Psicópatas y sociedad

Sin embargo, no disponemos de una definición exacta ni conocemos su génesis o sus causas. Se los reconoce por su marcado comportamiento antisocial, su falta de empatía, falta de remordimientos y un carácter desinhibido, pero estas características pueden hallarse en diferentes proporciones en diferentes individuos. Los psicópatas cosifican y menosprecian a los que los rodean, no respetan las normas sociales y, sin embargo, se victimizan. Son manipuladores que se esconden en un physique du rôle, con un encanto superficial o por su inteligencia. Son mentirosos compulsivos y fabuladores, mienten sin necesidad o como parte de un plan de impunidad.

A diferencia de un sociópata que delinque para satisfacer una necesidad económica, éstos tienen conductas antisociales sin motivos que lo justifiquen, más allá de su egocentrismo. No aprenden de sus errores, razón por la cual vuelven a reincidir.

Estas características aparecen en la niñez y se ve en el maltrato y tortura a los animales. Muchos de ellos han tenido enuresis. Algunos fueron objeto de maltrato infantil o de padres con conductas antisociales y alcoholismo.

Sin embargo, algunos investigadores han detectado alteraciones anatómicas en estos individuos. “Tienen diferencias en las áreas que procesan la cognición, el razonamiento y en las que procesan la actividad emocional. La conexión entre estas dos áreas falla”, dice el Dr. Jesús Pujol del Hospital del Mar en Barcelona. En estudios de resonancia magnética se han detectado áreas de atrofia de la sustancia gris en el lóbulo temporal y frontal. Estas áreas serían la secuela anatómica por haber sufrido stress emocional a edades tempranas, una forma de autodefensa, de bloqueo, para evadir el sufrimiento que los convierte en inescrupulosos y carentes de remordimiento. De allí que estos individuos “no tienen freno emocional”. El trauma infantil ha de ser persistente en el tiempo para llegar a modificar la estructura del cerebro.

Los daños que producen a la sociedad son enormes: crímenes, estafas, quiebras, pérdidas económicas y el mantenimiento de estructuras para defender a la sociedad de sus acciones, lo que implica un costo elevadísimo. Hablamos de miles de millones al año, una parte difícil de precisar del PBI del mundo se pierde o malgastar por estos individuos que no siempre obtienen beneficios económicos por lo que hacen… Y, sin embargo, la sociedad se encuentra desarmada ante estos individuos y reacciona con una justicia que, originalmente, defendía a la sociedad de estos criminales y ahora se debate en una burocracia garantista. Por más que psiquiatras, neurocientíficos y psicólogos advierten sobre los efectos devastadores de los psicópatas, los sistemas jurídicos no siempre toman en cuenta estas características y menos aún las consideran para aplicar sanciones: esta gente no tiene tratamiento, son irrecuperables.

Para colmo la sociedad muestra cierta fascinación por estos personajes que pueblan las pantallas. Los medios incurren en imprecisiones y exageración que hacen simpatizar al espectador por su inteligencia y encanto y vida aventurera. Suelen ser afables estafadores de sutiles extravagancias, esos ladrones de guante blanco rodeado de bellas mujeres, aunque, en realidad, la mayor parte de los psicópatas no estén dotados de estas “virtudes” y su vida sea gris y carcelaria.

Hannibal Lecter – el asesino elegante, erudito, cínico y manipulador de “El Silencio de los Inocentes” – es un ejemplo de esta fascinación. Se han escrito libros, películas y series de televisión siguiendo esta saga de un psicópata. El personaje está ñbasado en un médico mexicano de nombre Alfredo Ballí Treviño de la ciudad de Monterrey quien descuartizó a su pareja, un joven estudiante de medicina. Si bien se sospecha que Treviño participó de otros asesinatos, éste fue el único que se le pudo comprobar. Un joven reportero norteamericano lo conoció mientras purgaba su pena y se quedó impresionado por su “elegancia”. Años más tarde, Tom Harris (el nombre del reportero y escritor) se inspiraría en él para crear el personaje de Hannibal Lecter.

La sociedad debe reconocer el daño inmenso producto de psicópatas y tomar una actitud proactiva para evitarlos, redoblando el esfuerzo para evitar el maltrato infantil (aparentemente una de las causas de la psicopatía), para detectarlo precozmente, para tratarlo (llegado al caso que se lograse alguna alternativa terapéutica) o sancionarlos. El mal es enorme, ya que no todos llegan al crimen, y estas personalidades psicopáticas destruyen empresas, disrupcionan valores, dañan estructuras, perjudican a las naciones cuando son políticos, y hacen gastar billones en estructuras policiales y jurídicas que no siempre sabe detectarlos o contenerlos.

Es tiempo de profundizar estudios y definir circunstancias para evitar los daños que producen estos enemigos de la sociedad.

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