Anna y Fiódor

A esa altura tenía enormes deudas, el juego no había hecho más que acrecentarlas y los acreedores lo acosaban.

El contrato que había firmado con el editor Fiódor Stellovski (un editor que también llegó a publicar obras de Tolstoi) estipulaba un pago de 3.000 rublos por escribir una nueva novela. Pero Dostoyevski no vería un solo rublo: irían directamente a sus acreedores, para evitar que el escritor se los gastara en la ruleta.

El contrato con Stellovski tenía una cláusula especial: si Dostoyevski no entregaba la nueva novela en el tiempo pactado (26 días) debía pagar una multa; y si luego de un segundo muy breve plazo acordado seguía sin cumplir, Dostoyevski perdería los derechos sobre sus obras anteriores, que por ese enonces eran “El doble”, “Pobres gentes”, “Noches blancas”, “Sepanchikovo y sus habitantes”, “Niétochka Nezvánova”, “Humillados y ofendidos”, “Recuerdos de la casa de los muertos”, “Un episodio vergonzoso” y “Memorias del subsuelo”. Indudablemente Dostoyevski tenía mucho para perder, pero su apremiante situación económica, que hacía peligrar hasta su vida, lo había llevado a aceptar aquella cláusula. Si hasta el abrigo había empeñado a causa de las deudas se le acumulaban producto de un rasgo que se le hacía difícil (por no decir imposible) controlar.

Además de la novela, Dostoyevski tenía que seguir haciendo las entregas de los capítulos de “Crimen y castigo”, que por entonces se publicaban en la revista “El mensajero ruso” (luego sería publicada la obra completa en forma de libro), así que un doble trabajo lo esperaba. Recordó sus cinco años prisionero en Siberia: había pasado por ahí por formar parte del grupo intelectual liberal “Círculo Petrashevski”, acusado de conspiración contra el zar Nicolás I; sentenciado a ser fusilado, su pena fue conmutada a último momento y fue enviado a realizar trabajos forzados a Siberia. Se dijo que, si había superado eso, podría superar cualquier cosa.

Decidió que escribiría los capítulos de “Crimen y castigo” por las mañanas y escribiría su novela por las tardes. Y se puso a trabajar. Si bien estaba lúcido, pronto se dio cuenta de que su mente iba más rápido que sus manos, y que a ese ritmo no podría cumplir con el plazo de entrega de la novela, cuyo título era “El jugador” y que trataba sobre un ludópata como él. Dostoyevski escribía con lentitud, sus manos eran torpes y el frío le dificultaba los movimientos, ya que apenas tenía para comprar una mínima cantidad de leña para calentarse. Recurrió a algunos amigos, que lo miraron con recelo ya que a todos les debía dinero. Algunos aceptaron ayudarlo, pero en un par de días desaparecieron.

Hasta que un día llamó a su puerta una joven: Anna Grigorievna Snitkina. “Soy taquígrafa; me dijeron que usted necesita una taquígrafa…”

La joven había caído del cielo. Y las cosas cambiaron. Trabajaban según lo planeado, a la mañana con los capítulos pendientes de “Crimen y castigo” y a la tarde con la nueva novela. Dostoyevski estaba en un buen momento creativo y no paraba de dictar frases de una historia consistente. Esto despertaba gran admiración en Anna, a quien Dostoyevski a veces le preguntaba si entendía lo que le dictaba; Anna contestaba que sí, pero que las historias le parecían muy tristes.

Y el plazo de 26 días pudo cumplirse. Dostoyevski terminó a tiempo.

Cuando Dostoyevski llevó su obra terminada a Stellovski, no fue atendido. Stellovski lo rehuía, especulando con que se venciera el plazo pactado y así obtener primero el pago de una multa y luego quedarse con la enorme cantidad de dinero que implicaban los derechos de las obras anteriores. Dostoyevski rápidamente se dio cuenta de la jugarreta de su editor y llevó su material escrito a una comisaría, donde le extendieron una constancia que confirmaba que había entregado el material pactado en tiempo y forma.

Al regresar a su casa, le propuso matrimonio a Anna. Anna aceptó. Fiodor tenía 45 años, Anna 20.

Stellovski pagó lo convenido, “Crimen y castigo” finalmente se editó, “El jugador” (al año siguiente) también, y ambas novelas se vendieron bien. Fiodor y Anna se casaron en febrero de 1867, los ingresos por las novelas le permitieron aliviar mucho sus deudas y llevar de viaje a su esposa, ahora Anna Dostoyévskaya.

Planearon una luna de miel de tres meses en Alemania, pero se quedaron cuatro años. Fueron cuatro años tortuosos, casi dolorosos para Anna: se había casado con ese ludópata de la novela que había transcripto; Dostoyevski empezó a jugar en el casino de Baden-Baden y ya no pudo parar, inmerso otra vez en una espiral autodestructiva.

Dostoyevski no quería regresar a Rusia por temor a que lo arrestaran en la frontera y lo enviaran a la prisión de deudores, y eso fue alargando la estadía en Alemania. Anna (que había crecido en una casa señorial en San Petersburgo, en una familia estable y normal) tuvo mucha entereza para afrontar la situación; comenzó a empeñar cosas y llegó a vender hasta buena parte de su ropa.

Cuando al fin pudieron zafar de las deudas, el matrimonio regresó a Rusia. Dostoyevski al fin tenía la estabilidad emocional y mental como para poder concentrarse en su escritura y ahí estuvo Anna, nuevamente. Para evitar que nuevamente un contrato editorial pusiera a su esposo entre la espada y la pared, Anna se dio cuenta de que establecer su propia imprenta era la única forma de evitar acuerdos financieros poco provechosos.

Entonces Anna comenzó a imprimir el trabajo de su esposo en forma de libros. Sin quererlo, Anna fue la primera editora en Rusia, lo que fue un gran impacto; hasta la esposa de León Tolstoi se le acercó buscando su consejo cuando decidió iniciar un emprendimiento similar.

De este modo, ya más tranquilo y con la conducción editorial de su esposa, Dostoyevski pudo continuar su carrera, la cual cerraría con la que es considerada su obra maestra, “Los hermanos Karamazov”, publicada en 1880.

Dostoyevski murió en 1881. Anna, que por entonces tenía 35 años, nunca se volvió a casar. Después de la muerte de su marido se dedicó a recopilar todo el material referente a su obra (manuscritos, cartas, borradores, documentos y fotografías). En 1906 se inauguró una sala dedicada a Fiódor Dostoyevski en el Museo Histórico de Moscú, con todo el material aportado por Anna.

Anna Dostoyévskaya falleció en 1918.

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