La batalla de Chascomús

Pedro Bonifacio Castelli, hijo del prócer de Mayo, después de intervenir en las guerras de la independencia junto a San Martín se había dedicado a las tareas rurales y poseía una pequeña estancia en el Volcán. Ramón Maza lo vinculó a la conspiración que se planeaba contra Rosas.

Jacinto Rodríguez Peña viajó hacia el sur de la provincia y logró adhesiones importantes: Marcelino Martínez Castro, Francisco y Ezequiel Ramos Mejía, Benito Míguens; se sumaron luego al movimiento Matías Ramos Mejía, Francisco Madero, Apolinario Barragán, José Ferrari, Leonardo Gándara, Manuel Rico, Francisco Olmos, etc. Los centros conspirativos fueron Chascomús y Dolores; en Chascomús se logró la adhesión del comandante Manuel Rico, segundo jefe de un regimiento al mando de Narciso Valle, que permaneció fiel a Rosas; en Chascomús encabezó el movimiento Francisco Villarino; entre los que le secundaron estaba Ambrosio Cramer, guerrero de la independencia, establecido en Monsalvo.

Temerosos de que los preparativos hubiesen sido descubiertos, porque el Restaurador contaba con una nutrida red de espías, el movimiento que se había fijado para el 6 de noviembre se precipitó y estalló el 29 de octubre en Dolores; el 6 de noviembre se pronunció en Chascomús con ayuda de las fuerzas enviadas por el comandante Rico, pero la rebelión no se extendió como era de esperar y desde Tapalqué y Azul se preparó la acción de las fuerzas represoras del gobierno.

Nicolás Granada, comandante de las divisiones del sur, en quien se había pensado como probable adepto al movimiento insurreccional, no recibió ninguna comunicación, y cuando se produjo el alzamiento de Dolores notificó el suceso a Vicente González, “Carancho del Monte”, y a Prudencio Ortiz de Rosas, entonces en Azul; fiel por consiguiente al gobernador de la provincia, se incorporó a las milicias leales.

Los hacendados no estaban organizados y no tenían jefes ni armas; las que habían pedido a la Comisión argentina de Montevideo llegaron después del desastre.

El 7 de noviembre las milicias al mando de Ortiz de Rosas chocaron con los sublevados a orillas de la laguna de Chascomús y después de un combate que duró tres horas los rebeldes quedaron vencidos por la traición del negro Funes, como lo expresó Esteban Echeverría en sus poemas destinados a enaltecer la gesta de los hacendados. Tres días después fue dominado el movimiento en Dolores; el 14 de noviembre Tandil fue saqueado por los indios fieles a Rosas.

Informe a Rosas

El 15 de noviembre comunicó Prudencio Ortiz de Rosas a Corvalán la victoria obtenida:

“El principal cabecilla motinero salvaje unitario Pedro Castelli había sido encontrado en una isleta de Monte, en la estancia de Acosta, y habiéndose resistido a entregarse, fue necesario matarle, y cortarle la cabeza que me fue presentada, la que reconocida por mí, por infinitos que lo conocían y por un peón que lo acompañaba y que había sido aprehendido, la remite el general que firma a Dolores, para que el comandante político y militar de ese pueblo la coloque en un palo en medio de la plaza del pueblo, lugar donde estalló el motín, para escarmiento de esos malvados salvajes unitarios”.

Cramer murió en la lucha, lo mismo que Zacarías Márquez y otros jefes del movimiento malogrado; su cabeza fue expuesta también en la plaza de Chascomús.

Manuel Rico pudo huir con 900 hombres, en los barcos franceses que había en las costas de la bahía de Samborombón. Muchos de ellos engrosaron las fuerzas de Lavalle que pretendían invadir la Confederación, pero la campaña del sur de la provincia quedó totalmente en poder de Rosas.

Como era habitual, las tierras y los bienes todos de los enemigos vencidos fueron repartidos entre los vencedores como premio a su fidelidad a la tiranía. Gervasio Rosas, hermano del dictador, figuraba entre los complotados, y para desvirtuar la impresión que podía causar ese hecho, el gobernador hizo publicar en La Gaceta mercantil que Gervasio era hijo adulterino de un portugués, y en un comunicado al juez de paz de Dolores lo llama “hijo de p., degenerado”.

Una mujer de color que había servido a Castelli, atesoró la cabeza de su jefe en un altar durante años, hasta su muerte, cuando el macabro recuerdo fue hallado, y la cabeza del mártir de los Libres del Sur fue sepultada dignamente en el cementerio de Dolores.

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