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viernes, octubre 7, 2022

El fin de Johan de Witt: la barbarie sin límites

     Guillermo el Taciturno (Guillermo I, “el Padre de la Patria”), príncipe de Orange (un pequeño territorio del sur de Francia) dio origen a una nueva rama de la Casa de Nassau: la Casa de Orange-Nassau. Luego de instalarse en unos territorios heredados en los Países Bajos, se rebeló al dominio español de los Habsburgo. Esa rebelión dio lugar a la Guerra de los Ochenta Años (1568-1648), durante la cual, en 1579, en el acuerdo llamado “la Unión de Utrecht” nacieron las “Provincias Unidas” (o “República de los Siete Países Bajos Unidos”), un Estado republicano formado por las siete provincias del norte de los Países Bajos: Frisia, Groninga, Güeldres, Overijssel, Utrecht, Zelanda y Holanda (esta última, la más importante). Guillermo fue asesinado en 1583 por orden de Felipe II de España, que había puesto precio a su cabeza.

     Muchos años después, en 1653, Johan de Witt, una figura clave en la política holandesa, se convirtió en primer ministro o “gran pensionario” de la República Holandesa. El “gran pensionario” era el funcionario más importante de Holanda, que era la provincia dominante entre las Provincias Unidas. Siendo el gobernante de mayor rango en Holanda, sólo tenía por encima al “estatúder” (“stadhouder”, en neerlandés): el príncipe de Orange. Pero en la práctica, cuando no había estatúder (un cargo político de los Países Bajos que podían ostentar sólo los nobles que representaban a las provincias neerlandesas), el gran pensionario era el líder político de las Provincias Unidas.

    Johan de Witt gobernó durante lo que los historiadores llamaron la “Edad de Oro holandesa” (que abarca entre fines del siglo XVI y casi todo el siglo XVII). Fue el período en el que los Países Bajos se transformaron en una potencia de Europa, en el que florecieron el comercio, la ciencia y la cultura neerlandesas; en ese período, de Witt fue reelegido tres veces.

     Johan de Witt nació en septiembre de 1625 en el seno de una familia ilustre; su padre era el respetadísimo alcalde de su ciudad natal, Dordrecht (una ciudad del sur de la provincia de Holanda). Johan tenía una gran inteligencia y, de acuerdo a su antecedente familiar y su gran capacidad, se esperaban de él grandes cosas. Estudió matemáticas y escribió textos de geometría analítica y de álgebra; estudió en la Universidad de Leiden y se doctoró en derecho en la Universidad de Angers, ejerciendo la abogacía en La Haya.

     Siguiendo los pasos de su padre, se opuso firmemente a la Casa de Orange-Nassau, la dinastía principesca aristocrática. Junto a la clase mercantil republicana, de quien recibía el mayor respaldo, se sumó al conflicto político ancestral y permanente contra los monárquicos de Orange-Nassau.

     Cuando de Witt asumió el poder en 1653, las Provincias Unidas estaban en guerra con Inglaterra y Francia; era una época tumultuosa para el Estado predecesor de los Países Bajos. Pero Amsterdam era uno de los ejes del comercio mundial y las rutas comerciales asiáticas estaban controladas por la Compañía Holandesa de las Indias Orientales, lo que convertía a la República Holandesa en una de las potencias más influyentes de Europa.

Johan de Witt (1625-1675)

     De Witt usó sus habilidades políticas para entablar negociaciones con sus adversarios y logró acordar la paz con Inglaterra, firmando el Tratado de Westminster en 1654. Guillermo II de Orange-Nassau (nieto de Guillermo I el Taciturno) había fallecido en 1650 y su hijo póstumo Guillermo III tenía apenas tres años de edad, por lo cual no había estatúder. Debido a eso, Johan de Witt acaparó todo el poder, el cual utilizó para fomentar su republicanismo, lo que sería la base de su acción política,

     En el Tratado de Westminster se incluyó, con la ayuda (e insistencia) de Oliver Cromwell, el líder republicano inglés, un “anexo secreto”, que prohibía que Guillermo III de Orange (el hijo de Guillermo II) pudiera ser nombrado estatúder. Eso también beneficiaba al británico, quien consideraba que los Orange-Nassau eran contrarios a sus planes y potenciales enemigos; Cromwell sostenía que un pariente del ejecutado Carlos I de Inglaterra gobernando Holanda  (y Guillermo III de Orange lo era) contrariaba los intereses de Inglaterra.

