teniente Arturo Guzmán Decena que, como Osiel, era cínico, ambicioso y despiadado. Osiel paga mucho mejor que el gobierno mexicano (el triple, como mínimo), y así Arturo arma ese grupo de gente pesada sin escrúpulo alguno, entrenada para matar sin miramientos. Así nace el ejército privado de Osiel: Los Zetas, cuya escalada de atrocidades aumenta en forma exponencial.

     Finalmente el ejército captura a Osiel Cárdenas en 2003 en Matamoros. Con Osiel encarcelado, los Zetas empiezan a mostrar signos de emancipación cada vez más evidentes. Desde el punto de vista militar es difícil competir con los Zetas: llevan chalecos antibalas, cascos de kevlar y su arsenal incluye los más modernos fusiles de asalto, ametralladoras, lanzagranadas, granadas de fragmentación, máscaras antigás, dispositivos de visión nocturna, dinamita y helicópteros. Además, el nivel de profesionalidad de los Zetas es altísimo: tienen tecnología sofisticada, utilizan señales de radio encriptadas, comunicación indetectable y se dedican a todas las facetas del crimen: el narcotráfico es su veta madre pero también efectúan robos, extorsiones, secuestros y crímenes por encargo. Oferta variada y amplia.

     Tienen una organización jerárquica estricta, cada célula tiene su jefe de plaza y su propio administrador que gestiona las finanzas. Los roles están bien definidos, cada uno con su nombre: las Ventanas (jovencitos que dan la voz de alarma cuando se acercan policías), los Halcones (se ocupan de distribuir la droga), los Leopardos (prostitutas que sacan a sus clientes información útil), los Mañosos (se ocupan de las armas), los Estacas (sicarios), los Cobras (extorsionadores), la Dirección (cerebros del grupo). Es una organización piramidal eficiente, de modelo similar al de las mafias. Durante dos años blanquean millones de dólares al mes a través del Bank of America, nada menos (cuando hay plata, no preguntes de dónde viene).

     Los Zetas hacen visible su crueldad; ésta funciona más si el miedo se propaga de boca en boca. Muestran en video decapitaciones, ahogamientos, despellejamientos y tienen predilección por el uso de las motosierras. Quieren que sus víctimas griten y saben cómo hacerlas gritar, sus gritos tienen que llegar a todo México y al  mundo. No hay límite a la brutalidad de los Zetas: cadáveres colgando de los puentes, cuerpos decapitados y descuartizados en los contenedores de basura, fosas con decenas de cadáveres amontonados. Algo más los distingue de los otros cárteles de la droga: no tienen un territorio, una ubicación geográfica definida: actúan en todos lados. Colocan pancartas  en todo México: “Los Zetas te quieren a ti. Buen sueldo, comida, atenciones a tu familia. Ven con nosotros, ya no sufras maltratos ni hambre.”    

     Una vez independientes por completo, los Zetas deciden atacar a sus antiguos “jefes” del Cartel del Golfo. Para eso, matan a quien sea: jefes de policía, ministros, políticos, nada les importa. La mutilación y desmembramiento de cadáveres sigue siendo marca registrada de los Zetas; era frecuente que cortaran los genitales de su víctima (antes o después de matarla) y se los metieran en la boca; luego deshollaban su cara y la pegaban a una pelota de fútbol que metían en una bolsa de basura con un mensaje para su próxima víctima: “que tengas un feliz año, porque para ti será el último.” Los Zetas añadían, a la brutalidad, la humillación.

    Hoy los Zetas han perdido fuerza y terreno en el mundo del narcotráfico y en el contrabando de drogas entre México y Estados Unidos; sin embargo, los Zetas aún tienen su influencia en el norte de México.

     Y el horror de sus crímenes es imposible de olvidar.

