Luces y sombras de Sir Francis Bacon, el “padre de la ciencia”

Pocos personajes históricos han sido tan versátiles como Francis Bacon (1561-1626): filosofo, político y podríamos decir que fue el primer científico empirista, además de ser un excelente escritor que algunos expertos le atribuyen a Sir Francis la autoría de varias obras del Cisne de Avon. En realidad, hay una lista enorme de autores que podrían explicar la prolífera obra de Shakespeare.

Pero vamos a dejar de lado la parte literaria para explayarnos sobre su búsqueda filosófica y científica, aunque no podamos evitar hacer alguna referencia a su accidentada carrera política que comienza por influencia de su tío, Lord Burghley (1520-1598), secretario personal de Isabel I y Lord del Tesoro.

Estudió leyes y fue agregado de la embajada inglesa en Francia, experiencia que le fue muy provechosa e inspiró su primer libro (“Notas sobre el estado de la Cristiandad”).

A la muerte de su padre, regresó a Inglaterra e ingresó en la Cámara de los Comunes. Se convirtió en un miembro del círculo del conde Essex, Robert Devereux, quien terminó ejecutado por orden de la que se supone que fue su amante (aunque sus súbditos la llamasen la Reina Virgen).

Su carrera política prosperó gracias a los favores de James I, un hombre interesado en la erudición que encontró en el joven Francis una mente superior. Gracias al favoritismo, se olvidó el pasado en común con Essex, se lo nombró caballero y Bacon, en agradecimiento, le dedicó al rey su “Tratado sobre la dignidad y el progreso de las ciencias”. En 1610 escribió “La nueva Atlántida”, su obra más conocida en vida, donde describe una sociedad utópica fundada en la ciencia y todo lo que pudiese servir al progreso de la humanidad.

Después de este libro, su carrera progresó en forma meteórica llegando al cargo de Gran Canciller en 1618. En ese cargo le tocó condenar a muerte a Sir Walter Raleigh –favorito de la reina Isabel que había nombrado las tierras de Virginia en su honor–.

En 1620, poco después de ser nombrado vizconde de Saint Albas y publicar su aclamado “Novum Organum” (un capítulo del libro, Instauratio Magna, donde expone los principios de la investigación científica), el poder del Bacon político colapsa por acusaciones de cohecho por el Parlamento.  Shakespeare (o quizás el mismo Bacon al que atribuían la obra del Cisne de Avon) hubiese dicho que padecía “an itching palm” (una palma pruriginosa).

Al parecer, Bacon se prestaba a encubrir los abusos del rey y Lord Buckingham que extraían fondos del erario públicos.

Años antes había mostrado poca lealtad hacia Lord Essex, a través de los años había escalado posiciones gracias a una asombrosa falta de escrúpulos y una vez llegado a la cima se había prestado a las desbocadas ambiciones que compartía con el rey y su amigo. Tan evidentes fueron estos desórdenes que una infinidad de testigos presentaron testimonio de las irregularidades y, finalmente, Bacon confesó por escrito su culpabilidad y fue encarcelado en la Torre de Londres.

Sin embargo, el rey acudió en su ayuda y lo exoneró de culpa y cargo, aunque ya había sido condenado a pagar una multa de 40.000 £, una cifra astronómica para la época. Bacon se retiró de la vida pública y se dedicó a escribir, meditar y observar la naturaleza, realizando distintos experimentos que le costaron la vida, pues interesado por ver cómo el frío conservaba los cadáveres de la putrefacción, tomó un enfriamiento que derivó en una neumonía y lo llevó a morir en su residencia de Highgate el 9 de abril de 1626.

Su transcendencia en el campo de la ciencia (o de filosofo natural, como le decían en su tiempo) se debe al impulso que dio al método inductivo, un concepto contrario al pensamiento aristotélica basado en la deducción –es decir, ir de principios generales a casos particulares–. Para Bacon, la ciencia experimental es la mejor forma de llegar a la verdad y para ello se necesita la evidencia experimental.

Según Bacon, había tres fuentes de conocimiento: la autoridad, la razón y la experiencia. La autoridad no es suficiente sin la razón, y esta no llega a la certeza sin la experiencia. De allí que la experiencia sobrepasa las otras fuentes de conocimiento, ya que consigue certeza y resultados que otras fuentes de conocimiento no pueden alcanzar. Además, la experiencia descubre los secretos de la naturaleza, aunque en el caso de Bacon, este empeño le jugó una mala pasada al querer estudiar como el frío mantenía al cuerpo de un conejo muerto. Sufrió enfriamiento y pocos días después moría de una neumonía. Lo que se podría llamar una mala experiencia.

Según Bacon, había tres fuentes de conocimiento: la autoridad, la razón y la experiencia. La autoridad no es suficiente sin la razón, y esta no llega a la certeza sin la experiencia. De allí que la experiencia sobrepasa las otras fuentes de conocimiento, ya que consigue certeza y resultados que otras fuentes de conocimiento no pueden alcanzar. Además, la experiencia descubre los secretos de la naturaleza, aunque en el caso de Bacon, este empeño le jugó una mala pasada al querer estudiar como el frío mantenía al cuerpo de un conejo muerto. Sufrió enfriamiento y pocos días después moría de una neumonía. Lo que se podría llamar una mala experiencia.

Ultimos Artículos

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

TE PUEDE INTERESAR

    SUSCRIBITE AL
    NEWSLETTER