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lunes, octubre 3, 2022

La Mesopotamia, donde comenzó todo

     La primera civilización nació de un grupo de agricultores, los sumerios (también llamados en la época “gente de cabeza negra”), que además de desarrollar la agricultura y el comercio establecieron las primeras leyes y normas de organización comunitaria. También desarrollaron la alfarería, las actividades textiles y el trabajo del metal. En relación a esto último, hacia 3300 a.C. descubrieron que mezclando en forma proporcionalmente precisa el cobre y el estaño se obtenía el bronce, inaugurando la Edad de Bornce. Esta aleación resultó fundamental para la  fabricación de diversos utensilios y armas, así como un gran desarrollo de la orfebrería, lo que incluyó la fabricación de joyas, medallas, esculturas, monedas.

     Es a partir de la cultura sumeria que se instalan los calendarios “lunisolares”. Los sumerios dividieron el año en doce ciclos lunares; esto no coincidía con el año solar (que era más largo), así que añadían un mes cada cuatro años para compensar. Más tarde, fueron los babilonios quienes fraccionaron el día en 24 horas y la hora en 60 minutos. El calendario sumerio inspiró los calendarios de otras civilizaciones como las de los hebreos, los egipcios y los griegos.

     Mientras los sumerios sembraban por el sur de la Mesopotamia, hacia el 2600 a.C. los asirios aparecían en el norte, dando origen a otra de las importantes civilizaciones del vecindario mesopotámico.

     Pero en el barrio siempre hay un pandillero mayor, y en este caso fue el acadio Sargón I (Sargón el Grande), que en 2271 a.C. conquistó a sumerios y asirios, fundando el primer imperio de la historia: el imperio acadio. Sin embargo, en “sólo” 180 años este imperio resultó arrasado por la sequía y por los ataques de los gutis; así comenzaron los llamados “Años Oscuros de la Mesopotamia”. Los gutis (un pueblo del este del Tigris, que habitaba en los montes Zagros) impusieron su poder en la Mesopotamia durante aproximadamente un siglo, hasta que fueron vencidos por el último rey de la dinastía sumeria de Uruk, Utu-hegal (Utukhegal), lo que llevó a la “resurrección” política de la ciudad sumeria de Ur, que volvió a hacerse con el poder.

     Hacia 1894 a.C., los amorreos (un pueblo semita nómade y belicoso de la región de Siria, Canaán y el oeste del río Éufrates) fundaron la ciudad-estado de Babilonia, terminaron de sepultar al imperio acadio y comenzaron a imponer condiciones en la región. En este contexto llegó Hammurabi, rey babilonio que gobernó entre 1792 a.C. Y 1750 a.C., quien a fuerza de espada y de impuestos unificó las diversas ciudades-estado de la Mesopotamia bajo su gobierno, asirios incluidos. Su código de leyes (el famoso “Código de Hammurabi”) sistematizó y puso en orden las normas previas observadas por los sumerios, asirios y acadios.

     El Código de Hammurabi contempla muchísimas leyes sobre todos los rubros penales y civiles imaginables, y como todos los códigos de este tipo, despiertan polémicas y discusiones. Vale la pena echar un mínimo vistazo rápido al mismo, como para ponernos a tono con la época…

… las mujeres son propiedad de los hombres; la violación de una mujer, por lo tanto, es considerada y castigada como un daño a la propiedad privada.

… si alguien acusa a otro por homicidio pero no puede probarlo, el acusador es castigado con la muerte.

… si un hombre libre le rompe un hueso a otro hombre libre, se le romperá a él también ese hueso.

… si un hombre maltrata a su padre, se le amputarán las manos.

… si un esclavo golpea en la cabeza a un hombre libre, se le cortará una oreja.

… si alguien golpea a una mujer libre y la hace abortar, pagará diez siclos de plata; si la mujer muriera, se matará a la hija del agresor.

… si se declara un incendio en la casa de alguien y quien acude a apagarlo se apropia de algún bien del dueño de la casa, será lanzado al fuego.

