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sábado, diciembre 3, 2022

CON OJOS DE LIBERTAD: La muerte de José Rizal

Los héroes de la Historia suelen ser militares, los conquistadores, los libertadores, los defensores. Le siguen los estadistas que en la mayoría de los casos eran –mal que nos pese– abogados o economistas (que empiezan como tales a fines del siglo XIX ya que antes cualquier emprendedor podía regir el destino económico de un país)

Le siguen los médicos que siempre son recordados como científicos y pocas veces como estadistas, Clemenceau –el hombre que dirigió los destinos de Francia en la Primera Guerra era médico–.

Hoy les voy a hablar de un oftalmólogo, escritor, político, poeta y héroe de una nación.

Hubo oftalmólogos escritores como Conan Doyle, candidatos a presidente como Fyodorov en Rusia (trágicamente fallecido) y Bashar al Assad, que es presidente de la convulsionada Siria.

Hubo una/un notable tenista, el/la Renee Richards. También hubo seis oftalmólogos que recibieron el Nobel, el primero  Allvar Gullstrand, creador de la lámpara de hendidura pero hoy vale rescatar la memoria de un héroe filipino, el Dr. José Rizal, mártir libertario de esa nación.

José Rizal nació el 19 de junio de 1861, en Calamba, Filipinas. Político, escritor, patriota, médico oftalmólogo y hombre de letras, fue una inspiración para el movimiento nacionalista filipino. José estudió en el Ateneo Municipal de Manila desde 1872 hasta 1877, terminando en este último año su bachillerato. Entró luego a la Universidad de Santo Tomás, también en la capital filipina, donde cursó las carreras de Medicina y Filosofía y Letras, pero en 1882 siguió los consejos de su hermano Paciano y se marchó a España a continuar sus estudios.

Estando en Madrid, Rizal se relacionó con la colonia filipina e, incluso, llegó a tomar lecciones de pintura y modelado en la Academia de Bellas Artes de San Fernando. Años más tarde, en 1885, al contar ya con el título de licenciado en Medicina, se dirigió a París, para aprender y especializarse en oftalmología con el célebre doctor Louis de Wecker ―a quien se debe, entre más, la escala Wecker, de medición del nivel de ceguera visual, y las tijeras Wecker, para cirugía ocular―. Un año después viajó a Alemania (como lo hacían muchos médicos españoles) donde completó su especialización, ampliando a la vez su conocimiento de los idiomas.

En el Berlín de 1887, con solo 26 años, publicó la que habría de ser su obra más conocida e influyente: “Noli me Tangere” (que quiere decir, “no me toques” o “no me retengas”, que son las palabras que Cristo le dirige a María Magdalena después de su resurrección) con un argumento de temática socio-política, considerada la primera novela realista de la historia de la literatura filipina. Traducida a numerosos idiomas: al inglés y a los idiomas más importantes de Filipinas, además de al chino, al ruso e incluso al tailandés. También fue adaptada al cine y a la televisión. Dentro de esta novela trató de plasmar la realidad de su país, con todos sus defectos e injusticias, realizando las críticas pertinentes a los frailes y a la administración colonial. Por ello, en cuanto arribaron los primeros ejemplares a Filipinas, las autoridades eclesiásticas alertaron de inmediato en su contra, argumentando que su contenido era cruel, irreligioso e inhumano. La novela fue prohibida en todo el archipiélago por herética, impropia y escandalosa.

En agosto de 1887 volvió a Filipinas, se estableció en su pueblo natal para ejercer la medicina, pretendía casarse con el amor de su juventud, sin embargo, su novela había causado estragos y animosidad y ocasionó que el gobernador general le presionara para abandonar Filipinas y salvar su vida. El entonces gobernador Emilio Terrero y Perinat era liberal, masón y anticlerical pero el escándalo era tal que le advirtió que no podía resistir la presión de la Iglesia. El personaje principal Crisóstomo Ibarra con una vaga referencia autobiográfica, se convierte en el modelo libertario y patriota. Esta primera edición fue prohibida y declarada subversiva.

En 1888 salió rumbo a Europa y se estableció en Londres. Inicio sus investigaciones sobre la historia de Filipinas como su obra “Sucesos en las Islas Filipinas”, y fue la etapa en la que publicó la mayor parte de sus obras políticas e históricas sobretodo dentro del periódico filipino reformista “La Solidaridad” que se editaba en España, donde apoyaba iniciativas que surgían en Filipinas como la de mujeres en Malolos, Bulucan que pretendían abrir una escuela nocturna para aprender el castellano, a lo que se oponía la iglesia local, o como en sus entregas de “Filipinas dentro de cien años”, publicado en capítulos, donde analizaba la realidad política y estratégica de Filipinas y otros donde rechazaba la visión colonial de escritores españoles que señalaban la holgazanería de los filipinos. En sus escritos concluía que Filipinas en 1890 permanecería bajo dominio español solamente si a los filipinos se les concedía algún derecho democrático, como la libertad de expresión y representación en las Cortes. Advertía que el cambio tardío y obligado por el pueblo seria violento, mientras que un cambio a tiempo, seria pacifico. España no podía pretender que los filipinos renunciaran a sus legítimas aspiraciones de independencia ya que vivían desterrados en su propio país.

