Joaquín V. González, el nacionalizador

Joaquín Víctor González, mejor conocido como Joaquín V. González, nació en Nonogasta, La Rioja, el 6 de marzo de 1863. Fue profesor, jurista, político, escritor, perteneció a la masonería; y fue un hombre clave en la transición entre el dominio roquista y las nuevas vertientes socio-políticas de principios del siglo XX.

En una época convulsionada por los levantamientos de las llamadas montoneras federales lideradas por el “Chacho” Peñaloza en su provincia, contra los enviados al interior por parte del flamante presidente Bartolomé Mitre, González veía poco a su padre, y hasta tuvo que mudarse momentáneamente a la entonces villa La Argentina, un lugar cercano a Chilecito.

Muerto el Chacho por la lanza de Irrazábal que tristemente pasó a la historia, y tras ser vencidas las resistencias en esa zona, Joaquín pudo dedicarse con mayor tranquilidad a los libros, una de sus vocaciones que los padres le habían descubierto desde pequeño.

Al notar esto, Joaquín fue el elegido por sus padres para continuar los estudios en Córdoba, que en esa época, era la Meca cultural para los norteños, tal como expresa la historiadora y profesora Ana Clarisa Agüero. Comienza así en el Colegio Monserrat de la capital cordobesa, con un plan de estudios renovado por el entonces presidente Nicolás Avellaneda, quien, como González, había pasado por las aulas, tanto del colegio que hacía las veces de secundario como en la universidad (hoy Universidad Nacional de Córdoba). A diferencia de Avellaneda, el riojano estudió jurisprudencia toda su carrera y se recibió de doctor en La Docta, en abril de 1886.

En su tesis ya se veía la influencia cada vez mayor del grupo estudiantil, con el que compartía varios de sus días, en un clima convulsionado-sobre todo-, por el conflicto de los primeros gobiernos roquistas entre Iglesia y Estado. Muchos de ellos eran seguidores del concuñado de Roca, Miguel Juárez Celman, quien venía de ser ministro de gobierno de Del Viso, luego gobernador (1880-1883), y posteriormente, senador nacional; antes de llegar a la presidencia. Con este grupo compartió tanto la sociedad literaria “Deán Funes”, como la Logia Piedad y Unión, a la que ingresó a los 18 años, anticipándose a la edad estipulada, dadas sus condiciones intelectuales.

Llegada a Buenos Aires y gobernación en La Rioja

A poco de recibirse, González fue electo diputado nacional por su provincia natal. Otra vez, pese a no contar todavía con la edad estipulada por la Constitución, le permitieron ejercer y fue su primer contacto con la pujante capital del país. Sin embargo, he aquí un aspecto clave (sobre todo en esa época): sus vínculos familiares con el poder local-regional. Su padre era comandante de milicias de tendencia unitaria o, más tarde, se podría decir mitrista. Su madre, Zoraida Dávila, era descendiente de una familia tradicional riojana, y más precisamente, de Nonogasta. Es que Nicolás había sido militar de la independencia y segundo gobernador de la provincia desde que era autónoma.

Por otro lado, cuando había sido reelecto y ejercía como diputado, dejó Buenos Aires y volvió a su provincia para ser gobernador. Había formado parte de la redacción del proyecto de Constitución de La Rioja, y estuvo en el cargo más importante de su provincia natal entre 1889 y 1891. Sorpresivamente, renunció para dedicarse a la escritura y al periodismo.

En este rubro, tampoco era nuevo: ya se había desempeñado en el diario La Prensa de Buenos Aires, y por entonces, publicó un libro que revolucionó la literatura argentina, editado por primera vez en 1888: La tradición nacional. A pesar de la gran labor de González, fue criticado por el mismísimo Bartolomé Mitre por incluir la cuestión indígena, previa a la conquista.

Ya habíamos mencionado sus vínculos familiares con el poder riojano, pero si agregamos su prematura pertenencia a la masonería, y que en 1889 se casó con Amalia Luna Olmos, sumó más contactos importantes. El suegro de González había sido ministro de gobierno en La Rioja, mientras que la familia materna de Amalia no fue otra que una tradicional instalada en Córdoba, en los que algunos de sus miembros llegarían a ocupar puestos importantes y alcanzar fortunas (como Ambrosio, comerciante y terrateniente, gobernador cordobés entre 1886 y 1888). Tuvieron 10 hijos, el más recordado fue Julio Víctor, activista de la reforma universitaria de 1918 y futuro dirigente del Partido Socialista.

Vuelta a la capital y política nacional

Luego de esa experiencia, escribe Mis Montañas, una alegoría a su vida en el árido terreno riojano, pero a su vez contrastaba con una Buenos Aires que había dejado de ser la “Gran Aldea”, como decía Lucio Vicente López al promediar la década de 1880. Más tarde, fue electo nuevamente diputado nacional por La Rioja, pero en 1901 renunció a la banca tras ser llamado por Julio Argentino Roca para ser ministro del interior.  Al ser un hombre de confianza para el presidente, también estuvo al frente, aunque de manera interina, de la cartera de Justicia e Instrucción Pública (educación), y de Relaciones Exteriores y Culto.

Como ministro del segundo gobierno roquista, presentó un proyecto de reforma electoral por circunscripción, descentralizando las elecciones. El mismo se convirtió en ley y posibilitó, entre otras cosas, que el Partido Socialista tuviera su primer diputado: Alfredo Palacios. Esta ley es considerada como precursora de la famosa Ley Sáenz Peña, y aunque González desconfiaba del sufragio universal, era lo suficientemente inteligente para entender la necesidad de un cambio socio-político y la posibilidad de que otros partidos pudieran tener representación. Este cambio electoral no logró persistir en el tiempo, pero claramente sentó un precedente importante.

