Margaret Morris: pedagogías del cuerpo, modernidad y militancia danzante

Nacida en Londres el 10 de marzo de 1891, hija del pintor William Bright Morris[i] y Emily Victoria Maundrell, Margaret Eleanor Morris creció entre idiomas, lienzos y escenarios improvisados. A los seis años ya participaba en una pantomima: gesto inaugural de una vida destinada a la teatralidad. Su paso por compañías shakesperianas la colocó como bailarina principal en la troupe de Frank Benson[ii] (1907), experiencia que la situó en la bisagra entre la tradición escénica eduardiana y el deseo de ruptura. La influencia de Raymond Duncan[iii] resultó decisiva: frente al corsé académico del ballet clásico, la propuesta de las “seis posiciones griegas” ofrecía un vocabulario corporal basado en la totalidad muscular y el equilibrio, mucho más cercano a la arqueología performática que a la repetición virtuosa. Morris no imitó: tradujo, filtró, reconfiguró.

En 1910, con apenas diecinueve años, compuso la Danza de las Furias para el Orfeo de Gluck, producción en la que además diseñó vestuario y escenografía. El éxito fue inmediato. Al mismo tiempo, sostuvo una breve relación con John Galsworthy[iv], quien financió su primera escuela de danza en St Martin’s Lane. Pero reducirla a musa financiada sería otra injusticia patriarcal: Morris no sólo fundó escuelas (desde 1910 proliferaron por Inglaterra y Escocia), sino que concibió una pedagogía integral que articulaba danza, artes visuales, anatomía, música y, más tarde, aplicaciones terapéuticas.

Su militancia sufragista es un capítulo clave: donó a la Women’s Social and Political Union, se afilió a la Liga de Franquicias de Actrices y llevó a sus Dancing Children a eventos para recaudar fondos en favor del voto femenino. En 1911 diseñó la portada de la partitura de la Marcha de las Mujeres de Ethel Smyth[v] y Cicely Hamilton[vi]. La imagen —mujeres y niños marchando entre colinas tras una bandera de “Votes for Women”, en colores púrpura, blanco y verde— no sólo traduce la iconografía de Walter Crane[vii]: reescribe el lugar del cuerpo femenino como fuerza política en movimiento.

El legado de Morris no se agota en la danza artística. A partir de los años veinte su interés derivó hacia la educación integral y la salud corporal. Fundó en 1922 la primera escuela en Inglaterra que combinaba currículum académico con formación profesional en danza y teatro. Sus métodos de respiración y movimiento fueron aplicados en contextos tan diversos como la enseñanza a niños con discapacidades, la recuperación postoperatoria, el acompañamiento prenatal y posparto, y el entrenamiento deportivo especializado. Para 1937, su sistema ya había sido reconocido oficialmente como “relevante para la salud de la nación”, un hecho insólito en un contexto donde la gimnasia masculina era la norma y la danza femenina, sospechosa de frivolidad.

El propio quinto marqués de Cholmondeley celebró su Entrenamiento físico básico (1937), validando que una mujer —y bailarina— produjera conocimiento sobre deporte, anatomía y pedagogía, un terreno tradicionalmente masculino. La paradoja es evidente: la nación que apenas le reconocía el derecho al voto admitía que sus ejercicios eran necesarios para la regeneración física de la ciudadanía.

Desde su relación con el pintor J. D. Fergusson[viii], compañero de vida y cómplice artístico, Morris consolidó un proyecto híbrido: danza y artes visuales en diálogo, performances en festivales veraniegos, colaboraciones transdisciplinarias. Juntos participaron en la Liga de las Artes al Servicio (1919), movimiento que pretendía democratizar la cultura tras la Primera Guerra Mundial. Ya en Glasgow, tras 1939, la pareja se integró al ecosistema artístico local, contribuyendo a fundar el Ballet Celta (1947) y, fugazmente, el Ballet Nacional Escocés (1960).

Morris fue también pintora prolífica, con un estilo deudor del fauvismo de Fergusson, y autora de libros fundamentales como Margaret Morris Dancing (1925), My Life in Movement (1969) y The Art of J. D. Fergusson (1974). Es decir: escritora de teoría y memoria, además de practicante.

Margaret Morris murió en Glasgow en 1980. Pero su sistema, su pedagogía y su traza militante permanecen como recordatorio de que la modernidad artística no fue sólo un asunto de vanguardistas masculinos ni de genios aislados. Fue también —y aquí el acento feminista es ineludible— un proceso encarnado por mujeres que, como Morris, imaginaron un cuerpo capaz de bailar, curar, educar, militar y crear comunidad. La historiografía de la danza, demasiado ocupada en narrar genealogías patriarcales, ha demorado en reconocer su papel. Es hora de situarla en el centro: Margaret Morris no fue una nota al pie de Isadora Duncan[ix] ni una epígona de vanguardias masculinas, sino una herejía danzante que, con sus furias, se atrevió a imaginar otro futuro para el cuerpo.



[i] William Bright Morris fue un pintor de paisajes, retratos y género; nació en Salford y posiblemente estudió en Mánchester; miembro del Real Instituto de Pintores de Óleo; expuso en la Galería Grosvenor, Arthur Tooth & Sons, la Galería de Arte Walker, la Sociedad de Artistas de Birmingham y el Instituto de Bellas Artes de Glasgow. Diversas fuentes indican la fecha de su fallecimiento: 1896, 1900, 1912 e incluso 1920. Su obra se conserva en la Galería de Arte Dulwich, la Galería de Arte de la Ciudad de Mánchester, el Museo y Galería de Arte de Salford y la Galería de Arte Walker de Liverpool.

[ii] Frank Weston Benson, conocido con frecuencia como Frank W. Benson, fue un artista estadounidense originario de Salem, Massachusetts, conocido por sus retratos realistas, sus pinturas impresionistas estadounidenses, sus acuarelas y grabados.

[iii] Raymond Duncan fue un bailarín, artista, poeta, artesano y filósofo estadounidense, y hermano de la bailarina Isadora Duncan.

[iv] John Galsworthy fue un novelista y dramaturgo inglés. Sus obras más notables incluyen La saga de los Forsyte, una serie de 12 novelas y relatos que escribió desde 1906 hasta 1934.

[v] Ethel Mary Smyth fue una compositora inglesa y una de las líderes del movimiento sufragista.

[vi] Cicely Mary Hamilton fue una actriz, escritora, periodista, sufragista y feminista británica, que formaba parte de la lucha por el sufragio femenino en el Reino Unido.

[vii] Walter Crane fue un artista inglés nacido en Liverpool que participó en el movimiento Arts and Crafts. Realizó pinturas, ilustraciones, libros para niños, mosaicos, y otros objetos decorativos.

[viii] John Duncan Fergusson fue un artista y escultor escocés, considerado como uno de los principales artistas de la escuela de pintura de los coloristas escoceses.

[ix] Angela Isadora Duncan, conocida como Isadora Duncan, fue una bailarina y coreógrafa nacida estadounidense, considerada por muchos como la creadora de la danza contemporánea.

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