    Cartel de Sinaloa. El estado de Sinaloa ha sido durante mucho tiempo un centro de contrabando y cultivo de marihuana y amapola en México. Casi todas las organizaciones traficantes del país tienen su origen en la región y comenzaron como pequeños grupos de familias campesinas que vivían en áreas rurales del estado. En los ’60 y ’70 las familias pasaron del contrabando al comercio de drogas, en particular de marihuana. Uno de los primeros en traficar grandes cantidades de marihuana fue Pedro Avilés, quien posteriormente invitó al negocio a Joaquín “El Chapo” Guzmán Loera, un amigo de su hijo. Avilés fue abatido en 1978 por la policía; luego de su muerte, las familias diversificaron sus negocios y comenzaron a transportar cocaína para los traficantes colombianos y centroamericanos. El fundador “oficial” del Cartel es entonces el reconocido narcotraficante mexicano Joaquín “El Chapo” Guzmán, quien inició esta organización criminal en los ’80 esructurando meticulosamente las células, la distribución y cada uno de los aspectos del negocio.

   Entraron en contacto con el Cartel de Medellín y establecieron los patrones de tráfico de drogas que continúan presentes en la actualidad: el movimiento de cargamentos de cocaína por vía aérea y marítima hacia Centroamérica y México y luego por vía terrestre hacia EEUU. Empezaron a tener problemas con el Cartel de Tijuana, que quería su parte de la torta ya que manejaba buena parte de las rutas terrestres hacia EEUU (el Cartel de Tijuana y el de Sinaloa se habían originado como subdivisiones del antiguo Cartel de Guadalajara; Chapo Guzmán era el jefe de Sinaloa, Miguel Gallardo el jefe de Tijuana). Las batallas entre estas organizaciones comenzaron casi de inmediato, con matanzas, venganzas y contra venganzas, esas cuestiuones de nunca acabar que tienen los Carteles.  

     Guzmán fue encarcelado dos veces y las dos veces se escapó, en algún caso a través de un túnel que parecía una autopista (de la que nadie tenía ni la menor idea, parece). En 2017, la tercera fue la vencida: fue extraditado a EEUU, juzgado y sentenciado a cadena perpetua. A pesar de que El Chapo se encuentra actualmente en la cárcel, su pandilla mexicana criminal no ha bajado la guardia; su nuevo líder es Ismael “El Mayo” Zambada. Según la DEA, el Cartel de Sinaloa sigue siendo el grupo criminal más poderoso de México en la actualidad y son los principales exportadores de cocaína, fentanilo, marihuana y heroína a EEUU.

     Cartel de Jalisco Nueva Generación (CJNG). Esta organización forma parte de unas de las pandillas mexicanas más grandes en la actualidad. Fue fundada en 2009 por Nemesio “El Mencho” Oseguera Cervantes y son enemigos del Cartel de Sinaloa. En el 2017 se aliaron con otra banda delictiva para recuperar el control de la ruta de droga entre EEUU y México y eso ha dejado un saldo incontable de muertos hasta el día de hoy.

     Cartel de  Juárez. Dominan el estado de Chihuahua y a pesar de no ser una de las bandas criminales de México más grandes, sus ganancias a partir del narcotráfico, contrabando de armas y migrantes es realmente significativa. Amado Carrillo Fuentes (alias “El señor de los cielos”, por la flota de aviones con la que contaba y utilizaba para transportar droga) lideró esta organización hasta el día de su muerte en 1997.

     Y como frutilla del postre, quedan estos grupos criminales…

    Las Maras. Durante la sangrienta y prolongada guerra civil en El Salvador (entre 1979 y 1992) huyeron hacia EEUU miles de niños y jóvenes sin familia, con padres asesinados o madres que preferían tenerlos lejos y a salvo antes que en peligro y en la miseria en un país que se desangraba. También escaparon guerrilleros y desertores de ambos bandos, y es así como nacen las maras (“mara” significa “gente”, “multitud”).

     Las maras son bandas salvadoreñas que toman como modelo a las bandas afroamericanas, asiáticas y mexicanas de Los Angeles y se han transformado en las “nuevas familias” de los chicos de El Salvador que crecieron y se formaron en las calles de California. En su inicio fueron bandas de autodefensa para protegerse de otras bandas que buscaban agredir a los nuevos inmigrantes. Pero las maras crecieron, cada vez eran más, y pronto las bandas mexicanas fueron derrotadas. Las bandas salvadoreñas se dividieron en dos grandes “familias” de mareros: la Mara 13 (de la calle 13), más conocida como Mara Salvatrucha, y la Mara 18 (de la calle 18), nacida de una rama disidente. Ambos bandos se odian, y los encuentros entre ellos son sinónimo de violencia y muerte. Hoy las maras tienen células presentes en EEUU, México, toda América Central, Europa y Filipinas. En Los Ángeles, la Mara 18 está considerada la banda criminal más extensa.