Si bien fue más un roquista, la frase de Mitre “es preferible la peor de las elecciones a la mejor de las revoluciones” aplicaba para el pensamiento de González, expresado-sobre todo-, en El juicio del Siglo, el brillante ensayo del primer centenario, siempre partiendo de la antigua idea de la Revolución de Mayo como inicio de lo nacional. González sostenía además que la libertad tenía que estar acompañada de un orden para lograr el respeto hacia las autoridades, y evitar rebeliones o sediciones que distaban en ser revoluciones porque no se trataban de una causa común y justa, sino de intereses mezquinos que impedían el progreso.

Pero su labor en el gobierno roquista no terminó ahí: junto al médico catalán Juan Bialet Massé, le fue encargado un relevamiento sobre la situación de los trabajadores en todo el país. Ayudado por el llamado “Informe sobre el estado de las clases obreras en el interior de la República Argentina”, mejor conocido como informe Bialet Massé, González presentó un proyecto de Ley Nacional de Trabajo, en los últimos meses del segundo gobierno roquista.

Así, se presentó un proyecto innovador que sensibilizaba mucho más a esas personas en lo que respecta a los tratos recibidos por sus patrones o jefes, ya sea desde el punto de vista económico como-sobre todo-, socio-familiar. Al año siguiente, a pesar de que solo pudo aplicarse en la  Capital Federal (hoy Ciudad Autónoma de Buenos Aires), Palacios consiguió que por primera vez se aprobara la ley de descanso dominical.

El 12 de octubre de 1904 asumió Manuel Quintana como presidente, y este último, lo designó como ministro de Justicia e Instrucción Pública. Desde este puesto, y ya con más experiencia que durante su etapa anterior, González creó el Seminario Pedagógico, que terminó siendo la fundación del Instituto Nacional del Profesorado Secundario de Buenos Aires, hoy llamado Joaquín V. González. Para ello, trajo a mayoría de profesores extranjeros, especialmente alemanes. Una de las posibilidades es que González haya estado influido por el krausismo, que además había tenido un auge previo en España, que comparte la misma lengua.

Dentro de su actividad como ministro, la acción más importante fue la nacionalización de la Universidad de La Plata, en 1905. Esta institución de educación superior había sido creada por Rafael Hernández, hermano del autor del Martín Fierro, a fines del siglo XIX. A través de un convenio con la provincia de Buenos Aires, de quien dependía hasta ese momento, González fundó así lo que hasta hoy es la Universidad Nacional de La Plata (UNLP). Además de modernizar su plan de estudio, dándole a lo que entendía por ciencias naturales un especial énfasis, junto a la filosofía y otras disciplinas, González sería el primer Presidente de la UNLP, cargo equivalente a la de un rector, quien se mantuvo desde 1906 hasta 1918, año de la conocida reforma universitaria.

Estatua de Joaquín V. González en la sede central de la Universidad Nacional de La Plata.

En marzo de 1906 muere Quintana y lo sucede el vicepresidente, José Figueroa Alcorta, cordobés con el que González se conocía de la época de estudiante. En septiembre de ese mismo año vuelve a ser ministro del interior, esta vez por un corto lapso de tiempo. En 1907 fue elegido por primera vez, senador nacional (siempre por La Rioja), cargo en que se mantendría hasta el final de sus días, en diciembre de 1923.

De la Ley Sáenz Peña en adelante

Descontento con la estructura del Partido Autonomista Nacional (PAN), que ya había evidenciado fracturas internas en todo el siglo XX, primero con la presidencia de Figueroa Alcorta, y luego con la de Roque Sáenz Peña, es que González creó, junto con el gran promotor, Lisandro de la Torre; Ramón J. Cárcano, Ezequiel Ramos Mejía, entre otros, el Partido Demócrata Progresista en 1914. Sin embargo, el radicalismo fue invencible y finalmente, Hipólito Yrigoyen asumió en octubre de 1916.

Continuó dando clases en la Universidad Nacional de La Plata, especialmente las materias ligadas al derecho constitucional e institucional. Claro está que este personaje multifacético se destacó y dejó su marca, tanto en el área educativa como en lo referido a la jurisprudencia. Además de realizar la mencionada Constitución de su provincia en 1887, había sido convencional constituyente por Córdoba, en lo que fue la reforma de la Constitución Nacional en 1898, cuando entre otras cuestiones, los ministerios nacionales pasaron de ser cinco a ser ocho en total.

También enseñó historia a su manera, admirando a Mitre y a Vicente Fidel López, pero no por eso distanciándose de ellos si lo creía necesario. Además, González fue miembro académico corresponsal de la Real Academia Española (RAE), presidente de la biblioteca masónica en Argentina (actualmente lleva su nombre), y hasta miembro de la Corte Internacional de La Haya en 1921, mucho antes de que se fundara la ONU.

Joaquín V. González falleció el 21 de diciembre de 1923, sin poder conseguir su anhelo de volver a su antigua casaquinta llamada Samay Huasi (hoy museo), de su querido Chilecito. Sin embargo, la historia, una disciplina en la que, como expresé recién, se interesó; aunque reconocía que él no era historiador ni pretendía serlo, lo homenajeó de distinta manera: la calle 1, una de las más importantes en La Plata, lleva su nombre. Una localidad en la provincia de Salta, una calle en la ciudad de Buenos Aires, una muy importante en La Rioja, además de un barrio de la capital de esa provincia, y una calle en Quilmes, en el sudeste del Gran Buenos Aires. En el ámbito educativo, se puede nombrar un profesorado en Rafaela, Santa Fe.

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