En 1891, en Gante, Bélgica, publicó su segunda novela, “El Filibusterismo”, continuación de la primera. Al ser más radical que “Noli me Tangere” en sus planteamientos anticolonialistas, esta obra fue igualmente prohibida, y las pocas copias que llegaron a las islas fueron decomisadas y destruidas.

Así, desde el extranjero José Rizal comenzó a destacarse por su lucha independentista y su denuncia anticolonialista, siendo señalado por las autoridades. Sin embargo, a pesar del riesgo regresó a Manila en 1892, congregándose en tertulias con otros filipinos conocedores de las ideas de la Ilustración y la Revolución francesa hasta redactar los estatutos de la Liga Filipina. Esta organización pretendía, ante todo, la cohesión del archipiélago en una nación igualitaria, el apoyarse mutuamente como comunidad, y fomentar la instrucción, la agricultura, el comercio y diversas reformas político-sociales. A José lo aprehendieron a los cuatro días de la fundación de la Liga, durante la noche del 6 de julio de ese año, y fue exiliado a Dapitan, una comandancia político-militar filipina, en donde también ejercían poder los jesuitas. Está acción suspendió por un tiempo las actividades y reuniones de los miembros de la Liga. Finalmente se dividió en dos: la Liga como tal, solidaria y pacifista en seguimiento de los planteamientos originales de Rizal, que proponía una independencia pacífica, y un grupo armado, el Katipunan (“La sociedad [de los hijos del pueblo]”, en tágalo), a cuya cabeza quedó el revolucionario Andrés Bonifacio (1863-1897). Entre los líderes también estaba Emilio Aguinaldo Famy, quien llevaría la guerra hasta el final y sería el primer presidente de Filipinas (1897-1901). Ambas secciones trabajaron clandestinamente, pero en agosto de 1896, el Katipunan comenzó la revolución armada, la guerra de guerrillas contra España.

En septiembre de 1896, Rizal dejó Filipinas con la intención de ser médico voluntario en Cuba, cuando este país antillano también se encontraba en plena guerra de independencia contra el imperio español. No consiguió llegar: las represalias del sistema colonialista lo alcanzaron en Barcelona. Descubierto, fue apresado una vez más y reembarcado hacia Manila, donde se le formó consejo de guerra. Se le consideró instigador, fundador de la Liga de la sublevación, pese a no haber participado ni en su creación, ni con las decisiones del Katipunan.

El juicio siguió su curso lleno de irregularidades, terminó en una sentencia anunciada: la de pena de muerte .

José Rizal fue fusilado en Manila la mañana del 30 de diciembre de 1896. Su lucha por el pueblo filipino lo convirtió en paladín del independentismo. Dos años después, como Cuba y todas las posesiones españolas del Pacífico, el archipiélago pasa a manos estadounidenses y Rizal se convierte en padre de la patria, mientras que el uso de la lengua española de la cual fue maestro consumado, empieza a declinar.

Las tres grandes obras de Rizal muestran su visión de Filipinas: “Noli me tangere” el reflejo del presente, “Sucesos” su pasado, y “El filibusterismo” un posible futuro. Estas obras inspiraron la revolución filipina de 1896 al abrir los ojos del pueblo filipino a los males y abusos del gobierno colonial español. Fue el primer paso hacia las reformas que finalmente desembocaron en la independencia de Filipinas. “Noli me tangere” y “El filibusterismo” siguen leyéndose hoy, un siglo después de su publicación, y, tras la aprobación en 1956 de la Ley de la República 1425, conocida como la “Ley Rizal”, todos los estudiantes de enseñanza superior y universitaria estudian la vida y las obras de José Rizal. Sus novelas no se leen solo por su contenido literario, sino, sobre todo, como parte de una educación que busca la formación del carácter nacional y mostrar los valores de la ciudadanía.

Su obra perdura, como recordatorio del pasado y sirve como constante inspiración para el pueblo filipino. Los jóvenes universitarios aprenden los versos en español que escribió un día antes de su ejecución, donde expresa su amor por la patria, y aún sin entender mucho el idioma, están grabados en la memoria colectiva del país, no solo por su patriotismo sino por el amor a la vida que transmiten. Son parte fundamental de la historia filipina.

Rizal fue un auténtico revolucionario que apoyo la reforma, solo como un paso hacia la independencia de su país y de sus compatriotas. Su vida no presenta hechos de guerra ni hazañas militares gloriosas, tampoco fue de origen criollo como los libertadores protagonistas de las independencias en América, su arma era la pluma, no la espada, como con burla señalaban algunos de sus críticos, sin embargo, su influencia se apreció en ese consejo de guerra que le condenó a la pena capital en 1896 por ser, como dicen los documentos oficiales, “autor principalísimo y alma y vida de la sublevación presente”. Un médico, un oftalmólogo, un colega que vio a su patria con ojos de libertad.

… Mi patria idolatrada, dolor de mis dolores,
Querida Filipinas, oye el postrer adiós.
Ahí te dejo todo, mis padres, mis amores.
Voy donde no hay esclavos, verdugos ni opresores,
Donde la fe no mata, donde el que reina es Dios…”


José Rizal
Poema escrito a las vísperas de su ejecución, 1896

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