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sábado, mayo 28, 2022

Vidas sin aliento: Día Mundial del Asma

El asma es una afección pulmonar crónica por un espasmo de los bronquios que dificulta la entrada de aire ocasionando una “sed de aire” una asfixia con sensación de muerte inminente, un cuadro estresante y angustiante que se evidencia con un silbido de sus bronquios, una sibilancia reconocida aún a metros de una asmático.

Es una afección con factores genéticos, ambientales u ocupacionales que suele comenzar en la infancia y tiene un componente psicosomático.

Obviamente existen sustancias que desencadenan crisis asmáticas, pero existe una clara relación entre la ansiedad, la depresión (hasta 4 veces más) en aquellos que sufren esta afección.

Por ejemplo, en España se estima que el 11.5% de la población es depresiva. Cuando el asma tiene un inicio precoz, el 12% de los asmáticos tienen componentes depresivos, pero este porcentaje sube al 20% cuando el inicio de la enfermedad es tardío. Otros estudios han demostrado que la depresión precede al asma, ya que en estos casos el aumento del cortisol y las catecolaminas provocan respuestas inmune anormales con la inflamación de la vía aérea superior.

También la exposición a situaciones violentas o abusos en la infancia aumenta la posibilidad de sufrir asma.

Un detalle no menos es que un estudio ha revelado que casi el 40% de los atendidos por una crisis asmática eran consumidores de cocaína o heroína.

Se estima que 300 millones de personas padecen asma en el mundo (y que 250.000 mueren anualmente por esta afección o cuadros relacionados).

Enfermedad compleja y multifacética, afecta a las personas y al medio que los rodea y en más de una oportunidad vuelcan su experiencia traumática en obras de valor artístico.

Para comenzar, vale recordar que el célebre director de cine Martin Scorsese una vez dijo “Yo fui un niño con asma inducido a creer que no conseguiría gran cosa en la vida”. La afección a muchos de ellos los hacer crecer asilados, sobreprotegidos por los padres, como en el caso de Marcel Proust, un acorralado prisionero del asma que modeló su existencia en función de su enfermedad. Curiosamente su padre, un médico conocido, escribió: un libro sobre “El tratamiento de la neurastenia”, probablemente influenciado por las experiencias de su hijo, un niño débil, enfermizo y frágil, impedido para seguir las aventuras de sus congéneres, de allí su retraimiento que llegó a reclusión en los últimos años de su vida. Las primaveras y los otoños eran sus enemigos, el polen de las flores: el inexorable agresor de su respiración. “Solo puedo ver la vida a través de un vidrio”. Y también a través de un cristal veía la decadencia burguesa, la hipocresía y las pasiones que retrata en sus libros de esa sociedad francesa fina y culta pero al borde del snobismo.

Ambrose Bierce compartía con Proust ese escepticismo sobre la humanidad pero en forma más cruda y descarnada a la que definía con una “Especie tan sumida en la ensimismada contemplación de lo que piensa que a menudo se olvida plantearse lo que evidentemente debería ser”. También compartía con Proust el asma que le daba una perspectiva oscura de las cosas –basada en su casi espantosa experiencia existencial–, de allí su “cuentos negros”, sus “cuentos inquietantes”, sus “cuentos de soldado” y su” diccionario del diablo”  que se encarga de difundir su necesidad como autor “de saber y tener siempre presente que este es un mundo de idiotas y rufianes atormentados por la envida, consumidos por la vanidad, egoístas, falsos, crueles y bajo la maldición de sus propias ilusiones”: Sin embargo no tuvo ganas de terminar sus días por mano propia y lo hizo uniéndose a las tropas de Pancho Villa, no por considerarlo un héroe ni adherir a sus ideales (que Bierce estaba seguro que no los tenía por considerarlo algo más que un ladrón) sino porque al adentrarse como un gringo en Méjico era lo más parecido a una eutanasia. Nadie sabe a ciencia cierta si murió en batalla o fue fusilado o escapó del infierno de la guerra para meditar sobre el funesto destino del hombre entre whisky y sibilancias de su bronco que lo dejaban sin fuerzas y esa sensación de ser un vecino de la muerte ….

Dickens, un asmático crónico, consumía opio para aliviar su arma, al igual que hoy hay quien usa marihuana (THC) para combatirla. En la novela “David Copperfield” uno de sus personajes, Mr. Oner, era asmático como el autor.

Joseph Pulitzer se dedicó al periodismo después de pelear la guerra civil. Hizo una fortuna y esto le permitió consultar con los médicos más prestigiosos del mundo en los que no encontró la ansiada curación. Lo único que paliaba su desesperada necesidad de cura era dormir a la noche en la cubierta de su yacht.

Hubo músicos como Vivaldi, Beethoven, Bernstein y Schoenberg que llevaron adelante sus obras de gran aliento, pero sin aliento. Vivaldi debió dejar de dar misa y eso le dió más tiempo para dedicarse a la música .

Hubo actores con asma y entre ellos se destaca Liza Minnelli quien pudo hacer carrera como cantante a pesar de sus limitaciones.

Muchos notables deportistas como Beckman y varios medallistas olímpicos como el multipremiado Mark Spitz son asmáticos y casi todos comenzaron a practicar deporte, en parte, para combatir esta afección. Muchos de ellos encararon la enfermedad como un contrincante al que no debían hacer concesiones.

Y si de contrincantes hablamos, fueron varios los políticos que padecieron asma.

Bill Clinton, Theodore Roosevelt, John F, Kennedy y Ernesto Guevara, entre otros.

Lo que si es curioso es que no hay muchos pintores asmáticos o al menos el único conocido es Francis Bacon, quizás –y es solo una aventurada opinión– porque muchos pigmentos y elementos como la trementina favorecen la aparición de crisis asmáticas.

Dicen que el asma tiene los mismos síntomas que la pasión. Ambos te dejan sin aliento, pero el asma dura más… En este momento hay millones de personas que tienen dificultad para respirar (son entre el 5 y el 10 porciento de la población), una sensación espantosa que no siempre recibe la compresión de las personas que no lo han sufrido, porque como otras enfermedades que se dan en personas de “aspecto normal” –como la hipoacusia, el Síndrome de Méniere o trastornos obsesivos– los que los rodean no siempre aprecian su problema.

Los asmáticos viven pendientes que de un momento al otro, algo que nos parece tan abundante como el aire, les falta y empiecen a sufrir esa asfixia con sensación de muerte. Por eso el Día Mundial del Asma tiene como objetivo concientizarnos de esta enfermedad que afecta a muchas personas que conoces.

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