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jueves, agosto 18, 2022

Los venenos de Madame de Montespan

Muchas amantes de monarcas fueron más poderosas que sus reinas. Arabella Churchill lo fue para Jacobo II de Inglaterra, al igual que Alice Keppel para Eduardo VII, Diana de Poitiers era la inspiración de Enrique II de Francia y Madame de Pompadour lo era para Luis XV.

Algunos monarcas coleccionaron amantes en cantidades asombrosas como Jorge IV de Inglaterra, que parece tener un record, habiendo conocido más de 400 damas. Felipe IV de España tuvo 40 amantes y Luis XIV de Francia, con apenas una veintena. Sin embargo, fueron estas amantes del rey Sol, las más conocidas en la historia y de ellas, la historia más destacada fue la de Madame de Montespan, una marquesa que recurrió a pócimas, conjuros y hechizos para conservar los favores del monarca.

Françoise-Athénaïs de Pardaillan Rochechouart de Mortemart, era hija del duque de Mortemart y esposa del marqués de Montespan. A los 25 años ingresó a la corte como dama de honor de María Enriqueta Estuardo, cuñada de Luis XIV. Inmediatamente, el rey posó sus ojos sobre la marquesa, una noche que bailó con ella. Esa noche madame se convirtió en la reina sin trono pero con lecho de Francia. Inmediatamente el rey trató de alejar al marqués. Éste, bajo protesta, se fue de París a una suerte de exilio interior en su propiedad. Para el marqués su esposa estaba muerta…de hecho, por un tiempo llevó luto por ella y tapizó su carroza de negro.

Mientras tanto, Athénaïs vivía en los apartamentos vecinos a los del monarca, decorados por François d’Orbay, con espaciosas habitaciones más grandes que las de la reina. No solo era la amante, se inmiscuía en los asuntos de Estado, tenía más poder que la reina, a la que trataba de forma inapropiada ya que el monarca, a pesar de las atenciones a madame, seguía frecuentando el cuarto de su esposa (circunstancia que irritaba mucho a la Montespan).

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Retrato de Madame de Montespan representada como Iris (atribuido a Louis Elle el Joven) (siglo XVII)

Retrato de Madame de Montespan representada como Iris (atribuido a Louis Elle el Joven) (siglo XVII)

La sola posibilidad de perder su posición de privilegio la hizo buscar a Atheneïs las formas más insólitas para retener el afecto y hasta la sumisión de Luis. La única forma que halló fue a través de elíxires que administraba de forma subrepticia al monarca. En la Corte comentaban que solo de esta forma podía tener al rey subyugado, porque para aquellos que la conocían era “el diablo hecho carne”.

Así es como comienza el “Asunto de los venenos” (Affaire des poisons), que llevó cinco años de investigación, y condujo a docenas de arrestos y la ejecución de 36 personas.

El asunto se inició con el juicio de la marquesa de Brinvilliers, acusada de envenenar a su familia para gozar de su herencia. El jefe de la policía, el implacable Monsieur de la Reynie, tuvo oportunidad de interrogar a varios sospechosos de vender venenos a distintos miembros de la Corte, utilizados para deshacerse de molestos cónyuges y rivales. En esta última categoría estaba la muy joven Marie-Angélique de Fontagnes, amante de Luis XIV al mismo tiempo que Athénaïs. Angélique murió en misteriosas circunstancias después de dar a luz a un vástago del rey.

Entre las personas interrogadas (y torturadas) por de la Reynie estaba La Voisin, una mujer con fama de bruja, quien implicó a varios miembros de la corte, incluida Madame Montespan. La Voisin confesó haberle provisto de afrodisíacos y participado de misas herejes, en las que se derramaba sangre de niños recién nacidos sobre el cuerpo desnudo de la amante del rey.

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Impresión  de un retrato de La Voisin sostenido por un diablo alado (siglo XVII).  La Voisin fue la figura central del asunto de los venenos.

Impresión de un retrato de La Voisin sostenido por un diablo alado (siglo XVII). La Voisin fue la figura central del asunto de los venenos.

Si bien nadie puede asegurar que esa fuese la composición del elixir de amor de Montespan, o si el rey en algún momento lo bebió, La Voisin decía que esta pócima tenía sangre de niños degollados, sangre menstrual de Athénaïs, sangre de murciélago y grasa de un ahorcado, corazón de un ave negra y la infaltable mandrágora.

De la Reynie llevó adelante una escrupulosa investigación gracias a sus refinados métodos de tortura que aseguraba testimonios fidedignos… y exagerados, pero que coincidían en señalar a Madame Montespan como integrante de los miembros de la Corte que abusaban de los beneficios del veneno para dar fin a viejas rencillas.

Abrumado por las pruebas, el rey ordenó que todos aquellos que habían acusado a la favorita se retractasen bajo pena de peores castigos. No deseaba que su amante y madre de seis de los 17 hijos que tuvo, sufriese prisión. A de la Reynie se lo escuchó murmurar al oír la orden del rey. “La enormidad de sus crímenes ha sido su salvación”.

Madame de Montespan fue expulsada de la Corte. Sin saber donde ir, buscó el perdón de su marido, en vano. Terminó sus días en un convento, víctima de una sobredosis de tártaro emético – un vomitivo que seguramente La Voisin utilizó en algunas de sus pociones aptas para eliminar maridos molestos y heredar fortunas –. Al enterarse de su fallecimiento, el rey dijo que para él ya estaba muerta al momento de abandonar Versalles También le prohibió a los hijos habidos con Montespan observar luto por su madre.

Así llegó a su fin una de las cortesanas francesas más odiada por nobles y súbditos, por la Iglesia e intelectuales como Voltaire y Rosseau. Fue este último quien afirmó que la odiosa frase atribuida a María Antonieta – casada con Luis XVI –; “Si no tienen pan que coman tortas”, fue pronunciada por la Montespan esta amante acaparadora y obsesiva, que se valió de venenos y ritos satánicos para mantener lo único que la sostenía en este mundo: el amor de un hombre poderoso, pero a un precio muy alto.

Su castigo fue el olvido. Uno solo de sus hijos fue al entierro, los demás se desentendieron de la marquesa que había cometido tantos pecados malditos.

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