Todo comenzó con el Marqués de Olinda

El 10 de noviembre de 1864 recaló en el puerto asunceño el vapor “Marqués de Olinda”, buque de una compañía brasileña de navegación, que hacía viajes por los ríos Paraná y Paraguay.

Venía a bordo el coronel Federico Corneiro de Campos, con el propósito de llegar a Corumbá para ocupar su flamante cargo de gobernador del estado de Mato Grosso.

El buque llevaba, además, un grueso cargamento de armas (unos 2.000 mosquetes) y los fondos del gobierno. Al atardecer del día siguiente, el “Marqués de Olinda” levó anclas rumbo a su destino.

Desde abril de 1863, el ambiente político regional se venía enturbiando: En el Uruguay, ocupaban el poder los conservadores (blancos), con Bernardo Berro en la presidencia. La oposición estaba dirigida por Venancio Flores (colorados), quien tuvo destacada actuación en la batalla de Pavón, en la que los porteños, encabezados por Mitre, habían derrotado a los confederados de Urquiza.

Flores se había levantado contra el gobierno de Berro, con el apoyo del gobierno argentino y los liberales del Brasil. En el Paraguay, el presidente Francisco Solano López adhería a la causa de Berro, pues consideraba que un gobierno conservador en el Uruguay, era una garantía para la independencia del Paraguay. Esa fue la razón por la que ante la intervención del gobierno brasileño (motivada por supuestas injurias sufridas por súbditos brasileños por parte de ciudadanos uruguayos), el presidente López aceptó mediar a favor del gobierno de Berro.

La situación fue agravándose rápidamente, desembocando en un ultimátum brasileño al gobierno uruguayo. El gobierno paraguayo protestó airadamente y se empeñó en acelerar los aprestos militares.

En momentos en que se desarrollaba ese estado de cosas, es que ocurrió la llegada del “Marqués de Olinda” al puerto asunceño, con su ilustre pasajero, los fondos del gobierno matogrosense y el cargamento de armas.

En represalia por la acción brasileña contra el gobierno conservador uruguayo, y enterado López por medio de un uruguayo, espía suyo del cargamento del buque, ordenó al comandante del buque insignia paraguayo Tacuary, capitán Remigio Cabral, la captura del “Marqués de Olinda”, y su retorno a Asunción.

El buque brasileño llevaba una ventaja de unas 300 millas, pero el Tacuary era más veloz y pudo darle alcance. Eso ocurrió el 12 de noviembre de 1864, hace exactamente 140 años.

Al amanecer del día siguiente, ambos buques entraban al puerto asunceño. El representante diplomático brasileño en Asunción, Viana de Lima, protestó por el hecho, pero la explicación que la cancillería paraguaya le dio fue que desde el día anterior estaban rotas las relaciones con el Brasil, por lo que no se permitiría la navegación de ningún buque de esa bandera por los ríos del país.

Ante la situación, Viana de Lima solicitó la provisión de su pasaporte y la de los demás funcionarios de la legación, y el permiso para embarcarse en el buque retenido. El 15 de diciembre le fueron entregados los documentos, pero no el permiso de embarcarse, pues, le dijeron que el “Marqués de Olinda” era botín de guerra, con la tripulación hecha prisionera y confiscado su cargamento.

Tampoco se le permitió embarcarse en ningún otro buque surto en el puerto, por lo que el diplomático y los demás funcionarios se vieron ante la posibilidad de regresar a su país por tierra.

Gracias a la mediación del ministro norteamericano Charles A. Washburn, Viana de Lima y los miembros de la legación brasileña pudieron partir en un buque, rumbo a Buenos Aires.

El “Marqués de Olinda” no fue devuelto a la empresa propietaria, y pasó a engrosar la flota paraguaya.

Las reacciones y protestas no tardaron en realizarse. Las fuerzas brasileñas atacaron y ocuparon la población uruguaya de Paysandú, lo que aceleró la rendición de de Montevideo. Venancio Flores, victorioso, ocupó el gobierno.

Por su parte, fuera de toda previsión, López dirigió su ataque al Brasil, pero no hacia donde parecería lógico, sino hacia una región apartada y, con el dominio paraguayo Del Río, hasta donde el gobierno de Río de Janeiro no podría reaccionar inmediatamente, ni auxiliar prontamente a sus súbditos: el Mato Groso.

Con la captura del buque brasileño, aquel 12 de noviembre, hace 140 años, y la siguiente expedición militar que invadió Mato Grosso, se desencadenó cinco años de sangrienta guerra, una vorágine que envolvió a cuatro países sudamericanos.

Paraguayos en el Mato Groso

Para invadir el Mato Grosso, el presidente López envió una misión militar compuesta por dos cuerpos expedicionarios: uno por vía fluvial, salió el 29 de diciembre de 1864, estuvo al mando del coronel Vicente Barrios; y el otro, por vía terrestre desde Concepción, al mando del coronel Isidoro Resquín. La expedición al mando de Barrios estaba integrada por 3.200 hombres, 12 piezas de artillería, a bordo de los buques Tacuary, Paraguarí, Ygurey, Río Blanco y Yporä. La expedición bajo las órdenes de Resquín estaba integrada por 3.500 hombres (un batallón de infantería y tres de caballería). Fruto de esta invasión fue la captura de Miranda, y otras poblaciones menores. Barrios, por su parte, atacó Coimbra, que ocupó luego de la inexplicable fuga de sus defensores, que contaban con buena provisión de armas y pólvoras. Así fue la exitosa campaña paraguaya de Mato Grosso. En el sur, las cosas serían distintas.

Texto publicado originalmente en https://www.abc.com.py/edicion-impresa/suplementos/abc-revista/todo-comenzo-con-el-marques-de-olinda-801881.html

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