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sábado, mayo 28, 2022

La trágica historia de la colposcopía

La colposcopía junto al Papanicolaou han permitido prevenir y tratar uno de los canceres ginecológicos más agresivos. El desarrollo de este microscopio para el estudio de afecciones ginecológicas fue desarrollado por Hans Hinselmann (1884-1959), uno de los más destacados ginecólogos de su tiempo, egresado de la célebre Universidad de Heidelberg, formado en algunos de los servicios más distinguidos de la Alemania de principio del siglo XX que era sinónimo de prestigio mundial. La colposcopía –ese microscopio que se usa en el examen ginecológico– tiene fecha de nacimiento: marzo de 1924. Con la colaboración de un óptico Hinselmann logró cambiar la distancia focal y así exponer el cuello del útero con más facilidad para su examen. Por años juntó experiencia clínica, pero necesitaba una correlación anatomopatológica para detectar cuáles eran las lesiones incipientes o precancerosas. A tal fin era esencial relacionar las imágenes con la histología. A la vez usaba distintas tenciones, como la fluoresceína con diferentes fuentes de luz para ver cómo se tenían y de esa forma se hacían más evidentes. Hasta acá, la historia de Hinselmann es la de un investigador perseverante y metódico, pero la imposición de las leyes raciales por los nazis le otorgó la oportunidad de ampliar sus estudios… y no tuvo ningún prurito para franquear esos límites entre la ética y el horror.

El premio era el reconocimiento académico. El problema era, ¿a qué costo?

Desde 1935 Hinselmann fue el cirujano responsable de esterilizar a miles de gitanas extirpándole el útero que después analizaba para establecer vínculos entre las lesiones microscópicas con lo que él podía ver en el colposcopio.

Para profundizar sus estudios contó con la colaboración de un ginecólogo que era oficial de la SS y llevaba adelante sus estudios en Auschwitz.

Eduard Wirths, un médico amable y estudioso, había adherido a las teóricas reciales del nacionalsocialismo y en defensa de la raza aria estaba dispuesto a “extirpar el cáncer de las razas inferiores” que incluía judíos, gitanos, hijos de Jehová y esclavos. Curiosamente, como colaborador de sus estudios había elegido a un reconocido ginecólogo de origen judío, el Dr. Edward Samuels que había sido recluido en ese tenebroso campo de concentración, por las leyes raciales.

Wirths extirpaba el cuello de útero (conización) aun en lesiones mínimas para proveer al Herr Professor con especímenes para sus correlativos clínicos quirúrgicos. Pero estas operaciones eran realizadas en mujeres débiles y enfermas, sin protocolo de esterilidad con lo que aumentaban los índices de infecciones y muertes. Como el Dr. Samuels era testigo de estás aberraciones, el puntilloso Dr. Wirths no tuvo problema de enviar a su leal colaborador a la cámara de gas .

Wirths fue capturado por los británicos y optó por suicidarse antes de enfrentar los juicios de Núremberg que condenaron a los médicos que habían participado en experimentos en humanos. Nueve de ellos fueron ejecutados y varios condenados a años de prisión (que no siempre cumplieron en su totalidad). Entre ellos estaba el Dr. Hinselmann quien reconoció que actuó bajo las órdenes de las autoridades sanitarias. Fue condenado a tres años de prisión y limitado el ejercicio de su profesión.

Hinselmann viajó extensamente por América Latina donde aprendió a hablar español y portugués. En Río de Janeiro le fue concedido un diploma de doctor honoris causa por su trabajo para la prevención del carcinoma de cuello de útero. En Argentina fue Alfredo Jakob quien introduce la colposcopia después de visitar a Hinselmann en 1932. No han quedado registros de su visita al país.

Fue en notable científico, en  vida publicó más de 300 trabajos y llegó a ser postulado para el Nobel.

Murió en Hamburgo de un infarto a miocardio en 1959.

No dejó descendencia porque sus dos hijos murieron en Stalingrado.

Hans Hinselmann integra la lista de médicos alemanes como Wegener o Reiter quienes acreditaron su prestigio científico sobre el dolor y las atrocidades, cometidas por un régimen violento y sectario.

Muchos de los adelantos que la medicina nazi logró en esos años trágicos se hubiesen logrado tarde o temprano. Muchos científicos notables colaboraron con el régimen, un signo indiscutible que el acumulo de títulos académicos no necesariamente nos convierte en mejores personas, sobretodo si las ansias de prestigio (el hubris) o el dinero obnubilan nuestro juicio ético .

Hoy la información está disponible pero no es gracias a Hinselmann, ni Wirths, ni sus colaboradores sino al sufrimiento de mujeres indefensas.

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