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lunes, agosto 15, 2022

El Taj Mahal: El día después de una gran historia de amor

El emperador Shah Jahan construyó el Taj Mahal en Agra, India, como tributo permanente a su amada esposa, Mumtaz Mahal, muerta en el parto de su decimocuarto hijo (solo 10 de sus vástagos sobrevivieron hasta la edad adulta). No fue la única gran obra arquitectónica del emperador mongol, ya que también construyó la Mezquita de los Viernes, y los Jardines de Shalimar.

El Taj Mahal fue terminado en 1653. Para construirlo se usaron mármoles que fueron extraídos de canteras distantes a 300 km de Agra. Se usaron para su ornamentación no menos de 30 piedras semipreciosas distintas. La leyenda cuenta que cuando el palacio fue terminado, Shah cegó y amputó las manos de los arquitectos para evitar que construyeran algo que opacara la majestuosidad del Taj Mahal.

Bajo el reino de Shah Jahan, el territorio del Imperio de expandió a punto de ser uno de los más extensos de su tiempo. Solo él podía tener a raya a los nobles y a sus belicosos hijos, pero sus fuerzas comenzaron a flaquear a causa de lo que dieron en llamar una intoxicación…

Shah Jahan

Afrodisíacos y codicia 

En realidad, el emperador intentaba atender los requerimientos amorosos de sus jóvenes parejas a fuerza de afrodisíacos que perjudicaron su salud, a punto de que todos temieran por su vida. Durante tres días estuvo imposibilitado de orinar, acompañada esta retención urinaria con un insoportable dolor que lo obligó a ingerir opiáceos (a lo que los hindúes llamaban Poutsa) que, en realidad, aumentaban las dificultades para vaciar su vejiga. Nadie esperaba que el emperador sanase y menos aún sus hijos que, antes de la muerte de Shah Jahan, comenzaron a disputarse el imperio. Mientras el pueblo pedía por la salud del emperador, sus hijos se mataban por adueñarse del imperio.

Su primogénito y preferido, Dara Shikoh, encabezaba a un grupo de nobles de ideas más liberales, mientras que su tercer hijo, Aurangzeb, era jefe del grupo más conservador. De los hermanos restantes, Muhammad se unió a Dara y Murad prefirió huir de esta lucha fratricida, en las que tenía pocas posibilidades de triunfar, dado que Aurangzeb era un experimentado general. En pocos días Aurangzeb mató a sus dos hermanos y entró en Agra, para descubrir que su padre se había repuesto de su afección afrodisíaca.

Aurangzeb, que había mantenido serias disputas con su progenitor en el pasado, le envió la cabeza cercenada de Dara y usurpó el trono, desatando en el imperio una guerra religiosa que causó millones de muertos en enfrentamientos y hambrunas.

Por 9 años, Shah Jahan languideció en el Fuerte Rojo de Agra, acompañado por su hija preferida, Jahanara Begum (quien se refería a su hermano Aurangzeb como “la serpiente blanca” por su tez clara). Desde su prisión, Shah podía contemplar el Taj Mahal, donde había enterrado al amor de su vida, madre del hijo que lo mantenía cautivo.

Shah consideraba que su obra estaba incompleta porque frente a este palacio blanco pensaba construir un palacio de mármol negro, con su propia tumba… pero el proyecto no llegó a materializarse. Al morir en 1688, su hijo Aurangzeb ordenó que el cuerpo de su padre yazga junto a su madre en el palacio que ordenó construir en su memoria. La tumba de Shah Jahan es la única que rompe la perfecta simetría del Taj Mahal.

Así concluye una historia de amor, con un final trágico que no siempre se recuerda, porque solemos evocar los momentos de esplendor y no así los dramas que ocurren después del apogeo. Quizás sea por esta razón que el filósofo bengalí Rabindranath Tagore describió al Taj Mahal como “una lágrima en la mejilla del tiempo”.

El Taj Mahal en 1865, fotografía de Felice Beato.

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