   En concordancia con Cromwell, de Witt hizo todo lo posible para prevenir que cualquier miembro de la Casa de Orange-Nassau llegara al poder, incluso tratando de convencer a las provincias de que abolieran completamente el “estatuderato”, reforzando y apoyando permanentemente durante su gobierno los conceptos del republicanismo y oponiéndose vehementemente a la monarquía de Orange.

     La capacidad de de Witt para el manejo de la economía llevó a las Provincias Unidas a convertirse en una de las más poderosas potencias mercantiles de a época, y las cosas marcharon bien por un tiempo.

   Pero nada dura para siempre, y cuando años después el “Acta de Reclusión” (así se llamaba el mencionado anexo oculto del Tratado) se filtró y dejó de ser secreto, a de Witt se le empezaron a complicar las cosas. Pudo sobrellevar su gobierno, aunque ya rodeado de fieras (Orange) al acecho. Guillermo III llevaba ya años intentando recuperar el puesto de estatúder con ayuda de la corriente que en torno a él se había despertado: los orangistas. El puesto de estatúder le pertenecía por nacimiento, pero estaba proscripto por el dichoso anexo del Tratado. La oposición a los Orange (y la oposición “de” los Orange) terminaría siendo significativa en la caída del gobierno de de Witt.

    En definitiva, aquel tratado de paz con los ingleses de Cromwell (que falleció en 1658) no se cumplió al pie de la letra y no duró tanto (como casi todos los tratados). Así es como en 1672, las Provincias Unidas se encuentran (otra vez) en mitad de una guerra con Inglaterra, que esta vez es apoyada por la potente armada francesa. Johan de Witt ha demostrado que su inteligencia y habilidad no se centraba sólo en la economía y ha cosechado importantes victorias comandadas por su amigo el almirante Michiel de Ruyter, defendiendo exitosamente la costa y con algunos éxitos en combates marítimos. De Witt se muestra dispuesto a las negociaciones con Inglaterra y Francia, siempre encaminadas a favorecer su republicanismo. Pero poco a poco y sostenidamente comienza a crecer el descontento y la discrepancia, alentada por los orangistas, que consideran que la guerra es inevitable, que hay que prepararse para la guerra y que es Guillermo III quien debe ser el líder en ese conflicto bélico.

     Inglaterra (otra vez) y Francia, los dos principales enemigos de los Países Bajos, invadieron fácilmente el territorio neerlandés, que no tenía un ejército terrestre suficientemente capacitado para defender sus dominios. Como consecuencia de eso los holandeses sufren muchas bajas, y de Witt es culpado por eso; lo acusan de que, por centrar su gestión en los intereses marítimos, ha descuidado la formación de un ejército terrestre competente. Este fracaso lleva a los ciudadanos comunes a cuestionar el liderazgo y la capacidad de gobierno de Johan de Witt, que ya llevaba gobernando casi veinte años.

     ¿Y quién aprovechó el mal momento de de Witt? No podía ser otro que Guillermo III (Guillermo de Orange), como era de esperar. El pueblo holandés pidió que Guillermo de Orange tomara el poder; lo veían como un líder más fuerte y más capaz de defender a los holandeses de sus enemigos. La influencia orangista ganaba fuerza día a día y, como para calentar más el ambiente, Guillermo III hizo que Cornelius de Witt, hermano de Johan, fuera juzgado por traición (no hace falta aclarar que las pruebas fueron fraguadas). Encontrado culpable, por supuesto, fue sometido a torturas y encarcelado. El clima político se tornó insostenible para Johan de Witt, que fue presionado en tal forma que finalmente dimitió, aunque más cercano a la realidad sería decir que los orangistas lo sacaron a patadas del gobierno.

