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miércoles, febrero 8, 2023

La increíble relación entre San Martín y un oficial inglés que protagonizó el célebre “motín del Bounty”

En octubre de 1812 el capitán Peter Heywood atracó su nave, el HMS Nereus, en la rada de Buenos Aires. No era la primera vez que estaba en esta ciudad, en 1807 lo había hecho al mando de la fragata HMS Polyphemus a cargo de los refuerzos alistados por el general Robert Crawford para el segundo asalto británico a la capital del virreinato. Después del fracaso de la invasión, Heywood volvió a Europa, pero en 1810 fue enviado, una vez más, al Río de la Plata, al mando del ya citado Nereus. En la oportunidad se presentó ante el Dean Funes para mediar por los reclamos de los comerciantes ingleses y ante el gobierno porteño. Su gestión ante el virrey de Elio sirvió de puente amistoso para facilitar el canje de prisioneros.

Heywood volvió en 1812, dada su experiencia y contactos, como enviado por el gobierno británico para informar a Lord Melville sobre la situación política en la ex colonia española. En la oportunidad tuvo una entrevista con un teniente coronel que había llegado recientemente de España, quien, a pesar del poco tiempo transcurrido, había participado frente a sus bisoños granaderos del reclamo hecho por “un grupo de ciudadanos” que solicitaba la convocatoria a un Cabildo abierto y la deposición de los triunviros a fin de “proteger la libertad del pueblo”. Fue así cómo Heywood conoció a José Francisco de San Martin y Matorras, futuro padre de la patria.

Retrato de Peter Heywood, uno de los amotinados del HMS Bounty por John Simpson (1782-1874) que se encuentra en el Museo Nacional del Mar del Reino Unido

Heywood traía el ofrecimiento del ministro Castlereagh de actuar como mediador en el conflicto con España ya que los ingleses creían que la separación de la metrópoli dejaría a las excolonias con “una independencia nominal”. En realidad, en ese entonces, Gran Bretaña y España eran aliadas contra Napoleón y Heywood tenía la misión de disuadir a los patriotas de continuar con sus luchas libertarias. No tuvo éxito y hasta llegó a pensar que una tercera invasión sería la solución a este conflicto.

Llegada de José de San Martín al puerto de Buenos Aires, en marzo de 1812.

En el interín, Heywood levantó una carta marina del River Plate, como llamaban los ingleses a nuestro río, indicando vientos, mareas y canales navegables. Por años fueron usados como mapas de referencia.

Como dijimos, San Martín, un oficial con fluidas relaciones con el ejército británico, se entrevistó con este marino que tenía en su pasado una terrible marca en su foja de servicios que casi le cuesta la vida… había participado de un motín que fue motivo de varias discusiones dentro de la Royal Navy y dio lugar a libros, debates y películas: el motín del Bounty.

Quince años antes de navegar las traicioneras aguas del River Plate, Heywood, entonces un adolescente, había navegado las más vistosas aguas del Pacífico como guardiamarina del HMS Bounty a las órdenes de quien sería el tristemente célebre comodoro William Blight.

Retrato de William Blight por John Condé, que se encuentra en el Museo Nacional del Mar del Reino Unido

La expedición tenía una finalidad científica y estudiaba la adaptación de los “árboles de pan” a las colonias caribeñas, donde podrían servir de alimento para los esclavos.

La navegación se prolongó más de lo deseado porque no pudieron acceder al Pacífico por el Cabo de Hornos, razón por la cual debieron llegar al Índico vía el Cabo de Buena Esperanza y después de cinco penosos meses de navegación atravesaron el Pacífico hasta Tahití. Durante la permanencia en esta isla paradisíaca, la tripulación confraternizó con los nativos y, especialmente, con las nativas. Esta cohabitación, a veces promiscua, aumentó la incidencia de enfermedades venéreas y la relajación de las costumbres. Blight trató de corregir la situación con mano dura y castigos físicos. Para cuando el Bounty inició su retorno a Inglaterra, la cadena de mandos estaba a punto de quebrarse y Blight, más paranoico que nunca, acusó a Fletcher Christian, quien se desempeñaba como segundo a bordo, de robo e ineptitud. Fletcher, embargado por la vergüenza, pensó en desertar, pero los demás miembros de la tripulación lo instaron a encabezar un motín el 28 de abril de 1789, apresando a Blight.

El motín del HMS Bounty, pintura de Robert Dodd de 1790 que muestra el momento en que el capitán Blight y sus hombres son dejados a la deriva en el Pacífico y se encuentra en el Museo Nacional del Mar del Reino Unido

Cuando decidió dejar al capitán a la deriva en el bote del Bounty, casi la mitad de la tripulación decidió seguir a Blight quien, gracias a su experiencia como miembro de la expedición del capitán Cook, pudo superar los 6500 kilómetros que lo separaban del asentamiento neerlandés en las islas Timor. Allí llegaron en tan malas condiciones, que 8 de los 19 hombres que acompañaban a Blight, murieron antes de llegar a Inglaterra.

Mientras tanto, la relación de los insurrectos no era tan armónica como habían pensado y decidieron secuestrar a un grupo de nativos (13 mujeres y 7 hombres) y llevarlos hasta la remota isla de Pitcairn, donde se instalaron.

Peter Heywood prefirió permanecer en Tahití, donde aprendió el idioma y las costumbres locales que incluían tatuar su cuerpo, una extraña costumbre entonces que solo usaban criminales y marinos, no oficiales de la Armada.

La réplica del Bounty, un cúter de guerra que fue objeto de un célebre motín. Fue incendiado en la isla de Pitcairn, en el Océano Pacífico

Cuando Blight llegó a Inglaterra reportó la escandalosa conducta de los insubordinados y el HMS Pandora fue enviado en búsqueda de los amotinados que aún vivían en Tahití. Heywood fue uno de los 20 marinos capturados. A poco de zarpar, el Pandora se hundió y murió gran parte de la tripulación, pero Heywood y otros 10 insubordinados lograron salvarse. Después de miles de peripecias llegaron a Inglaterra, donde fueron juzgados. Heywood fue condenado a la horca, pero recibió un indulto real. Sus otros compañeros no tuvieron tanta suerte.

Por años los demás amotinados vivieron en las islas de Pitcairn, aunque no encontraron el paraíso que habían soñado. La mayor parte de ellos murió por los conflictos internos y rivalidades que surgieron en esta estrecha convivencia. Ninguno de ellos fue juzgado, porque para cuando los encontraron ya habían fallecido.

Peter Heywood continuó con una distinguida carrera en la marina británica, convirtiéndose en un personaje destacado en su país.

Mercedes Tomasa San Martín fue recibida por la mujer de Heywood, Frances Jolliffe, quien la tomó bajo su protección y le consiguió lugar en un prestigioso instituto de enseñanza británico para señoritas

Cuando San Martín visitó Inglaterra en mayo de 1824 en compañía de su hija Mercedes, fue a visitar a viejos amigos como James Paroissien y García del Río, pero también tomó contacto con Heywood, quien para entonces se había casado con Frances Jolliffe. La Sra. Heywood tomó bajo su protección a la hija del general argentino y le consiguió un lugar en un instituto de señoritas donde quedó pupila. No debe haber sido fácil este cambio de vida porque Mercedes no hablaba inglés… pero se adaptó y así vivió por dos años con las visitas periódicas de su padre y la solícita atención de la esposa de un marino sublevado en los mares del sur quien cubría con su uniforme azul los tatuajes que se había hecho durante su permanencia en Tahití.

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Esta nota también fue publicada en Infobae

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