Las curiosidades de la Cruz Roja

Jean-Henri Dunant (1828-1910) era un hombre de negocios oriundo de Ginebra criado en una familia calvinista. De sus padres aprendió el valor del trabajo social y solidario. Desde muy joven se dedicó a la asistencia de huérfanos, personas carenciadas y, especialmente, a la rehabilitación de presidiarios. Era un convencido que las prisiones debían asistir a la reinserción social de los convictos y no solamente a la sanción.

Jean Henry no fue  un buen estudiante, razón por la cual entró a trabajar en un banco donde rápidamente se ganó la confianza de sus dueños. Estos le encomendaron la dirección de trabajos en el exterior. Así fue como llegó a Túnez y Argelia donde trabó distintos vínculos comerciales con el gobierno de Napoleón III para administrar tierras en esa colonia. En 1859, a fin de  entrevistarse con el emperador de los franceses debió viajar al norte de Italia donde se desarrollaba el enfrentamiento entre Napoleón III y su aliado Victorio Emmanuele contra el imperio austrohúngaro.

Los ejércitos se enfrentaron en Solferino y fue la batalla más grande librada desde los tiempos de Napoleón I. Más de 300.000 soldados se batieron bajo la conducción de sus mandatarios. Ese 24 de junio tanto Napoelón III, como Victorio Emmanuele  y Franz Josephs se encontraban al  frente de sus respectivos ejércitos.

Dunant fue testigo de esta verdadera masacre. Al concluir el día, 40.000 heridos y moribundos yacían sobre el campo de batalla sin ninguna asistencia. Fue entonces que el suizo organizó entre los lugareños la atención de los heridos sin hacer distinción de bando ni nacionalidad, bajo el lema “Tutti Fratelli”. También gestionó ante los franceses la liberación de los médicos austriacos a fin de que asistieran a los caídos en acción.

Henry Dunant

Horrorizado por lo que había presenciado, publicó sus memorias de ese día, texto que distribuyó entre los dirigentes de Europa. En este libro instaba a garantizar la protección de todos aquellos que cuidasen la salud de los combatientes y las víctimas de desastres naturales, inundaciones y catástrofes etc., etc., etc. Su esfuerzo dio lugar a la conformación del primer comité de la Cruz Roja del que Dunant fue miembro fundador junto a otros cuatro connacionales. También promovió la defensa de los derechos humanitarios de los combatientes que culminó con los artículos de la  Convención de Ginebra.

El final de la vida de este hombre que dio origen a una de las organizaciones humanitarias más respetadas del mundo, no fue tan brillante. En 1867 su empresa, Crédit du Genevois, quebró. Este descredito lo llevó a renunciar de los comités internacionales que había creado y fue expulsado de la YMCA de Ginebra que también había asistido a fundar.

Henri Dunant

Aunque Dunant había invitado a Gustave Moynier (1826-1910) a formar parte del primer comité de la Cruz Roja, surgieron entre ellos una serie de desinteligencias que degeneraron en un  enfrentamiento con ribetes personales. Esta rivalidad se manifestó en una actitud hostil de Moynier hacia Dunant cuando tuvo el ya mencionado tropiezo económico, a punto tal de impedirle poner en orden sus negocios. A pesar del ofrecimiento de  apoyo económico de amigos y autoridades de todo el mundo, Moynier se encargó de bloquear todo intento de asistencia a Dunant, aislándolo como a un paria.

Gustave Moynier

Este fracaso empresarial le impidió continuar con su tren de vida y paso el resto de sus días llevando una humilde existencia con los pocos medios que le quedaban. Sin embargo, a Henry Dunant le fue concedido el primer Premio Nobel de la Paz, reconocimiento que Moynier no obtuvo a pesar de ser la personas que por más años condujo los destinos de la Cruz Roja y haber sido nominado al Nobel en 4 oportunidades. Ambos, Dunant y Moynier, murieron en el año 1910 con unos meses de diferencia y sin haberse reconciliado…¿Tan difícil es para los humanos ponerse de acuerdo aunque más no fuera para ayudar a sus congéneres?

El 8 de agosto de 1864, con el apoyo del gobierno suizo, se convocó a 24 representantes de 16 países europeos y un observador de los Estados Unidos a firmar el primer Convenio de Ginebra. Solo 12 estamparon su rúbrica. En 1876, el imperio otomano insistió en tener su propio estandarte con la media luna roja para diferenciarse de la cruz cristiana.

En realidad no era la primera vez que flameaba una cruz roja sobre un campo de batalla, San Camilo de Lelis ya usaba una en el año 1591 upara asistir a los caídos en combate.

San Camilo de Lelis

Hoy en día esta organización está conformada por 192 sociedades internacionales, ,cuya sede central sigue estando en Ginebra. Tiene 300.000 empleados y mueve  3600 millones de dólares obtenidos por donaciones. Cuenta con casi 12 millones de voluntarios en el mundo.

La Argentina participa de la Cruz Roja desde el 10 de junio de 1880 (durante el gobierno de Nicolas Avellaneda), sus miembros fundadores fueron Guillermo Rawson (1821-1890), el primer sanitarista argentino y Toribio Ayerza (1815-1884), médico español, reconocido por ser el primero en realizar una traqueotomía en una época donde la difería condenaba cientos de niños afectados a morir asfixiados (la enfermedad que lleva su nombre se debe a su hijo Abel quien describiera el cuadro de hipertensión pulmonar idiopática). La  primera intervención de la Cruz Roja Argentina fue durante la epidemia de cólera del 1886. En 1920 se creó la primera escuela de enfermería y desde 1934 da cursos de formación de salvavidas.

Monumento a Henri Dunant en Heiden, Suiza

Si bien nadie duda del espíritu humanitario de la Cruz Roja, a lo largo de los años se ha visto envuelto en distintas situaciones controvertidas, como la acontecida durante la guerra civil española (1936-39) cuando el bando franquista la acusó de falta de neutralidad.

Durante la Segunda Guerra Mundial, el presidente de la Cruz Roja alemana, Karl Gebhardt (1897-1948) fue también director médico de la SS en Auschwitz y Ravensbrück –dos de los campos de concentración más tenebrosos del régimen nazi–. Con su consentimiento, vehículos con el emblema de la Cruz Roja escoltaban a sus víctimas a los crematorios de Birkenau. Gebhardt fue condenado a muerte durante los juicios a los doctores de Núremberg.

Cuando Ingrid Betancourt fue secuestrada por la Farc y se la rescató en el marco de la Operación Jaque, tres mercenarios norteamericanos, cuatro policías y siete militares colombianos  usaron el emblema de la Cruz Roja según el testimonio de la CNN. El comité internacional desligó toda responsabilidad e instó a que su emblema fuese respetado como lo que es y ha sido, un símbolo humanitario y de respeto a las personas, cualquiera sea su origen o creencia porque, no hay nada más fuerte en el mundo que el corazón de alguien que asiste al prójimo desinteresadamente.

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