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sábado, noviembre 26, 2022

La muerte precavida: John Donne (1572-1631)

Aquí yace un rey que gobernó como creyó necesario la universal monarquía del ingenio

Epitafio de Thomas Carew para la tumba de John Donne

Aunque había nacido en el seno de una familia católica, John Donne se convirtió al protestantismo en 1590. El rey Jacobo I decidió premiar sus actividades literarias con el vicariato de Saint Paul, la catedral de Londres.

Desde muy joven, la muerte ejerció sobre Donne una irresistible atracción. Sus primeros versos abundaban en imágenes de tumbas y entierros. Melancólico por naturaleza, solía frecuentemente escribir sobre el suicidio. Donne predicaba ante sus feligreses que, bajo ciertas circunstancias, el suicidio era algo no solo recomendable, sino loable. Esta opinión, como era de esperar, suscitó grandes controversias que envolvieron al reverendo Donne en más de una apasionada discusión.

En 1623, una seria enfermedad lo hizo meditar al vicario de Cristo sobre su propia finitud y documentó estos pensamientos en un nuevo libro al que tituló Devoción en ocasiones emergentes. Fue allí donde escribió las célebres palabras que, años más tarde, Hemingway haría propias: “No preguntes por quién doblan las campanas. Suenan por ti”.

Hacia 1631, sintiéndose morir, pronunció su último sermón, el sermón de su propio funeral, que fue publicado bajo el nombre de Donde vive la muerte. Después vistió la mortaja que usaría de allí en más y se hizo retratar luciendo esta indumentaria mortuoria. Hombre precavido hasta el final, John Donne dejó en orden sus asuntos mundanos, se despidió de sus amigos y se acostó dentro del ataúd donde la muerte no tuvo la oportunidad de sorprenderlo, porque ya sus ojos se habían cerrado.

Sobre la lápida que cubre sus restos se escribieron estos versos:

Reader, I am to let thee know,
Donne’s body only lies below;

For could the grave his soul comprise,
Earth would be richer than the skies.

***

Lector! Te haré saber a ti
Solo el cuerpo de Donne yace aquí;
Pues si acaso la tumba su alma comprometiera,

Más rica que los cielos sería la tierra.

TEXTO EXTRAÍDO DEL LIBRO: TRAYECTOS PÓSTUMOS (Olmo Ediciones)

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