… si alguien da refugio en su casa a un esclavo o a una esclava fugitivos y no lo entrega a su dueño, será castigado con la muerte.

… si una cantinera vendiera bebidas a un precio excesivo será castigada a morir ahogada.

… el adulterio es considerado un crimen por parte de la mujer.

     Hay cientos de entencias más, pero de eso (entre otras cosas) se trataba.

   Tras la muerte de Hammurabi el imperio babilonio empezó a contraerse, como era de esperar. Desde el norte, los asirios no tardaron en recuperar su autonomía; desde el sur, los casitas (provenientes del sudoeste de Irán) comenzaron a hostigar. Y desde lo que hoy es Turquía y oeste de Siria aparecieron los hititas, unos recién llegados bastante poderosos, que tenían carros de combate que marcaban diferencia a su favor y que conocían la forma de utilizar el hierro; así nacía la Edad de Hierro, hacia 1300 a.C.

     Lo que quedó de Babilonia fue gobernado por los casitas, que a esa altura estaban en permanente estado de guerra con los vecinos, sobre todo con los asirios. En 1235 a.C., el rey asirio Tukulti-Ninurta I quemó la ciudad y se nombró rey; casi un siglo después, los elamitas, que también provenían del sudoeste de Irán, como los casitas (¿por qué no se habrán juntado los dos pueblos, ya que venían del mismo lugar, así no se peleaban tanto…?) tomaron el poder. Babilonia parecía un botín al mejor postor (o al mejor armado).

     Hasta que en 1124 a.C. llegó Nabucodonosor I y derrotó a los elamitas, haciendo resurgir el imperio babilonio. Bajo su reinado, Babilonia volvió a alcanzar prestigio político, económico y cultural. Quiso hacer algo parecido a Hammurabi expandiendo el imperio, pero los asirios, incorregibles, lo impidieron. Y hacia 1070 a.C., las permanentes invasiones asirias, con el agregado de incursiones nómades de arameos y caldeos, llevaron a Babilonia a un período de anarquía. Para entonces, los protagonistas de la zona pasan a ser los asirios, los siempre díscolos y poderosos vecinos del norte, que ocuparon Babilonia y se expandieron agresivamente: inundaban las ciudades que invadían desviando sistemas de riego, despellejaban vivos a sus prisioneros o cautivos, eran absolutamente impiadosos en sus conquistas.

     Si bien los asirios tenían el poder político, en Babilonia se mantenían, en la vida cotidiana, las costumbres culturales del pueblo babilónico, particularmente la deshinibición sexual: el sexo en la vía pública era algo normal, el transvestismo y la prostitución eran comunes y el culto más reverencial era hacia Ishtar, la diosa de la fertilidad.

     El período más importante del dominio asirio se dio bajo el reinado de Asurbanipal, entre 668 a.C. y 627 a.C., quien una vez más saqueó Babilonia y tuvo que derrotar y matar a su propio hermano para sostener su poder. Luego de la muerte de Asurbanipal, las guerras civiles asolaron a los asirios. Aprovechando el momento propicio, el caldeo Nabopolasar llegó al poder en Babilonia, y su hijo Nabucodonosor II (Nabucodonosor el Grande), que gobernó entre 604 a.C. y 562 a.C., fue el gobernante más importanyte de la dinastía caldea en Babilonia. Conquistó lo que hoy es Siria, Israel y Palestina. Destruyó el templo de Jerusalén, y eso lo llevó a tener una mala imagen en las tradiciones judías y en la Biblia. Construyó los Jardines Colgantes de Babilonia y construyó el zigurat de la ciudad, enorme templo en el que estaría basado el relato bíblico de la Torre de Babel.

  Así arrancó la civilización (es un decir) humana en el planeta. Como vemos, las primeras civilizaciones conocidas no desarrollaron su historia de manera muy diferente a las innumerables generaciones que siguieron a lo largo de los siglos: la cuestión, como siempre, es pelearse, invadirse, matarse. Cambian los pueblos, los nombres, los lugares, los idiomas, las épocas, pero no la esencia. Nunca.

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