James Stewart, el actor bonachón que arriesgó su vida por EE.UU.

James Stewart no fue un actor especialmente apuesto, pero su elegancia, su inteligencia y su aspecto de bonachón le otorgaron un lugar indiscutible en la época dorada de Hollywood y fue considerado uno de los intérpretes más queridos por el público. Se especializó en encarnar la quintaesencia del norteamericano ideal, a ese hombre honesto y familiar marcado por un profundo sentido de la ética y la democracia. De esta manera se metió en la piel de personajes inolvidables que se caracterizaban por su espíritu optimista en filmes como Caballero sin espada (1939) o ¡Qué bello es vivir! (1946), dirigidas por Frank Capra.

Precisamente, en esta última interpretaba a un pequeño empresario de una localidad provinciana al que la crisis económica le lleva directamente a la ruina. El hombre piensa en suicidarse, pero es Navidad y la ayuda de un ángel de la guarda y la amistad y solidaridad de los amigos y vecinos dan un nuevo rumbo a su penosa situación. El actor siempre dijo que este clásico navideño era su película preferida.

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James Stewart en

James Stewart en ‘¡Qué bello es vivir!’

Hijo de comerciantes ferreteros, James ‘Jimmy’ Maitland Stewart nació el 20 de mayo de 1908 en Indiana (EE.UU.). En el colegio destacó en fútbol americano y sabía tocar bien el acordeón. Le encantaba hacer trucos de magia, realizar maquetas de aviones y dibujos mecánicos y su sueño era el de convertirse en piloto, pero desistió cuando su padre le aconsejó que se matriculara en la universidad de Princeton.

Cursó la carrera de arquitectura y mientras estudiaba también se sintió atraído por los clubes de música y teatro de la escuela. Conoció al director Joshua Logan, quien le propuso unirse a su grupo teatral, entre los cuales formaba parte Henry Fonda, que acabaría siendo uno de sus mejores amigos. Ambos se mudaron a Nueva York y poco a poco se abrieron camino en Broadway.

La famosa cronista de espectáculos Hedda Hopper quedó deslumbrada ante el talento de Stewart y le consiguió una prueba para ingresar en la Metro Goldwyn Mayer. James debutó a los 27 años en la gran pantalla junto a Spencer Tracy en La voz que acusa (1935) y después le siguieron casi un centenar de títulos en una carrera que abarcó más de seis décadas.

Su timidez y humildad no le ayudaron en un principio, ya que los estudios no sabían muy bien qué hacer con ese hombre tan delgado y desgarbado (medía 1,90 metros) que hablaba de forma pausada y con voz nasal, pero después utilizó esas señas de identidad para ir transformándose en alquien más complejo y oscuro en otras películas. Demostró sus tablas para cantar y bailar en Nacida para la danza (1936) con Eleanor Powell, y destacó sus dotes para la comedia con Ardid femenino (1938).

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James Stewart en una escena de

James Stewart en una escena de ‘Caballero sin espada’

Consiguió cinco nominaciones al Oscar y obtuvo dos: el de mejor actor principal por el clásico de la comedia Historias de Filadelfia (1940) y el Honorífico en 1985. Además, entre su palmarés de premios destacan el Cecil B. DeMille por su trayectoria profesional en 1965; la Concha de Plata al mejor actor por Vértigo (1958); el Oso de plata de la Berlinale por Mr. Hobbs Takes a vacation (1963) o la Copa Volpi del Festival de Venecia por Anatomía de un asesinato (1959).

Intervino en Tormenta fatal (1940), uno de los pocos filmes que condenaba a los nazis antes de que Estados Unidos entrara en la Segunda Guerra Mundial. Su abuelo participó en la Guerra de Secesión, su padre en la Primera Guerra Mundial y él siguió con la tradición familiar alistándose de forma voluntaria en el Ejército. Fue piloto en las Fuerzas Aéreas de los Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial. Stewart participó en un total de veinte misiones de combate y recibió la Cruz del Aire, una de las máximas condecoraciones del Ejército estadounidense. En 1959 el presidente Eisenhower le nombró general de brigada y se convirtió en el actor que más alto ascendió en el escalafón militar.

