La Prensa: la historia de un diario influyente

José Clemente Paz, un joven de sólo 27 años, fundó el 18 de octubre de 1869 La Prensa, un diario que se convertiría con el tiempo en uno de los más poderosos e influyentes de la prensa argentina, de América y del mundo.

A finales del siglo XIX, La Prensa representó una novedad para la época en la Argentina. Buscó desde un primer momento no mezclarse con ambiciones personales ni ideologías políticas. Desde el primer número, aparecido aquel lunes de octubre a las tres de la tarde, estableció que no contaba con respaldo económico alguno, ni subvenciones, ni subscripciones. Y publicó un aviso que pedía “muchachos” para repartir los periódicos. Paz sólo contó con un capital de $ 35.000.

Comenzó a editarse en la imprenta “Buenos Aires”, de la calle Moreno 73, entre Bolívar y Perú, propiedad del poeta y amigo de Paz, Estanislao del Campo. Años después, Paz adquirió esa imprenta vendiendo una propiedad que había recibido su esposa de herencia.

En sus inicios, el diario tuvo sólo una hoja de poco más de medio metro de alto por 37 centímetros de ancho, impresa en el anverso y reverso. Luego aumentaría el tamaño (70 por 50 centímetros) y el número de páginas a cuatro.

En su primer editorial estableció: “La independencia, el respeto al hombre privado, el ataque razonado al hombre público y no a la personalidad individual formarán nuestro credo. Verdad y Libertad: he ahí nuestro punto de partida. Libertad, progreso, civilización, he ahí el fin único que perseguimos. No nos guía ningún móvil mercantil. Abrigamos la confianza de conservar la independencia suficiente, a más de la que nos es característica, para poder ser intérpretes genuinos de la opinión pública”.

A los dos meses de su aparición la circulación ya era de 700 ejemplares. Los amigos de Paz de la facultad de Derecho solían recorrer los bares porteños, a modo de publicidad, y pedían por el nuevo diario. A partir del 6 de julio de 1871 se transformó en matutino.

Una de las innovaciones que introdujo en el periodismo de la época fue la sección “La noticia del día”, a la que otorgó un interés inusitado, pues la prensa en esos tiempos se preocupaba especialmente del editorial polemista. También estableció el recuadro “Ultima hora”, y la autopromoción bajo el título “Gran triunfo de La Prensa”, donde destacaba una primicia dada el día anterior.

La primera primicia llegó a los pocos días de salir a la calle: en el marco de la guerra franco-prusiana, cuando todos los diarios daban a Francia como el triunfador de la batalla de Mezt, La Prensa informó que fue el Reino de Prusia el que se quedó con la victoria. ¿Cómo hizo? Con su sagacidad, Paz fletó un vapor hacia Montevideo para esperar la llegada de primer buque portador de la prensa europea con las novedades. Así se ahorró los dos días que tardó en arribar dicho buque al puerto de Buenos Aires.

Otra las novedades que instaló La Prensa fue el aviso publicitario chico, de profesiones, servicio doméstico, etcétera. Así logró el liderazgo en el ramo.

En 1873, la empresa trajo de Europa una máquina de reacción Alouzé, siendo una de las primeras de ese sistema introducidas en el país. En 1874 dejó de salir por un período de tiempo debido a la revolución contra Avellaneda. Paz se convirtió en uno de los protagonistas de aquellos violentos acontecimientos.

10 mil ejemplares por hora

El 11 de diciembre de 1883 se imprimió el primer ejemplar con las nuevas máquinas rotativas de Marinoni, también la primera que vino al Río de la Plata, adoptando el formato de 8 páginas que solía llegar a 18. En 1886 adquirió una segunda rotativa. Cada máquina tiraba 10.000 ejemplares por hora. En 1887 ya salían a la calle más de 17.000 ejemplares.

El 1º de enero de 1889, La Prensa adquirió una rotativa Hoe, de origen estadounidense, con una mayor capacidad de producción y velocidad. Ya en 1903 tenía una tirada de 115.000 diarios, y en 1901, de 150.000.

El 28 de mayo de 1899 quedó inaugurado, con una gran fiesta en beneficio del Patronato de la Infancia, el histórico edificio de La Prensa en la Avenida de Mayo, entre Perú y Bolívar.

Allí se instaló la dirección, la redacción, la administración y los talleres. También comenzaron a funcionar consultorios médicos gratuitos, escuela de música y también consultorios de carácter jurídico, agrícola, ganadero, químico e industrial. A principios del siglo XX ya contaba con su propio telégrafo y oficina de correos.

También quedó habilitada una biblioteca pública con más de 75 mil volúmenes, inauguró su primera sucursal en Europa (en París), varias en el interior del país y en los diferentes barrios porteños.

La sirena

En la década del 20 comenzaron a publicarse la sección rotograbado, primero en sepia y después en colores.

Una de los elementos innovadores con que contó “El palacio” de Avenida de Mayo, como se lo llamó entonces, fue “La Farola” que se convirtió en un símbolo porteño; y la sirena que sonaba para anunciar acontecimientos importantes. La primera vez que los porteños escucharon su sonido estremecedor fue el 29 de julio de 1900 para anunciar la muerte de Humberto I, rey de Italia, que cayó asesinado por un anarquista.

En 1934 se inauguró el edificio de Azopardo y Chile para la composición, impresión, fotograbado, y donde funcionaban los talleres generales de mantenimiento y depósito de las bobinas de papel. Sede donde continúa funcionando el diario en la actualidad.

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A lo largo de la historia, vale recordar, se registraron ediciones extraordinarias que alcanzaron cifras récord, como la del 9 de julio de 1934: 725.321 ejemplares salieron a la calle aquella jornada.

La Prensa no tuvo una relación óptima con líderes populares. Criticó desde un primer momento a la administración de Hipólito Yrigoyen. Pero su momento más difícil transcurrió a partir del gobierno militar instaurado por la Revolución de 1943 y durante los dos primeros gobiernos peronistas. Dejó de salir entre el 26 de abril y el 1º de mayo de 1944 por un comentario realizado sobre el “ahorro en los hospitales municipales”. Luego, en 1951, ya durante el gobierno de Perón, fue confiscada y expropiada. Una comisión parlamentaria tomó posesión del diario y fue entregada a la CGT. Tras la “Revolución Libertadora” fue devuelta a sus dueños.

En plena dictadura militar (1976-1983) fue el único diario que publicó una lista con nombres de desaparecidos. En 1982 dio la primicia mundial de la recuperación de las Malvinas.

En cuanto a la dirección del diario, José C. Paz estuvo al frente de La Prensa desde la fundación hasta su muerte en 1898. Lo sucedió su hijo Ezequiel P. Paz en el período 1898-1943, luego se haría cargo su sobrino, Alberto Gainza Paz (1943-1977). Máximo Gainza (1977-1993) -el bisnieto de José C. Paz- fue el último miembro de la familia en ocupar la dirección del diario.

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