Fray Cayetano Rodríguez y la poco conocida historia del himno que no fue

Salve, patria dichosa

Oh dulce patria, salve.

Y por siglos enteros

Se cuenten tus edades.

Libre e independiente

de tiranos rivales

Al tempo de la gloria,

te diriges constante.

Que bellos son tus pasos,

te los envidia Marte.

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El 21 de enero de 1823 moría Cayetano José Rodríguez, fraile franciscano, poeta, filósofo, docente y entusiasta defensor de las ideas de Mayo, quien once años antes, a instancias del regidor Manuel José García, había escrito estas estrofas para ser entonadas como marcha patriótica en los actos oficiales y en las escuelas. El maestro Blas Parera puso música a los versos escritos por este fraile, nacido en San Pedro en 1761.

¿Quién fue Fray Cayetano Rodríguez?

Cayetano se ordenó sacerdote en 1793 después de haber cursado teología y filosofía en la Universidad de Córdoba. De allí en más, se desempeñó como docente de física, lógica, metafísica y teología en distintos claustros a la vez que daba rienda a su vocación de poeta que encontró una fuente de inspiración en los acontecimientos históricos de nuestros primeros años de vida independiente.

Antes de la Revolución de Mayo, fray Cayetano cultivó una cálida amistad con Mariano Moreno, quien por entonces residía en Chuquisaca con la intención –fallida– de ordenarse sacerdote. Cuando Moreno dudó de su vocación, fue fray Cayetano quien lo consoló: “Sabiendo el desamparo en que te hallas…”.

Rodríguez continuó con su carrera poética y, en 1807, compuso una oda a los esclavos que tomaron las armas contra los británicos durante la primera invasión.

En los conciliábulos previos al pronunciamiento del 25 de mayo, fray Cayetano participó activamente en el trazado de los planes revolucionarios. Como premio a sus desvelos, fue nombrado director de la primera Biblioteca Pública. No podría haber estado en mejores manos.

La Plazoleta Blas Parera, en Recoleta, homenajea al autor de la música del Himno Nacional (Foto: Germán García Adrasti).

Los primeros triunfos militares actuaron como musa inspiradora, al igual que la temprana muerte de Mariano Moreno, a quien Fray Cayetano le dedicó un soneto que publicó bajo el seudónimo de “un argentino”. En esos tiempos era muy peligroso adherir a la causa morenista por temor a las represalias del bando de Cornelio Saavedra.

La marcha patriótica de Fray Cayetano Rodríguez

Volviendo a la marcha patriótica que le habían encomendado al fraile poeta, el texto musicalizado por el maestro Blas Parera fue aprobado por el Cabildo y estrenado el 1° de noviembre de 1812.

Sin embargo, la obra no logró despertar el fervor patriótico esperado. Por tal razón, la Asamblea del año 13 solicitó la creación de otra marcha patriótica que hiciese alusión al heroísmo de los nuevos argentinos y resumiera los ideales de la Revolución de Mayo. Además del fraile Rodríguez, fue invitado a este concurso el letrado Vicente López y Planes.

El 11 de mayo, don López presentó su obra, que obtuvo una entusiasta aprobación de los miembros de la Asamblea, incluido el mismo fray Cayetano Rodríguez. Cuenta la tradición que el fraile, al escuchar la versión de López y Planes, rompió el texto de su creación aprobando la letra del futuro himno de los argentinos.

Curiosamente, el autor de la música para ambas obras fue el catalán Blas Parera. Este era un modesto profesor de música que se ganaba la vida dando clases de piano y que alcanzó a ser el primer director de orquesta del Coliseo Argentino. Como era uno de los pocos músicos profesionales en Buenos Aires con conocimientos de composición, se lo convocó en varias oportunidades para musicalizar distintos sonetos, a lo que accedió sin reparos.

Sin embargo, la letra de Vicente López y Planes era, a los ojos de Parera, ofensiva para la madre patria, razón por la cual se negó a realizar ese trabajo que consideraba lindante con la traición. Los miembros de la Asamblea, en lugar de buscar otro compositor (que escaseaban), insistieron con don Blas a quien conminó a cumplir con el encargo.

Parera le puso música a los sonetos de López y Planes basándose en una pieza por él compuesta poco antes que, a su vez, se inspiró en el “Idomeneo, rey de Creta” de Mozart.

Muchos españoles coincidieron con la opinión de Parera y por años los representantes diplomáticos ibéricos se retiraban de los actos oficiales cuando se ejecutaba el himno, especialmente cuando se cantaba “a sus pies rendido un león”. Paradójicamente, le tocó al nieto de don Vicente (Lucio López, por entonces ministro del Interior) recortar la obra de su abuelo para evitar herir la susceptibilidad de la poderosa colectividad española.

Ante la hostilidad mostrada por las autoridades, Blas Parera prefirió volver a su tierra natal donde fue visto con suspicacia por las autoridades hispanas. El haber compuesto estos himnos revolucionarios no era su mejor carta de presentación. No se ha conservado la partitura que puso música a los versos de fray Cayetano. Blas Parera murió en Mataró, cerca de Barcelona, y fue enterrado en el cementerio local, aunque su tumba no fue individualizada, ni existe placa que lo recuerde.

Fray Cayetano Rodríguez asistió como diputado al Congreso de Tucumán donde participó en la declaración de independencia y continuó escribiendo poemas laudatorios inspirado en las victorias de San Martín, elaboró un elogio fúnebre a Manuel Belgrano, y combatió las reformas eclesiásticas propuestas por Rivadavia hasta su muerte en enero de 1823.

Jamás podremos olvidar a este talentoso religioso, varón virtuoso y modesto que sabía reconocer sus limitaciones, aunque estaba dispuesto a luchar por la religión que abrazaba y la patria que había asistido a gestar cantando las glorias del país naciente.

Fray Cayetano Rodríguez era, según Fidel López, el hijo de Vicente López y Planes, “un personaje honorable y un patriota sincero” que compuso el himno de los argentinos que nunca fue…

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Esta nota también fue publicada en TN

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