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James Stewart fue piloto en las Fuerzas Aéreas de los Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial

James Stewart fue piloto en las Fuerzas Aéreas de los Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial

Lo cierto es que fue un hombre valiente que se jugó la vida cuando ya era toda una estrella de cine y no tenía ninguna necesidad de involucrarse en una guerra que se libraba muy lejos de su país. Tras incorporarse a filas, desechó en todo momento ser el rostro de diferentes actos propagandísticos, como sí hicieron otras estrellas de Hollywood.

Tras el fin de la contienda, a finales de la década de los 40 su carrera se diversificó. Interpretó a detectives, cowboys, jueces, abogados o falsos culpables y fue uno de los actores predilectos de Alfred Hitchcock, que vio en él al actor ideal para sus habituales ciudadanos corrientes que se convertían en héroes a su pesar. Con La soga (1948); La ventana indiscreta (1954); El hombre que sabía demasiado (1956) o Vértigo (1958) su imagen adoptó mayor profundidad emocional y un carácter más oscuro, unas características que también supo aprovechar el director Anthony Mann en los westerns Winchester 73 (1950), Horizones lejanos (1952), Colorado Jim (1953) Tierras lejanas (1954), El hombre de Laramie (1955) y en Música y lágrimas (1953).

James Stewart y Grace Kelly en ‘La ventana indiscreta’

James Stewart y Grace Kelly en

James Stewart y Grace Kelly en ‘La ventana indiscreta’

Frank Capra dijo de él: “Mejor que una gran interpretación es el nivel de la no actuación, cuando el actor desaparece y en la pantalla emerge la persona de carne y hueso, una persona que enseguida interesa a la audiencia. James Stewart es de los pocos capaces de alcanzar ese nivel”. Durante los 60 y los 70 se mantuvo activo con títulos como El vuelo del Fénix (1965), El club social de Cheyenne (1970) y Aeropuerto 77 (1977).

Su último gran papel fue al lado de su amigo John Wayne en El último pistolero (1976), dirigida por Don Siegel. Al final de su carrera protagonizó producciones más ligeras, intervino en la popular serie Norte y Sur, junto a Patrick Swayze, y se retiró del mundo del espectáculo en 1991.

A nivel sentimental, Stewart tuvo fama de ligón y sedujo a actrices de renombre como Yvonne De Carlo, Carole Lombard, Jean Harlow, Joan Crawford, Norma Shearer, Olivia de Havilland, Lana Turner, Marlene Dietrich, Eleanor Powell o Loretta Young. Sin embargo, la única que consiguió llevarle al altar fue la modelo y actriz Gloria Hatrick McLean. La boda tuvo lugar en 1949, cuando Jimmy ya había cumplido los 41.

Tuvieron dos hijas gemelas y él adoptó a los otros dos hijos que McLean tuvo de un matrimonio anterior. Estuvieron casados hasta la muerte de ella en 1994. A partir de ese momento se recluyó, incapaz de superar el trance y estuvo prácticamente sin salir de casa hasta su muerte, el 2 de julio de 1997, a causa de un paro cardiorespiratorio y un tromboembolismo pulmonar. Tenía 89 años.

Alejado de las turbulentas vidas que marcaron a muchos compañeros de profesión, Jimmy disfrutó de una existencia bastante tranquila y se consideró un hombre afortunado. Dotado de un gran sentido del humor y extremadamente sensible, tuvo grandes amigos y fue muy querido. “Jimmy tuvo una vida maravillosa”, dijo tras su muerte su amiga Doris Day.

Bill Clinton aseguró por su parte que EE.UU. había perdido un “tesoro nacional”. Y es que Stewart demostró ser un tipo íntegro dentro y fuera de la gran pantalla. Un héroe sencillo y encantador que supo encandilar a sus compatriotas y a todos los grandes amantes del buen cine.

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