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sábado, diciembre 3, 2022

Tíbet: del inicio al lamaísmo

     Los humanos habitan la meseta del Tíbet desde hace unos 20.000 años, y hacia el año 3.000 a.C. llegaron a la región inmigrantes desde el norte de China. Los primeros textos históricos tibetanos muestran al pueblo Zhangzhung (o Zhang Zhung) como el primer pueblo que llegó desde la región de Amdo (hoy noreste del Tibet). La cultura Zhangzhung es considerada el origen de la religión Bön (basada en el animismo y el chamanismo), la primera religión del Tibet.

     En el siglo I d.C. apareció un vecino, el reino de Yarlung. Y como era de esperar, empezaron a pelearse. El rey de Yarlung expulsó a los sacerdotes Bön, pero al tiempo fue asesinado y los Zhagzhung siguieron al mando en la región. Estas referencias entran dentro del ámbito de la leyenda y están relatadas en crónicas chinas y en la mitología hindú de los Vedas, en las que se relatan continuas luchas entre los han y los chiang (tibetanos nómadas).

     Las primeras crónicas históricas son de comienzos del siglo V. Songtsen Gampo fue el fundador y primer emperador del Imperio tibetano; a él se le atribuye la unificación de los pueblos tibetanos dispersos, la creación de la escritura tibetana y del idioma tibetano clásico, así que es como que las cosas que pasan en el Tibet comienzan con él. La fecha de su nacimiento no es exacta, se estima en la primera década del siglo V; las crónicas chinas la ubican un año antes de la fundación de la dinastía Tang, en 618. Para entonces, los nómadas chiang fueron desplazados del Tibet por los tu-fan (o pugyäl), bajo el mando del mencionado Songtsen Gampo, y se mantuvieron como el pueblo dominante de la región durante tres siglos. Los tu-fan dominaron, además del Tibet, las regiones de Kansu, Turkestán y el norte de India. Tradicionalmente también se le atribuye a Songtsen Gampo la introducción del budismo en Tibet, por influencia de Bhrikuti, su esposa nepalí. Construyó su castillo-palacio en Lhasa, dirigió una expedición a Tshalukia, un reino indio que dominaba el golfo de Bengala, tomó ese reino y el de Benarés e hizo un tratado de paz con los nepaleses. Sobre los cimientos de ese palacio se levanta el actual palacio de Potala, erigido en el siglo XVII.

    Los reyes tu-fan gobernaron Tibet con la ayuda de la jerarquía sacerdotal que estaba establecida en Lhasa, y durante los reinados de Sa-na-lek y su sucesor Räl-pa-cen, hacia fines del siglo IX, el Tibet alcanzó su máxima expansión territorial. Incluso a comienzos de ese siglo (concretamente en el año 821) Tibet firmó un tratado con China que estabilizó sus relaciones durante un largo período; por entonces, el poder tibetano alcanzó tal importancia que lograron imponer en el trono imperial chino a un soberano de su agrado.

     Mientras tanto, también durante los siglos VIII y IX, las luchas entre los partidarios de la religión tradicional tibetana (Bön) y los partidarios del budismo ocuparon un lugar principal en la vida del Tibet, y esto fue la causa principal del proceso de desintegración del reinado de los tu-fan. Habiendo sido derrotados por los partidarios del culto Bön, comienza un período de decadencia política y ostracismo de los budistas, que derivó en el hecho de que el centro político se trasladó hacia el oeste del Tibet, donde comenzaron a restaurarse las doctrinas del budismo.

     Para el siglo VIII d.C. el budismo ya se había propagado hacia Nepal y Tibet, pero se afirmó definitivamente allí en el siglo XI, cuando los gobernantes lo adoptaron oficialmente. La versión budista en esa región adoptaba muchos rituales religiosos hindúes; esta rama del budismo, el budismo tibetano, es la vajrayana (“camino del diamante”), que asimiló elementos del Bön y se dividió en distintas escuelas, cada una bajo el manto de un gran lama y su monasterio. De hecho, los grandes lamas fueron reconocidos como bodhisattvas reencarnados y eso incrementó su autoridad.

     A partir de entonces las sectas budistas desempeñaron un papel dominante en la vida religiosa y espiritual del Tibet. De hecho, durante los siglos XII y XIII el Tibet se convirtió en un “Estado sacerdotal”, en el que se instituyó una monarquía de tipo religioso. En 1244, Sa-ka Pandita fue el primer rey-lama; durante su reinado, el Tibet estableció relaciones con los mongoles, que abrazaron el budismo y a quienes los tibetanos les proporcionaron su primer sistema de escritura. En esta época, los monasterios compitieron por el poder político.

    En el siglo XIV comenzaron los disensos entre las distintas sectas budistas. Desde su llegada al Tibet el budismo se extendió rápidamente, y a partir del siglo XII la aparición de sectas locales se multiplicó debido a la ruptura del intercambio espiritual con el budismo indio, perseguido por los invasores musulmanes. Hasta el siglo XIV predominó la de los “nying-ma-pä” (“gorros rojos”), pero los conflictos al final se resolvieron con el triunfo de la secta de los “ge-luk-pä’ (“gorros amarillos”), lo que consagró al Tibet definitivamente como un Estado teocrático y monástico.

     En el siglo XVI, el tercer rey sacerdote Sö-nam Gya-tso obtuvo del caudillo mongol Altan Khan (convertido a los amarillos) el título de “dalai lama” (que significa “océano de la sabiduría” –“gya-so” en tibetano–). En el siglo XVII, durante el reinado del quinto dalai lama (Lob-sang), el emperador de China, Shun-zhi, reconoció al Tibet como un Estado sacerdotal. Así, el poder pasó al gran lama del orden “ge-luk-pa” (“gorros amarillos”), conocido como el Dalai Lama. Tibet pasó de ser una teocracia a ser una “budocracia”, y el Tibet se convertiría en un protectorado gobernado por un dalai lama.

     Durante la primera mitad del siglo XVIII ya se insinuaban los primeros enfrentamientos con China, y la cosa siguió así hasta que las tropas de la China comunista invadieron su territorio en 1950. Tenzin Gyatso (nacido Lhamo Dondrub, actual Dalai Lama y reconocido como la catorceava reencarnación del primer Dalai Lama), considerando que la única forma de liberar a su país de la opresión era que su palabra y su actividad no fueran acalladas, cruzó el Himalaya a pie junto con 80.000 tibetanos y se exilió en la India. Tenzin Gyatso fue declarado jefe de gobierno en el exilio en noviembre de 1959, y reside desde entonces en Dharamsala, en el norte de la India. Pero eso es otra historia.

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