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miércoles, octubre 5, 2022

La División Azul, una deuda pendiente de Franco a Hitler

Francisco Franco sentía que tenía una deuda con Hitler por la colaboración de Alemania durante la guerra civil, pero durante la reunión en Hendaya, el generalísimo le había contestado con evasivas al Führer, sacándolo de quicio a punto tal que Hitler declaró que prefería que le arrancasen tres muelas sin anestesia antes de volver a ver al español. Sin embargo, cuando Alemania invadió Rusia, a Franco se le presentó la oportunidad de devolverle los favores prestados durante la guerra civil sin afectar demasiado la neutralidad de España. A tal fin reclutó un ejército de voluntarios con experiencia de combate, que llegó a aportar más de 40.000 soldados. Se llamó la División Azul por la camisa que usaban bajo el uniforme alemán, aunque técnicamente fuese la 250° División de Infantería de la Wehrmacht.

Voluntarios españoles de la División Azul marchando hacia sus destinos.

Fue el ministro de Asuntos Exteriores, Ramón Serrano Suñer (cuñado de Franco) quien sugirió la idea al caudillo. Enseguida una multitud de voluntarios cubrió las vacantes para pelear contra los bolcheviques. Los oficiales sí debían ser de carrera y casi todos fueron ex combatientes. También se sumaron algunos portugueses y unas docenas de rusos exiliados dispuestos a pelear contra los bolchevique.

En tren atravesaron toda Europa, pero al llegar a Rusia debieron marchar casi 900 kilómetros en largas y extenuantes jornadas. Pronto surgieron problemas entre la disciplina germana y la desorganización hispana (Hitler llegó a calificarlos de “andrajosos”). Estos confraternizaban con las jóvenes judías, con los prisioneros rusos y sobre todo que no cumplían con los estrictos protocolos de vestimenta alemana pero pronto estas desinteligencias quedarían atrás cuando los miembros de la División Azul entraron en combate y mostraron su coraje inquebrantable en acción.

Soldados de la División Azul confraternizando con una enfermera alemana.

Después de un tiempo en Smolensk, el grueso de las tropas españolas fueron destinadas al sitio de Leningrado. Fue una larga lucha de posiciones en medio de un frío paralizante que tocaba los -40°. Su máxima exposición llegó el 10 de febrero de 1943 cuando cuatro mil españoles detuvieron el avance de 40.000 soviéticos en Krasni Bor, una pequeña población a 30 kilómetros de Leningrado. La determinación de los españoles impidió el colapso de la línea alemana. El general al mando era Emilio Estaban Infante, uno veterano de la guerra civil quien sostuvo el ataque soviético que incluía cientos de tanques, mil cañones y cientos de morteros. En un momento estos jóvenes, en su mayoría falangistas, hicieron suya la consigna de los republicanos que pelearon en el Ebro… “¡No pasarán!”

Cinco días más tarde la División Azul había sufrido más de 3500 bajas, un 70% de las tropas que habían entrado en acción (uno de los números más altos de la contienda), pero los soviéticos habían tenido más de 11.000 bajas. los españoles sostuvieron el cerco de Leningrado y demostraron coraje y determinación…

Debido a estas cuantiosas pérdidas, el régimen franquista retiró esta División Azul que fue condecorada por los altos mandos alemanes. El mismo Führer debió desdecirse y reconocer públicamente el coraje de los españoles. Alemania otorgó 4.732 condecoraciones entre los voluntarios.

A lo largo del conflicto las bajas de la División Azul sumaron 22.7000, casi 4.000 muertos, 320 capturados, 8500 heridos y 1600 congelados. Solo 200 de los españoles capturados volvieron a su país en 1954.

Mientras españoles falangistas daban su vida en las heladas estepas rusas, un grupo de combatientes republicanos era del grupo de soldados del general Leclerc que tomaron el cuartel general alemán en Paris. Tanto uno como el otro mostraron la fiereza del soldado español.

En el 2004, tanto españoles de la División Azul como miembros de la División Leclerc desfilaron juntos como símbolo de unión de los españoles que habían “depuesto sus diferencias” aunque la polémica continua, porque estas desavenencias ideológicas no se zanjan con un desfile, ni con reuniones de camaradería, ni en un dialogo abierto. Solo el tiempo, el mucho tiempo diluye las pasiones..

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