19.9 C
Buenos Aires
miércoles, octubre 5, 2022

La Perichona, mujer audaz que supo ser amante del Virrey Liniers

María Micaela Villegas y Hurtado de Mendoza (1748-1819) jamás conoció a Marie Anne Périchon de Vandeuil O´Gorman (1777-1847) pero la celebridad de Maria Micaela por su sonado romance con el virrey de Perú, Manuel de Amat y Junyent (1704-1782) enlazó sus destinos cuando Marie Anne se convirtió en amante del virrey Liniers.

A María Micaela la conocían en las calles de Lima como “la Perricholi”, por asonancia Marie Anne fue llamada “la Perichona”. Nada las vinculaba más que el escándalo y su belleza.

Fue el virrey Amat quien la bautizó con este nombre cuyo origen es motivo de especulaciones. Hay quienes dicen que proviene del catalán, Petixol, es decir “pequeña joya” pero la historia más conocida da cuenta de una acalorada disputa entre los amantes que concluyó cuando el virrey notablemente enfurecido, la llamó “Perra chola”. La historia trascendió y la pacata sociedad limeña comenzó a llamar a Micaela Villegas, una popular actriz, como “la Perricholi”. 

Las Perichona de Vandeuil llegaron al Río de la Plata huyendo de la furia revolucionaria francesa. El padre, Esteban Armando, hombre de cierta posición llegó al puerto porteño con tres hijos, la bella Marie Anne, veintisiete esclavos y suficiente mercadería para iniciar un próspero negocio que la llevó a instalarse en Corrientes. 

Pero fue la escandalosa relación entre Marie Anne y Liniers la que catapultó a la familia a participar de los grandes negocios del virreinato. El primer escollo a salvar fue el matrimonio de Marie Anne con un oficial británico llamado Thomas O´Gorman, sobrino del célebre creador del Protomedicato en el Río de la Plata, que nada quería saber con este consumado sablista (uno no escoge a sus parientes). El matrimonio con Anne se había consumado en 1792 en la Ville de Port Louis pero, por razones que permanecen oscuras, se separaron y este Thomas había llegado al Río de la Plata con intenciones de rehacer su pareja, pero las conductas erráticas del joven, sus conexiones con el contrabando y la relación con los invasores británicos impidió el avenimiento de los cónyuges, así que Thomas debió irse y Marie Anne se relacionó con un enigmático personaje, James Florence Burke, según algunos, espía británico, para otros promotor de una lógica masónica que apuntaba a la independencia y para algunos un decidido Carlotista que quería imponer a la hermana de Fernando VII y reina del Brasil como monarca del virreinato. Quién sabe si no eran las tres cosas a la vez …

Pero lo que marcó la vida de Marie Anne transcurrió el 12 de agosto de 1806 cuando ella arrojó un pañuelo al paso del victorioso Liniers, por entonces un viudo de 50 años, quien quedó prendado de la damita. Con su sable levantó el pañuelo y se lo devolvió a Marie Anne con un gesto galante. Así comienza una tormentosa relación sobre la que se han volcado océanos de tinta.

¿Era la Perichona tan liviana de cascos como la describía don Martín de Alzaga, el acérrimo enemigo de Liniers? Además de Perichona, por evocar a la amante limeña del virrey, le decían “la petaquita” por ser una mujer menuda, pero “bella, ardiente y volcánica” y también le decían “la Madama” por regir un vínculo de poderosos alrededor del virrey quien, por falta de carácter, nada le negaba. Los hermanos Vandeuil ocuparon un lugar de privilegio cerca de Liniers, de hecho, uno de ellos, Juan Bautista, se casó con una hija del virrey –María del Carmen Rosario Liniers y Sarratea–, a pesar de estar prohibido por las estrictas, pero a menudo inútiles, leyes de las Indias.

Después de tantas intrigas, dimes y diretes James Burke le dirigió una carta a Liniers donde relataba los desmanes de la bella francesa y la conflictiva relación entre Anne y Carlota. Después de tanto escándalo, Liniers decidió enviar a su alborotadora amante a Río de Janeiro, donde continuó agregando nuevos amantes a su extensa lista. Entre ellos incluyó al todopoderoso ministro inglés, Lord Strangford, quien también mantenía un romance con la reina Carlota. Esta, al enterarse de las andanzas de la Perichona ordenó su inmediata expulsión quien debió volver a tierras porteñas a cuidar a sus hijos que se convirtieron en prósperos estancieros y figuras de la sociedad de Buenos Aires, mientras ella se mantenía alejada de los asuntos mundanos y su belleza se marchitaba entre las paredes de su casona donde le contaba sobre esos pasados tiempos de gloria a su nieta Camila O’Gorman.

Esta nota también fue publicada en Perfil

Recomendamos leer “Santiago de Liniers: el fusilamiento del “Conde de la Lealtad” y la lucha entre sus hijos por los restos”

Las más leídas