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miércoles, febrero 8, 2023

Thomas Nast, el hombre que mudó a Papá Noel al Polo Norte y le dio forma la Navidad

San Nicolás, nacido en Mirra, debió convertirse en San Nicolás de Bari cuando Mirra quedó bajo el dominio musulmán. La figura se popularizó por su generosidad con los niños y la costumbre de dar regalos en las fiestas navideñas. San Nicolás tuvo una nueva metamorfosis en 1624 cuando los holandeses fundaron a orillas del río Hudson la ciudad de Nueva Ámsterdam que al ser vendida a los ingleses pasó a llamarse Nueva York. No todo lo holandés se perdió en la permuta: le quedaron al lugar nombres como Harlem y el personaje del generoso obispo que ellos llamaban Sinterklaas.

Fue el escritor Washington Irving quien en su “Historia de Nueva York” rescata al personaje que pasa a llamarse Santa Claus, y a quien el poeta Clement Clarke Moore describe como un anciano excedido de peso que transporta regalos en un trineo tirado por ocho renos.

Quién fue Thomas Nast

Acá es donde aparece Thomas Nast (1840-1902), un alemán nacido en 1840 quien emigró hacia los Estados Unidos a temprana edad. Desde muy joven, mostró inclinación por el dibujo. Gracias a su talento logró a los 15 años empezar a trabajar como ilustrador en Leslie Illustrated, una de las revistas más famosas de la época. En ese tiempo, estudió a los primeros caricaturistas ingleses cómo William Hogarth y, especialmente, a John Tenniel, creador de Punch, la primera revista de humor político de Inglaterra y, a su vez, ilustrador de Alicia en el país de las maravillas de Lewis Carroll (seudónimo del predicador protestante y también profesor de matemáticas y lógica en Oxford, Charles Dodgson).

Thomas Nast fue el ilustrador de “Dibujos de Navidad para la humanidad”.

Siguiendo una línea política de denunciar la deshonestidad de funcionarios fue que logró sus primeros éxitos. Su bien ganado prestigio le posibilitó el ingreso a Harper’s Weekly, semanario en el que trabajó hasta casi el final de sus días.

En 1860, viajó a Europa y siguió la campaña de Garibaldi, recientemente vuelto de Sudamérica, para la unificación de Italia. Nast volvió a Estados Unidos en plena guerra civil y actuó como corresponsal de guerra reflejando con sus dibujos el fervor patriótico de los soldados federales. Abraham Lincoln afirmó que Nast era su mejor reclutador y el general Ulysses S. Grant sostenía que pocas personas habían hecho tanto como Nast para preservar la unión y lograr el fin de la guerra.

En Nueva York, gracias a sus dibujos en Harper’s Weekly, se pudo desenmascarar el accionar corporativo del senador William Marcy Tweed. Este se apareció en la revista a quejarse de los dibujos de Nast “porque la gente no lee estos artículos pero entiende a sus malditas caricaturas”. El palacio de Justicia de Nueva York, administrado por Tweed, costó el doble que la compra de Alaska en 1867.

A pesar de las amenazas, Nast continuó con sus denuncias y Tweed terminó sus días en la cárcel por corrupción y fraude.

Nast se convirtió en una celebridad y varios candidatos a presidente buscaron su apoyo, entre ellos Ulysses S. Grant, el general vencedor de la Confederación quien ya había expresado su aprecio por Nast. Y cuando fue electo Grant afirmó que debía está victoria “a la espada de Philip Sheridan y al lápiz de Thomas Nast”.

Peor la suerte no es eterna y la adversidad siempre esta acechando. El fuerte de Nast era su capacidad de reflejar la realidad y su opinión de esa realidad en sus dibujos pero no en las finanzas… Y una serie de reveses lo dejó de un día para el otro sin ahorros ni formas de ingreso.

Santa Claus y el aporte de Thomas Nast

Fue entonces que uno de sus amigos de la revista Harper’s Weekly le dio la idea de ilustrar un libro de Navidad. Así surgió por la adversidad, “Dibujos de Navidad para la humanidad”. Basándose en los textos de Clement Moore, Nast rescata la figura de San Nicolás e introduce a un Santa Claus viviendo en el Polo Norte –un lugar equidistante a los distintos países donde debía dejar sus regalos– (evidentemente Nast no pensaba que la Navidad podía festejarse en el hemisferio sur).

Santa Claus o Papá Noel en una de las ilustraciones de Nast (Imagen Flickr).

Los dibujos de Nast consagran una serie de tradiciones dispersas como símbolos universales de esta fiesta: las medias con regalos colgando de las chimeneas, el árbol, el muérdago… todo aquello que invadió los hogares y año a año se repiten como una tradición –es decir, esas costumbres que no se cuestionan y se reiteran sin conocer su origen ni su por qué–.

En 1901, Theodore Roosevelt, otro admirador de Nast, conociendo sus apremios económicos, le ofreció ser cónsul de Estados Unidos en Guayaquil, Ecuador. Llegó un año más tarde. El tórrido calor tropical no fue bueno para su salud y el 7 de diciembre de 1902 falleció por una infección no sin antes juntar el dinero para pagar sus deudas.

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