Tasunka Witko (que literalmente se traduce del sioux como “su caballo está loco”) fue uno de los nativos americanos que con más valor y perseverancia se opuso a la usurpación de sus tierras.
Su padre y su abuelo llevaban el mismo nombre, pero una leyenda cuenta que lo adoptó después de un sueño.
Tasunka nació alrededor de 1840 en algún lugar de las Dakotas. Aunque su madre murió cuando tenía 4 años, nunca sufrió la falta de cuidado materno: la crianza de los niños de la tribu caía sobre un grupo de mujeres que atendían tanto a los propios como a los ajenos. Caballo Loco creció entre parientes, donde adquirió su sentido de pertenencia y prestigio como conductor.
Lo llamaban jefe, pero no lo era. Tasunka se había ganado por su coraje la posición que los sioux llamaban “el Señor de la Camisa”.
Violencia, ataques y un acuerdo en letra muerta
En agosto de 1854, treinta soldados norteamericanos fueron masacrados por los sioux en un enfrentamiento cuando estos iban a requisar una vaca robada. Fue la llamada masacre de Grattan, por el nombre del teniente que conducía estas tropas.
El coronel Harney, jefe del regimiento, organizó una expedición punitiva contra el campamento sioux. En la oportunidad, los soldados asesinaron a docenas de aborígenes. Caballo Loco, de apenas quince años, rescató a la única mujer que había sobrevivido a la matanza.
En 1851 se firmó en Fort Laramie un pacto en el que el gobierno americano reconocía el territorio indígena.
Por un tiempo, reinó la paz, pero en 1863 se descubrió oro en Montana y lo firmado se convirtió en letra muerta. La tierra de los nativos fue invadida y sus campamentos atacados.
Una alianza inesperada
La respuesta no se hizo esperar: una alianza entre sioux, cheyennes y arapahoes decidió defender sus tierras del ataque de los colonos.
En 1866, en pleno invierno, los sioux atacaron a leñadores; el capitán Fetterman persiguió a Caballo Loco, quien lo condujo hacia una emboscada donde 1.500 aborígenes asesinaron a 80 soldados. Este enfrentamiento pasó a la historia como la batalla de Fetterman.
El prestigio de Caballo Loco crecía día a día, pero, a pesar de las victorias, el hambre hacía estragos entre los nativos, razón por la cual el cacique Nube Roja firmó otro tratado. Caballo Loco y el jefe Toro Sentado (Tatanka) estaban en desacuerdo y no asistieron a la firma.
En 1870, Tasunka secuestró a una mujer casada llamada Búfala Negra para vivir con ella. Resulta que esta joven había sido su amor juvenil, pero las permanentes guerras en las que Caballo Loco se había visto involucrado le habían impedido concretar el matrimonio. En el interín, Búfala Negra se había casado con un sioux llamado Sin Agua, quien, al enterarse del rapto, intentó matar a Caballo Loco. Este se salvó de morir asesinado, pero fue sometido a juicio por un consejo de jefes.
La pareja fue separada y a Caballo Loco se le quitó su condición de Señor de la Camisa, pero los reclamos de los demás miembros de la tribu fueron tan insistentes que no solo conservó su puesto, sino que además le organizaron un casamiento con Manto Negro, una de las mujeres que lo había cuidado durante su convalecencia.
La nueva alianza
Caballo Loco se opuso a la nueva paz y, junto a Toro Sentado, concentraron a más de 3.000 guerreros en las Colinas Negras de Dakota.
Hacia allá fue enviado el general Crook (1828–1890), quien contaba entre sus oficiales con el conocido George Armstrong Custer. Todos lo conocemos como general Custer, aunque nunca pasó de teniente coronel.
Resulta que, durante la Guerra Civil, para reemplazar a los oficiales muertos en acción, se ascendía a militares más jóvenes a puestos en comisión. Custer, que había sido el último de su promoción en West Point, rápidamente ascendió en el ejército de la Unión a general en comisión antes de cumplir los 30 años. Algunos sostienen que este ascenso se debió a un error administrativo. Concluida la guerra civil, volvió a ser teniente coronel, pero el enorme prestigio ganado durante el conflicto lo había lanzado al campo de la política.
Custer estuvo a punto de perderse esta campaña contra los sioux porque había acusado al hermano del presidente Grant de malversación de fondos. Sin embargo, fue convocado por el general Sheridan para estar al frente del Séptimo de Caballería en la campaña organizada por Crook. El general Sheridan pasó a la historia por esa frase tristemente célebre: “El único indio bueno es el indio muerto”.
La embestida de Custer
El 17 de mayo de 1876, Custer partió del Fuerte Lincoln al frente de 700 jinetes del Séptimo de Caballería. En pocas semanas, siguiendo el curso del río Little Bighorn, tuvo indicios de que los sioux y cheyennes habían reunido sus fuerzas en un lugar cercano. Con la intención de rodearlos y convertirse en el héroe de la jornada, Custer dividió sus fuerzas y, al frente de unos 350 jinetes, dejó atrás una ametralladora Gatling que equivalía a la capacidad de fuego de un regimiento.
Custer estaba seguro de espantar a la indiada con un feroz ataque de su caballería, mientras su segundo, el capitán Reno, atacaba desde el sur. Pero este fue detenido por fuerzas indias y Custer se vio rodeado por 1.800 bravos conducidos por Caballo Loco.
Para defenderse, Custer estableció un perímetro que pasó a llamarse “la última defensa”, donde murieron más de 250 soldados de su compañía.
La derrota fue una vergüenza en la historia del ejército americano, que trataron de disfrazar con el coraje inútil de Custer.
La afrenta no podía quedar impune y el ejército americano se lanzó a una implacable persecución. Toro Sentado prefirió ir a Canadá, mientras Caballo Loco se enfrentaba al ejército en la batalla de Wolf Mountain. El resultado inicial no le dio la victoria a ninguna de las dos partes, pero, al retirarse en pleno invierno de 1877, casi sin vituallas, los sioux no pudieron continuar huyendo. En mayo de 1877, fueron recluidos en la Reserva de Pine Ridge.
El final
Parecía que por fin Caballo Loco podría vivir en paz hasta que en agosto de ese año, ante la fuga de un grupo de aborígenes, le pidieron que asistiese al ejército a perseguirlos.
No quedó claro el sentido de su última frase: “Lucharé hasta que no quede nadie”. ¿A quién se refería? Como se lo interpretó como una amenaza, se emitieron órdenes para arrestarlo. Caballo Loco se resistió, un soldado le clavó una bayoneta y así murió el guerrero más valiente de los nativos americanos.
En 1948, los descendientes de Tasunka empezaron a construir su monumento en una montaña en Dakota del Sur, diseñado por el escultor polaco Korczak Ziolkowski (1908–1982). La obra aún continúa inconclusa porque los sioux han rechazado en más de una oportunidad la ayuda económica del gobierno americano.
Caballo Loco hubiese hecho lo mismo.










