Prehistoria pop

Manuel Bernabé Mujica Lainez nació el 11 de septiembre de 1910 en Buenos Aires en una familia de apellidos ilustres entre cuyos antepasados se encuentra Juan de Garay, el fundador de Buenos Aires. Su formación arrancó en la capital argentina, para continuar en Francia e Inglaterra a partir de 1923, donde se forjó al calor de clásicos como Moliere, Racine y Shakespeare, entre otros- y se terminó de moldear bajo la geografía porteña, donde cursó la carrera de Derecho hasta que en 1932 ingresó en el diario La Nación. Comenzó allí una extensa carrera periodística y literaria que se desarrolló a lo largo de medio siglo y se reflejó en más de cuarenta libros y cientos de artículos periodísticos y críticas de arte. Obtuvo prestigiosos galardones internacionales como el de Comendador de la Orden del Mérito otorgado por Italia y la Legión de Honor entregada por el gobierno francés.

Sumergirse en la lectura de la obra de Manuel Mujica Láinez abre la posibilidad de realizar un maravilloso viaje en el tiempo, un regreso al pasado a través del testimonio fiel de las expresiones culturales, ya sean literatura, pintura u otras manifestaciones artísticas. Esas insignes muestras de diversas épocas se actualizan y vuelven a vivir, al ser nuevamente aprendidas, contempladas y asimiladas por un escritor que busca su ascendencia en ese mare Nostrum ahíto de obras imperecederas.

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Manuel Mujica Lainez por Sara Facio.

Manuel Mujica Lainez por Sara Facio.

 

Uno de los pilares de su narrativa fue la identidad argentina, una temática que cristalizó en obras como Canto a Buenos Aires (1943); Aquí vivieron (1949) y, especialmente, en el volumen de cuentos Misteriosa Buenos Aires (1950). En esta colección presenta cuarenta y dos relatos de corte histórico y fantástico desarrollados por diferentes voces y personajes que narran historias singulares ambientadas en la ciudad de Buenos Aires desde su primera fundación hasta el siglo XX. La tradición familiar se convirtió en fuente inagotable de temas, tanto en lo que se refiere a personajes como a historias: así por ejemplo en Los porteños no se cansa de elogiar a sus ancestros, integrantes de familias patricias y a su vez descendientes de personajes gloriosos. La temática histórica se despliega también en los cuentos de Crónicas reales (1967) que, con humor, narran las andanzas de los reyes de un inexistente país europeo y El laberinto (1974), supuestas memorias de un aventurero español en la época de la conquista. La última incursión del autor en la novela histórica fue El escarabajo (1981). Otras de sus obras son Vida de Aniceto el Gallo (1943), Vida de Anastasio el Pollo (1947), Miguel Cané (Padre) (1942), Cecil (1972), Sergio (1976), El brazalete y otros cuentos (1978) y Un novelista en el Museo del Prado (1984).

Con una buena dosis de escepticismo e ironía, el escritor retrató a la clase alta porteña en Los viajeros (1955) e Invitados en El Paraíso (1957, aunque su narrativa más celebrada es la que puso en foco su inclinación a lo fantástico: dentro de este núcleo se destacaron Bomarzo (1962) y El Unicornio (1965). Bomarzo, tal vez la más emblemáticas de sus obras, se centra en la figura del Duque de Orsini, personaje histórico que vivió en el siglo XVI. En el palacio del mismo nombre, en medio de un ambiente trágico, se desarrolla la trama, que ofrece un estupendo fresco de buena parte de la historia del Renacimiento italiano. La novela es el reflejo de un hombre -deforme, culto, solitario y violento- y de un tiempo (el Renacimiento en todo su esplendor, protagonizado por los Orsini, los Médicis, Gonzaga, Colonia, etcétera) excepcionales, donde el espacio se convierte en una obra de arte. Varios textos de Mujica Lainez fueron adaptados para el cine y la TV, pero tal vez la transpolación más estruendosa fue la que hizo el compositor Alberto Ginastera, quien realizó una ópera basada en Bomarzo, estrenada en Washington en 1967 y ampliamente elogiada por la crítica. La ópera fue prohibida durante la dictadura del general Juan Carlos Onganía, en uno de los más célebres casos de censura que tuvieron lugar en la Argentina.

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Casa de Mujica Lainez
Casa de Mujica Lainez “El Paraíso”.

 

A través de la narración en primera persona del hada Melusina -figura clave del imaginario medieval- en su novela El unicornio (1965) Mujica Lainez subvierte patrones sexo-genéricos dominantes e incorpora formas de deseo que, de haber sido localizadas en un contexto argentino y contemporáneo al momento de la escritura, hubieran resultado particularmente problemáticas. La reconstrucción de personajes y motivos medievales constituye, en numerosos pasajes, una estrategia para articular posibilidades eróticas que escapaban a la rígida moral impuesta en la Argentina de mediados de la década de 1960.

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