     El 20 de agosto de 1672 Johan fue a visitar a su hermano Cornelius, que estaba en la prisión de Gevangenpoort en La Haya (una versión dice que fue a buscarlo ya que su condena había sido conmutada), sin saber que se dirigía hacia una trampa mortal. En las cercanías de la prisión, una turba de linchamiento organizada esperaba su llegada. Por una de las calles cercanas a la prisión aparece un grupo de hombres, brazo criminal de la conspiración orangista, perfectamente organizados para llevar a cabo un crimen atroz.

     La masa desaforada irrumpe en prisión, ataca a los hermanos y los arroja a la calle. Ya en las calles colindantes, el que lleva la voz cantante saca de entre sus ropas una pistola (“pistola de llave de chispa”) y dispara al cuello de Johan, que cae y comienza a sangrar profusamente. Cornelius es sujetado por dos hombres cuando se disponía a atender a su hermano, mientras un tercero lo apuñala con fuerza en el abdomen una y otra vez.

     La horda de criminales se enardece aún más. Johan agoniza en el suelo mientras varios hombres se ensañan a patadas con su cuerpo inmóvil. Cornelius es arrojado al piso, llevándose las manos a su abdomen tratando de contener sus propias vísceras, mientras ambos reciben todo tipo de patadas y golpes con palos y objetos contundentes. Más personas se acercan corriendo desde todos lados dispuestas a unirse al linchamiento.

     La multitud se encarga de desnudar por completo a las víctimas; usando enormes cuchillos, comienzan a cortar los dedos de las manos de Johan, que aún no está muerto. Trasladan los cuerpos arrastrándolos por el suelo; mientras Johan se desangra, las tripas de Cornelius dejan un reguero por el camino.

   Los llevan hasta el patíbulo público de la ciudad, donde los cuelgan de los pies, una de las formas de castigo y ejecución más humillantes. Allí, la turba enloquecida sigue apaleando, hiriendo y acuchillando a los hermanos.

     Pero la cosa no termina ahí. Uno de los asesinos se encarga de abrir en canal ambos cuerpos, sacando sus corazones. Descuartizan sus cuerpos, arrancan su carne y se los reparten morbosamente. En medio de gritos ensordecedores, algunos de los más perturbados de esta horda de animales de rapiña se llevan a la boca algunas de las partes mutiladas de los cuerpos, y otros se llevan las partes de los cuerpos desmembrados de los hermanos de Witt por la ciudad.

Los cuerpos de los hermanos De Witt, por Jan de Baen.

     Los relatos difieren, pero aparentemente las extremidades y la ropa fueron vendidas a los ciudadanos en subastas callejeras, mientras que las piezas del tronco se exhibieron en los bares.

     Y la gente los compró.

     Y en la mayoría de los casos, se los comió.

   Canibalismo urbano, la degradación humana en su máxima expresión; una atrocidad perpetrada que cargaría de vergüenza a varias generaciones. 

   Algunas de las partes de los cuerpos de Johan y Cornelius aún sobreviven hoy y se conservan en el Museo Histórico de La Haya, donde se encuentran también las puertas de la prisión de donde fueron arrancados los hermanos por la multitud enloquecida.

    La veracidad de este, uno de los asesinatos más brutales de una figura política en la historia europea, ha sido cuestionada (aunque tímidamente) por parte de los orangistas, como era de esperar. Simultáneamente, los partidarios de de Witt conservan como morbosa reliquia un dedo y la lengua de Johan en una caja, junto con dibujos de la época que reflejan el asesinato de los hermanos.

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