     Las maras han sido las primeras en aceptar miembros de etnias y países diversos, en su mayor parte chicos de entre 12 y 18 años. Ese ejército de niños y adolescentes comercia sobre todo con cocaína y marihuana en la calle; no gestionan grandes cantidades, no son ricos, pero en el ámbito callejero garantizan dinero y poder inmediatos. Son como un cártel minorista que expande sus fechorías a otros rubros como extorsiones, robo de autos, contrabando de armas, prostitución infantil o asesinatos, ya sea por encargo o por pequeños espacios de poder.

     En la organización de las maras todo está codificado, la simbología es importantísima; su lenguaje de señas, los tatuajes en la cara y en el cuerpo, las palabras que utilizan, todo tiene un significado que remite a reglas que estructuran y crean una identidad y una jerarquía dentro de las bandas. La violencia es la manera de vivir de los mareros; de hecho, la única manera de salir de las maras es muerto.      

     Para entrar en una banda de maras hay que superar pruebas duras y de todo tipo. Las “internas”, en las que los chicos son sometidos a una paliza ininterrumpida que suele dejar sin sentido al iniciado; las chicas deben incluso afrontar en ocasiones una violación en manada. El bautismo “para afuera” consiste en un delito de iniciación que depende de las necesidades de la banda en esos momentos, y puede ir desde participar en una extorsión (las mujeres son muy utilizadas para eso), un robo o matar a algún miembro de una banda rival. Una vez dentro, la regla principal para los mareros es una sola: la banda o la muerte. A cambio de eso, la banda le dará a cada miembro dinero, trabajo (delito) y protección para su familia.

     Latin Kings (Almighty Latin Kings and Queens Nation, que en español significa “Nación Todopoderosa de los Reyes y Reinas Latinos”). En los ’40, los inmigrantes puertorriqueños de Chicago eran acosados de forma regular tanto por blancos como por negros; fue entonces cuando un grupo de ellos formaron los Latin Kings para protegerse y reafirmar el orgullo en su comunidad. Al cabo de una década, el grupo había “crecido” hasta convertirse en una pandilla criminales.

    Durante los ’80 los Latin Kings se expandieron por toda la Costa Este. Nacieron nuevas células, algunas aprobadas por Chicago y otras no, y su crecimiento se hizo notar sobre todo en las cárceles. Y fue en una prisión de Connecticutt donde se dice que dos presos escribieron el “King Manifesto”, algo así como la biblia de la pandilla. Este Manifiesto, que incluye desde la historia de la banda hasta consejos útiles para el embarazo, es un extenso texto que casi no se ha modificado desde que fue redactado. Algunos preceptos: “Los miembros deben decir la verdad siempre”, “Los miembros no deben desear el placer con la esposa de otro” “Un miembro no debe robar”, o “Si la muerte es lo que se necesita para que honres y mantengas nuestro código de silencio, muerte es lo que tendrás”. Y no falta la cuestión latina:  “Los latinos mueren con dignidad y honor por la raza”.

Miembro de la pandilla junto a sus tatuajes (Un león con una corona) y el signo de cinco estrellas en sus manos

   Los Latin Kings distribuyen y venden drogas, trafican con armas, asesinan, roban a mano armada, secuestran, roban viviendas y vehículos, lavan dinero negro, extorsionan, chantajean, intimidan y corrompen a funcionarios públicos, agreden a los funcionarios de las prisiones, a pandilleros rivales y a los propios miembros de los Latin Kings que no obedecen las reglas. No queda nadie afuera, se ve. Su rivalidad con Los Ñetas (una pandilla de origen puertoriqueño que se dedicaba al narcotráfico) ha causado varios asesinatos y hechos violentos.

