A 78 años del golpe de Estado de 1943. Causas y real participación del GOU

En 1940, el presidente Roberto M. Ortiz, de origen radical antipersonalista, debió dejar el ejercicio del Poder Ejecutivo por una grave afección de salud. Su vicepresidente, Castillo, proveniente de lo más acérrimo del viejo conservadurismo, había quedado casi en el anonimato y excluido del poder durante los dos primeros años de gobierno concordancista. De buenas a primeras, el jurista catamarqueño, se encontró en el ejercicio de la presidencia.

Luego de un inicio dubitativo y débil, Ramón S. Castillo, fue virando hacia los sectores nacionalistas del ejército y alejándose de los grupos aliadófilos, representados fundamentalmente por el ex presidente general Justo; especialmente luego del ingreso de Brasil en la guerra, en el año 1942.

De esa forma, Castillo, un hombre famoso por su “cabezadurismo”, fue cimentando una posición de inclaudicable neutralismo que era muy funcional a los intereses alemanes, especialmente a esas alturas de la guerra.

Luego de la masiva denuncia y el escándalo por espionaje alemán del año 1942, lo que le valió la salido del país al embajador de Hitler, von Thermann, el presidente obligó a renunciar a su ministro de guerra Tonazi, quien respondía al grupo de Justo. Su reemplazante fue uno de los más fieles exponentes del grupo nacionalista, el general Pedro Ramírez.

Sin embargo, para comienzos de 1943, Ramón Castillo ya irritaba a todos los sectores del ejército: germanófilos, aliadófilos e indiferentes. Existían dos razones fundamentales: En primer lugar, el lanzamiento de la candidatura del conservador Robustiano Patrón Costas para la sucesión de Castillo. El aval del presidente, al muy impopular candidato, era sinónimo de “éxito” electoral al amparo del fraude. En segundo lugar, los oficiales estaban cada vez más molestos por la utilización política del ejército, lo que lo colocaba como un cómplice necesario del aparato de fraude sistemático.

Con respecto a la guerra, Patrón Costas era una caja de sorpresas, pero estaba más cerca de los ingleses, intereses a los cuales había servido durante su vida…

El G.O.U. no comenzó a reclutar adeptos sino hasta a fines de 1942, y recién se terminó de conformar como organización en el mes de marzo de 1943; apenas tres meses antes del golpe. El Grupo central era integrado por tres coroneles, algunos tenientes coroneles, mayores y un capitán. Prácticamente ninguno de los integrantes tenía mando de tropa (apenas dos), por eso, dentro de sus planes originales, una revolución apenas parecía posibles para fines de ese año 1943.

La posición del logiado capitán Filipi (secretario y yerno del ministro Ramírez) favoreció rápidamente a los intereses del G.O.U. Oficiales adherentes comenzaron a ser trasladados a posiciones en Buenos Aires.

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Colectivos de la Corporación de Transportes de la ciudad de Buenos Aires incendiados con motivo de los sucesos del 4 de junio de 1943 - <i>Archivo General de la Nación. Departamento Documentos Fotográficos. Inventario 24443.</i></p>
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Colectivos de la Corporación de Transportes de la ciudad de Buenos Aires incendiados con motivo de los sucesos del 4 de junio de 1943 – Archivo General de la Nación. Departamento Documentos Fotográficos. Inventario 24443.

La situación finalmente eclosionó a finales del mes de mayo de 1943. El aroma a golpe podía olerse en el aire porteño. Los radicales, con Juan Cook a la cabeza, no tuvieron mejor idea que ofrecer la candidatura presidencial al ministro Ramírez, quien en un principio parecía bastante entusiasmado. Pero Castillo se anotició de la jugada de su ministro nacionalista y pronto entraron en conflicto. Como Ramírez resistía en su puesto, Castillo lo echó por decreto y nombró al almirante Fincati en su lugar.

Entonces Ramírez comenzó a moverse en las sombras.

El coronel Enrique P. González, del G.O.U., como en tantas otras oportunidades, tomó la iniciativa. Ramírez dio libertad a la logia que integraba su yerno y recomendó que hallaran a un general con mando de tropa que les permitiera montar la revolución. Pronto hallaron dispuesto al general Arturo Rawson, quien siempre dijo que tenía a su propio grupo de insurrectos, y se sumó al almirante Sueyro y a la Armada.

La noche del 3 de junio, todos los conjurados más importantes se reunieron en Campo de Mayo para ultimar detalles y coordinar el golpe que el día siguiente derrocaría a Castillo. Pronto se unieron los comandantes de tropas (regimientos). Esa fría noche había catorce líderes militares; solo tres eran oficiales del G.O.U.: El mencionado coronel Gonzalez, Indalesio Sosa y Emilio Ramírez. Perón estaba citado a Campo de Mayo, pero no apareció en todo el día o esa noche. Y el día 4 solo hizo su aparición cuando era un hecho que la revolución había triunfado.

Fue el coronel González, según los testimonios sobrevivientes, quien llevó el liderazgo del G.O.U. durante aquella larga noche. El Dr. Ernesto Sammartino (radical ex diputado implicado en el movimiento) recordó años después que con el coronel Montes fueron a buscar a Perón a su casa (entrevista con Robert Potash) pero no hubo caso…

Ya consumado el golpe, Perón y Montes redactaron el manifiesto público de la revolución el cual debía ser neutro por integrar las filas de los golpistas aliadófilos y proalemanes. Nadie puede negar que el coronel era muy habilidoso para la pluma…

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Coches fúnebres conduciendo los despojos de los caídos en la Revolución, 1943 - <i>Archivo General de la Nación. Departamento Documentos Fotográficos. Inventario 24447.</i></p>
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Coches fúnebres conduciendo los despojos de los caídos en la Revolución, 1943 – Archivo General de la Nación. Departamento Documentos Fotográficos. Inventario 24447.

Algunos libros interesantes para repasar estos hechos:

– Robert Potash. El ejército y la política en Argentina. (Principalmente)

– Enrique Diaz Araujo. La conspiración del 43; el GOU

– Juan Orona. La logia militar que derrocó a Castillo

– Gontran de Guemes. Así se gestó la dictadura

– Roberto Potash. Perón y el GOU; los documentos

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