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miércoles, agosto 17, 2022

EL ÚLTIMO TEMPLARIO: La maldición de Jacques de Molay

Dios sabe quién se equivoca y ha pecado y la desgracia se abatirá pronto sobre aquellos que nos han condenado sin razón. Dios vengará nuestra muerte.

Estas fueron las palabras que el gran maestro de la Orden de los Pobres Caballeros de Cristo, más conocido como Caballeros Templarios, pronunció antes de ser quemado en la hoguera. Convencido de que había sido traicionado, lanzó una última maldición contra el Papa Clemente V y Felipe IV de Francia, instigadores de la terrible condena.

Traidores a la palabra dada, ¡os emplazo a los dos ante el Tribunal de Dios!

Tal la imprecación del maestro templario quien después de 7 años de cautiverio, torturas, de confesiones arrancadas a fuerza de golpes y sufrimientos había quedado reducido a un estado lamentable, una lejana sombra de este guerrero custodio del Santo Sepulcro.

 El 13 de mayo de 1306, Felipe IV expulsó a los judíos de Francia, ocasionando un deteriorado irreversible en la economía de esa nación. Las dificultades financieras obligaron al gobierno francés a  solicitar varios prestamos a la Orden de los Templarios, quienes a pesar de haber sido expulsados de Tierra Santa aún contaban con cuantiosos bienes.

La Caída de Acre debida a la inoperancia de Thibaud Gaudin – predecesor de Molay en la conducción de la Orden-–, la pérdida del Castillo del Mar en Sidón y las tomas de Haití y Beirut habían privado a los Templarios de sus fortalezas en Tierra Santa.

Thibaud murió en Chipre y le tocó a de Molay la conducción de la Orden. Bajo su mando los  Templarios reconquistaron Jerusalén. Sin embargo, estos esfuerzos fueron vanos, sus conquistas se desvanecieron y los miembros de la Orden debieron volver a Francia, donde Felipe IV, llamado “El hermoso”, conducía los destinos del país con mano dura. El obispo de Pamiers lo calificaba de bestia y el Papa Bonifacio VIII lo trataba de “falsificador”.

Felipe se dedicó a ordenar las finanzas de Francia aumentando la presión impositiva a  sus súbditos. Cuando pretendió cobrarle impuestos a  la Iglesia de Francia, tuvo un fuerte choque con el Papa quien no dudó en excomulgarlo, aunque después de algunas tensiones todo se solucionó mediante un compromiso.

El conflicto se mantuvo latente hasta que el obispo de Pamiers se insubordinó y entonces el rey no dudó en apresarlo y acusarlo de traición.

En realidad la ambición de Felipe era convertirse en la máxima autoridad terrenal,  investido de todos los poderes “para preservar la unidad de la fe”. Esta confrontación con el Vaticano se plagó de acusaciones mutuas de herejía y para buscar apoyo entre sus súbditos, Felipe  declaró los Estados Generales de Francia y además pidió prestado dinero a los Templarios.

La llegada de Clemente v al trono de San Pedro facilito el diálogo con el rey galo pero empeoró la relación de los Temlplarios con Felipe. Cuando los miembros de la Orden reclamaron su devolución, Felipe no dudó en acusarlos de impíos y herejes y apresar a de Molay y más de cien de sus caballeros acusados de “abomínales pecados contra natura”, con el apoyo del Papa.

Las  torturas se multiplicaron para obtener una confesión escrita a la que de Molay finalmente sucumbió a las presiones. Más tarde se desdijo por haberse visto obligado a declarar bajo tormento… pero ya era tarde, los bienes de la Orden se habían esfumado y más de 100 caballeros habían muerto en la hoguera.

Finalmente, el 19 de marzo de 1314, Jacques Bernard de Molay, vigésimo tercer Gran Maestre de la Orden de los pobres Caballeros de Cristo y el Templo de Salomón, fue condenado por los delitos de herejía, idolatría, simonía y blasfemia, a morir quemado en la isla de los Judíos, cerca de la catedral de Notre Dame.

“Es voluntad del rey y de su santidad que la Orden sea erradicada y su nombre maldito y olvidado”, declaró el verdugo, a lo que el caballero, casi sin fuerzas, respondió “Eso no le será tan fácil… Felipe y Clemente me mataron pero no me  impedirán morir con la cruz en el lugar que siempre ha estado” exponiendo una cruz que el mismo caballero había labrado sobre su piel. Fue arrastrado hacia la estaca donde seria quemado, pero pidió como último favor morir mirando a Notre Dame, cuyo perfil dibuja el  amanecer. Preso de una fuerza que llenó su espíritu ante el desenlace final, el gran caballero reducido a un manojo de huesos exclamó “Dios vengará nuestra muerte” y lanzó la maldición sobre Felipe y Clemente. “Habrán de morir antes que termine el año”, alcanzó a decir cuando el fuego quemaba sus piernas.

La venganza tomó cuerpo tal como el caballero templario lo había proclamado desde su suplicio . El 20 de abril del 1314 Clemente murió luego de una terrible agonía y poco después, Felipe moría de un derrame cerebral.

 Pero la maldición no se agotó en esta instancia y en quince años murieron los hijos y nietos de Felipe, llevando a la dinastía de los Capetos a un abrupto final después de 300 años de gobernar los destinos de Francia.

En el 2001 fue descubierto el Pergamino de Chinon donde el Papa Clemete V absolvió a los Caballeros de los cargos presentados en la Inquisición. Al parecer no fue suficiente para evitar la venganza.

En el 2011 el Papa Benedicto XII se disculpó por las falsas acusaciones y admitió que el papado había apoyado los asesinatos de los Templarios a pesar de no ser culpables.

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