   Una de las cosas que diferencia a los Latin Kings de otras pandillas similares es su mezcla de disciplina férrea, ideología revolucionaria y su religión de fabricación casera (llamada “Kingism”), que añade idealismo y rigor marcial a la habitual camaradería pandillera. Los Latin Kings cuentan con jerarquías y un sistema de reglas; su cultura es una mezcla informe de todo “lo latino”. En la cima de la pirámide jerárquica está el inca, el cabecilla de la pandilla. El siguiente en la lista es su lugarteniente, el cacique supremo. Un nivel por debajo se sitúa el corona real. Por debajo de estos niveles son todos soldados que deben ganarse los galones mediante una lealtad a prueba de todo hacia sus superiores jerárquicos.    

    Las mujeres (autodenominadas “Latin Queens”) se han ganado su puesto entre los Latin Kings por sí mismas y no por ser las novias de alguno de sus miembros. Pueden superar en rango a los hombres y generalmente son atractivas, inteligentes, visten bien, no beben, son muy respetadas y no tienen problema en agarrarse a trompadas con un varón o en apretar el gatillo contra algún pandillero rival.

     Trinitarios. El lema de la organización es “Dios, Patria y Libertad”, que es el lema nacional de la República Dominicana, de donde son originarios los integrantes que emigraron a EEUU y fundaron esta banda a finales de los ’80 en New York, desde donde se han extendido a muchos países. Se dedican principalmente al menudeo de drogas y al tráfico de armas, y suelen estar involucrados en robos y altercados violentos.

    La jerarquía de la organización y sus signos distintivos son muy característicos: atuendos con pañuelos verdes y el número 7. También cuentan con algo así como “mandamientos” que deben seguir todos los miembros de la organización. Los ritos de iniciación incluyen diversos delitos y acciones violentas, como los homicidios, los robos con violencia, etc. Una vez que un miembro entra en la organización y hace el juramento correspondiente y tiene la obligación de estar unido a “sus hermanos” hasta la muerte. Además tienen un fuerte arraigo religioso y unos valores de familia muy consolidados dentro de la banda. Se busca que los miembros sientan que el grupo es su única familia (hablan entre ellos de “hermandad”) y es tan difícil salirse de esta organización que hasta se consideran una secta.

  Actualmente son una organización que trata de pasar lo más desapercibida posible, sin hacer tanta ostentación exterior de símbolos. Sin embargo, sus acciones son cada vez más peligrosas y crean temor en los numerosos territorios y barrios donde están presentes.

     Comando Vermelho (CV) es el grupo criminal más antiguo de Brasil. Esta organización se originó en 1969 por la unión entre delincuentes comunes y militantes izquierdistas recluidos en las mismas cárceles durante la dictadura militar en el Brasil de esa época. Con el tiempo, el grupo se extendió fuera de las cárceles y a partir de ahí comenzaron a cometer toda clase de delitos con el fin de recaudar dinero para los miembros que seguían presos; otra misión de los que habían recuperado la libertad era reclutar nuevos integrantes. La organización empezó a tomar una envergadura tal que se expandió hacia otras cárceles del país y durante los ’80 fueron vistos con buenos ojos por Carteles colombianos en pleno auge del comercio de la cocaína.

    El CV no tiene una estructura jerárquica fija; opera de manera descentralizada, con varios líderes y miembros distribuidos en diferentes regiones, especialmente en favelas y en el sistema penitenciario. El CV interviene en variadas actividades delictivas, resaltándose el tráfico de drogas, el secuestro y la extorsión, y poseen un plantel de sicarios numerosos a la orden para lo que sea. Son frecuentes sus enfrentamientos con la policía y con otros grupos criminales en el ámbito de las favelas.

    Esta organización criminal ha desplazado a las mafias locales de la triple frontera amazónica y ha llegado hasta Perú, donde controla buena parte del comerc io de droga, y también tiene ramas en Paraguay y en Bolivia; al principio se dedicaban a delitos menores pero con el tiempo fueron incursionando también en asaltos, secuestros y tráfico de drogas.

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