A los once años se fugó de su casa para viajar como grumete de un barco mercante que se dirigía a la India. Su idea era comprarle un collar de perlas a su prima Carolina, de la que estaba enamorado. El padre de Julio Verne, un importante abogado, llegó a tiempo para salvar a su hijo de lo que hubiese sido, seguramente, un desastre.
Desde entonces, Julio se dedicó a viajar con su imaginación. De allí en más fue un buen estudiante y hasta ganó un premio —obviamente, de geografía—.
La vocación literaria de Verne
Al momento de elegir una carrera, se impuso la voluntad paterna y comenzó sus estudios de derecho. Aunque en 1849 obtuvo el título de abogado, ejerció poco la profesión. Ya entonces estaba entusiasmado con la escritura.
Los Dumas, tanto padre como hijo, autores de tantos éxitos como Los tres mosqueteros y La dama de las camelias, lo alentaron a seguir su carrera de escritor, que en un principio le ocasionó más de un problema. El padre de Julio no estaba dispuesto a financiar sus inclinaciones literarias. Esto no amilanó a Julio, que sufrió estrecheces económicas y desilusiones literarias, pues sus primeras obras teatrales y novelas cortas sobre historias de viajeros como von Humboldt y el pintor peruano Ignacio Merino no gozaron del éxito deseado.
Julio Verne pensó que el matrimonio con una viuda, Honorine Hebe du Fraysne, le daría la estabilidad emocional que necesitaba para desarrollar su carrera. Sin embargo, la vida de casado lo desesperó y cada tanto se escapaba de su casa para emprender viajes sin que su esposa supiera su destino.
Estaba en Noruega cuando Honorine dio a luz al único hijo de Julio Verne, Michel (1861-1925), quien sería una permanente fuente de disgustos para su padre, a punto de verse obligado a internarlo primero en un reformatorio y años más tarde en un manicomio.
Sin embargo, el vínculo entre padre e hijo se restableció y con los años Michel sería el impulsor de la obra de Julio y coautor de sus últimos relatos.
En 1863, se publicó Viajes extraordinarios: Cinco semanas en globo, un éxito fulminante que le garantizó al autor un notable ingreso anual con el compromiso de escribir dos novelas al año. Así nacieron los clásicos libros de aventuras y ciencia ficción, esos viajes en el tiempo y el espacio que caracterizaron las obras de este aventurero del futuro.
De la Tierra a la Luna, Veinte mil leguas de viaje submarino, Viaje al centro de la Tierra, La isla misteriosa y otros éxitos le ganaron fama, prestigio y hasta la inmortalidad, pero no el reconocimiento académico que él deseaba. Verne jamás fue postulado como miembro de la Academia de Letras.
El éxito de Julio Verne
A pesar de que los éxitos editoriales se sucedían, la relación con su esposa y su hijo no mejoraba y las enfermedades lo acosaban. Tuvo varias parálisis faciales “a frigore” y padeció una diabetes que resintió profundamente su salud y terminó conduciéndolo a la tumba.
Para colmo de males, un día de mayo de 1886, su sobrino Gastón, con quien tenía una buena relación, le disparó sin causa aparente y le lesionó la pierna.
Julio Verne quedó rengo y su sobrino internado de por vida en una institución psiquiátrica. Tras estos trágicos episodios, empezó a escribir sobre temas más sombríos.
Ya al principio de su carrera había escrito una novela llamada París en el siglo XX, donde describía una ciudad de rascacielos con trenes de alta velocidad, automóviles y una red mundial de comunicaciones (¿internet?), pero a pesar de estos adelantos, la gente era solitaria e infeliz. Esta novela no fue publicada por su pesimismo. Recién cien años después de la muerte del autor, el 24 de marzo de 1905, el manuscrito fue hallado y publicado.
Al morir, Julio dejó varios libros esbozados que fueron concluidos por su hijo Michel. Entre ellos estaba El faro del fin del mundo, que transcurre en la Isla de los Estados, en Argentina.
La obra de Verne está marcada por sus conocimientos geográficos y la capacidad científica de predecir los avances tecnológicos —submarinos, automóviles y cohetes—.
De la Tierra a la Luna ubica con precisión el lugar indicado para lanzar la nave espacial que llegará a nuestro satélite, en Cabo Cañaveral, donde actualmente está instalada la NASA.
En los últimos años de su vida Julio Verne se dedicó activamente a participar en la vida política de Amiens, ciudad donde también creó un grupo interesado en desarrollar el esperanto, un idioma universal que asistiría a mejorar la comunicación entre los hombres, derribando las barreras lingüísticas.
Julio Verne fue enterrado en el cementerio de Amiens, donde el escultor Albert Roze hizo una impresionante obra llamada “Hacia la inmortalidad y la eterna juventud”, donde el escritor parece escapar de su tumba extendiendo su mano hacia un futuro que él predijo tanto en sus logros como en sus desaciertos.









