El idiota de la familia: La enfermedad oculta de Gustave Flaubert

“El idiota de la familia” fue el título que Jean-Paul Sartre le dio a la biografía de Gustave Flaubert, uno de los más exquisitos escritores en lengua francesa, aquel que dijera que “Dios está en los detalles”. Esta expresión está basada en una antigua frase anglosajona que sostiene que es el diablo quien se encuentra  detrás de esos mismos detalles. Curiosamente, la versión demoniaca es más conocido que la frase de Flaubert quizás porque, como dijo el mismo Sartre,“el infierno son los otros”.

Sartre, en este relato de la vida de Flaubert, se deja llevar por su percepción psicoanalista freudiana y antiburguesa marxista para crear una obra sesgada y sin rigor científico. En su texto, Sartre declara que la enfermedad oculta del escritor era una neurosis histérica y lo convierte a Gustave (que además había tenido dificultades para iniciarse en la lectura) en el  “idiota” de una familia burguesa y de buen pasar. Resulta que tanto el padre como el hermano mayor eran exitosos médicos, mientras que las convulsiones que  atormentaron a Gustave le impidieron terminar sus estudios de abogacía. Este “fracaso” lo convierte, según Sartre, en el idiota de la familia y Gustave busca consuelo y ocupación en la literatura.

El detalle que omite Sartre es que existen claras evidencias de que lo que sufrió Flaubert era epilepsia con convulsiones tónico clónicas  y ausencias  (petit mal) descritas por Maxime du Camp, amigo del autor  y testigo de sus crisis comiciales. Nada de histeria …

Según “Souvenirs littéraires” de du Camp, libro editado en octubre de 1843, con apenas cumplidos los 22 años, Gustave tuvo una convulsión frente a su hermano Aquiles, médico como ya dijimos, quien le realizó una flebotomía, único recurso terapéutico en esa época –de poca efectividad –. Las convulsiones se sucedieron y Gustave quedó en la casa familiar, donde su padre y su hermano intentaron distintos tratamientos (algunos bastante cruentos), pero sin resultados. Para el padre era un desgracia la enfermedad de su hijo en una época donde existían terribles prejuicios sobre la epilepsia… y prefirieron silenciar el padecimiento de Gustave.

Du Camp describió uno de estos episodios en que Flaubert bruscamente quedaba pálido y experimentaba una expresión como “si hubiese visto un fantasma”. Después comenzaba a convulsionar por varios minutos. Al terminar quedaba exhausto.

También le contó a su amigo que solía ver como un fuego en sus ojos que daba a las imágenes un tinte dorado amarillento, después lo  invadía un profundo cansancio que lo obligaba a echarse en la cama. Invariablemente decía incoherencias antes de caer en un profundo sueño que duraba varias horas.

En una carta a su amante Louise Colet, poetisa con quien mantuvo una larga relación epistolar y un tormentoso vínculo sentimental (que no culminó en matrimonio, pero dio lugar a su libro “Educación sentimental”), le cuenta sobre las alucinaciones que sufría y que “le hacían pensar que se había vuelto loco”.

“La muerte debe ser así”, escribió Flaubert, “cuando percibimos lo que nos está pasando” (Enero – 1847).

También describió ver “velas que están bailando”, que pueden interpretarse como un aura precomicial o de una jaqueca oftálmica (que no siempre se acompaña de dolor de cabeza).

Después de 1846, las convulsiones se hicieron menos frecuentes, fecha que coincide con la impensada muerte de su padre y hermana. Desde entonces vivió en la casa de la familia en Croisset donde, gracias a la herencia paterna, pudo vivir de rentas mientras escribía sus obras que se lo colocaron entre los grandes novelistas de la literatura francesa, especialmente por la  impecable “Madame Bovary”, una muestra de su meticulosa técnica del “not just” (la palabra adecuada) .

Lo interesante del caso es que, a diferencia de otros escritores que describieron la enfermedad o la hicieron padecer a alguno de sus personajes, Flaubert jamás la menciona en sus obras y raramente hace referencia en sus cartas y solo a sus íntimos (se conservan miles de cartas del escritor). ¿Cómo vivió el autor su afección? Pues, en sus palabras, la estudió científicamente, tomó “conciencia de la enfermedad como Mitrídates jugaba con los venenos ” (hace referencia a un rey del Ponto (-132 a. C.-63 a. C.) que ingería venenos en pequeñas dosis para inmunizarse ante la posibilidad de que sus enemigos lo intoxicaran).

El Dr. Tourneux atendió a Flaubert en sus últimos  años. El 8 de mayo de 1880  el doctor fue llamado urgentemente a la causa del artista a quien halló echado sobre un otomano en su biblioteca (que aún se puede visitar). Para entonces no parecía estar respirando, no había espuma en la boca, ni golpes. El doctor no encontró elementos para decir que había sufrido una convulsión.

Sin embargo, Maxime du Camp ofrece  una versión distinta de  los hechos, ya que dice que el sábado 8 Gustave había tenido una convulsión y que  había inhalado éter para evitar que se repitiese (el éter es un anestésico). Posteriormente sufrió una xantopsia ( experimentó una visión amarillenta, fenómeno que se da en individuos epilépticos y/o con intoxicaciones  con  algunos medicamentos, por ejemplo, Van Gogh también sufría xantopsia), se acostó y al rato se quejó de dificultades respiratorias, tuvo una convulsión y expiró.

Solo podemos tener suposiciones por la causa etiológica de las convulsiones porque no fue sometido a una autopsia (aunque la forma de muerte de Flaubert hoy seguramente termina en la morgue). Henri y Yvette Gastaut han estudiado exhaustivamente la historia del autor  y barajan la posibilidad de haber tenido algún tipo de malformación arteriovenosa que comprometía al lóbulo occipital, cosa que no pasa de una hipótesis.

Lo curioso del caso de Flaubert es que, a diferencia de Poe y Dostoyevski, jamás hace referencia a la epilepsia en su obra por más que tenía planeado escribir una novela llamada “La Spirale”. En una carta a Colet dice:  “Un día tendré mi venganza en un libro (una novela metafísica con espíritus de los que te he hablado). Aunque el tema me da escalofríos”.

El hombre que expuso las intimidades de una adultera, las memorias de un loco, exaltó a los cartagineses derrotados y relata los amores de un joven durante la revolución de 1848 (la misma que inspiró a “Los miserables” de Victor Hugo) mantuvo su epilepsia en secreto y pasó una vida apartada dedicada a la literatura, solitaria y cómoda que le dio el tiempo y el lugar para crear obras meticulosas de formas casi perfectas. “El estilo es la vida, la sangre vital del pensamiento”.

Ese era Flaubert, el escritor que negó su enfermedad y para quien el arte era, de todas las mentiras, la menos falaz.

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