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viernes, diciembre 2, 2022

La cárcel de De Gaulle

La prisión no le era ajena al entonces capitán Charles André Joseph Marie de Gaulle, durante la campaña de Champagne las autoridades francesas lo habían arrestado tres veces por insubordinación. Al joven capitán le costaba recibir órdenes con las que discrepara y menos aun si estas consideraban retroceder ante el enemigo. En mayo de 1916, marchó al frente de su regimiento, el 33 de infantería, hacia Verdún. Allí le tocó estar a cargo de la defensa de Dounaumont, un puesto estratégico que fue prontamente atacado por los alemanes. Después de haber perdido a muchos de sus hombres decidió romper el cerco con una carga a la bayoneta. Era “una misión imposible”, pero el joven oficial, que no tenía esa palabra en su vocabulario; cayó prisionero y permaneció en esa situación por largos 32 meses, hasta el fin de la contienda. En ese tiempo, leyó, estudió y meditó profundamente. “Un león está formado por los corderos que ha digerido y yo he estado leyendo toda mi vida” solía decir.

Aprendió los secretos de las tácticas aéreas junto a Roland Garros –célebre piloto y compañero de penurias carcelarias– (que alcanzaría la inmortalidad por dar nombre a una de los torneos de tenis más célebres del mundo) y escuchó sobre las tácticas sorpresivas del futuro mariscal ruso Mijaíl Tujachevski que las denominaba “operaciones de profundidad”.  Curiosamente, sería Tujachevski quien inspiraría en oficiales alemanes la célebre Guerra relámpago o blitzkrieg que haría colapsar la defensa francesa al inicio de la Segunda Guerra Mundial.

Mijaíl Tujachevski

De Gaulle y Tujachevski no solo compartían su amor a la patria y una encomiable vocación de servicio, ambos habían sido capturados después de una meteórica carrera que había tachonado sus pechos de medallas. Los dos habían sido capturados tratando de enfrentar un número superior de enemigos. Tujachevski había sido capturado cerca de Lomza, cuando su compañía fue rodeada por los alemanes y, al igual que el francés, trató de abrirse paso, aunque fue capturado.

Tanto Tujachevski como De Gaulle intentaron escapar de las prisiones alemanas en las que habían sido confinados en cuatro oportunidades. Por esta razón es que ambos coincidieron en la cárcel del castillo de ciudad bávara de Ingoldstad, casi en el corazón de Alemania. La ubicación de esta prisión  haría que en caso de  escapar, les fuese imposible volver a sus líneas sin ser detectados (especialmente en el caso de De Gaulle que medía 1.90).

El futuro general francés debió esperar al fin de la guerra para volver a su país, sin embargo, Mijaíl Tujachevski, después de un quinto intento, pudo regresar a Rusia meses antes de la Revolución de 1918, donde se destacó por su conducción en el Ejército Rojo.

De Gaulle colmó sus ansias marciales destacándose como instructor de la infantería polaca durante el enfrentamiento con Rusia (1919-1921). Allí fue condecorado con la Orden Virtuti Militari, el máximo galardón entre las medallas del ejército de ese país. La carrera de De Gaulle continuó con varios sobresaltos por su carácter altanero (“todo hombre de acción tiene una fuerte dosis de egoísmo, orgullo, dureza y astucia”) y las frecuentes discusiones que tenía con el general Philippe Pétain –héroe de la Primera Guerra quien apoyó las iniciativas de su protegido a pesar de sus discrepancias que se hicieron irreconciliables cuando el mariscal decidió pactar con los nazis para hacer el gobierno títere de Vichy–.

De Gaulle se encargó de llevar adelante el gobierno en el exilio de la Francia libre contra viento y marea ganándose la antipatía de varios lideres aliados (especialmente después de la fallida batalla de Casablanca). Pero, a pesar de no tener credenciales políticas ni contar con un gran ejército que lo respaldara, su determinación le hizo ganar a Francia un puesto dentro de la orquesta de las naciones. Decía el general francés: “Cuando tengo razón me enojo. Churchill se enoja cuando se equivoca. Estamos enojados uno contra el otro la mayor parte del tiempo”. Su arrogancia rindió sus frutos que se cristalizaron con la victoria sobre los nazis.

Winston Churchill y De Gaulle – 1944.

No podemos decir lo mismo de sus compañeros de prisión. Roland Garros fue ultimado por aviones alemanes poco después de lograr escaparse de la prisión. Tujachevski llegó a general en 1919, y a él se le encargó de la represión de los marinos de Kronstadt y los campesinos del Volga. Escribió no menos de 120 artículos y libros sobre la modernización del ejército y el uso de tanques y aviones en los que evocaba sus charlas con De Gaulle, e inspiraron en el general alemán Heinz Guderian el concepto de guerra relámpago.

Lamentablemente los enfrentamientos contra el grupo stalinista le granjearon la antipatía del líder soviético.  Tujachevski, Primakov y Putna, tres de los oficiales de más jerarquía en el ejército soviético fueron acusados de espías de la Alemania nazi y fusilados al día siguiente del veredicto en 1937.

“Solo los mejores son asesinados”, dijo De Gaulle, refiriéndose al final de su compañero de pasiones y pesares.

“La historia no nos enseña fatalismo. La voluntad de los hombres libres rompe el determinismo y abre nuevos caminos”, sostenía este hombre que llevó sobre los hombros la honra de Francia en su peor momento… “porque la gloria se entrega solo a aquellos que siempre han soñado con ella”.

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