En septiembre de 1066, unos diez mil hombres a las órdenes de Guillermo de Normandía —quien pasaría a la historia como “el Conquistador”— cruzaron el canal de la Mancha para participar de la invasión del reino anglosajón. La campaña culminó el 14 de octubre de ese mismo año con la épica batalla de Hastings.
Guillermo fue coronado rey de un territorio que terminaría consolidándose como Inglaterra y repartió tierras y títulos entre los nobles normandos y flamencos que lo habían secundado. Las consecuencias administrativas, culturales e idiomáticas de aquella conquista llegarían hasta nuestros días.
Guillermo era hijo bastardo del duque Roberto I de Normandía, un personaje “violento, rudo y difícil”, como lo describieron diversos estudiosos de su vida. Para hacerse del ducado, Roberto se alzó contra su hermano mayor, quien murió envenenado. Ya convertido en duque, mantuvo continuos enfrentamientos con sus vasallos rebeldes, a quienes sometió sin piedad.
En 1034 decidió peregrinar a Jerusalén, arrepentido por su vida de pecados. Antes de partir, dispuso que su hijo Guillermo, nacido de su relación con Arlette de Falaise, fuera reconocido como heredero. Roberto murió durante el viaje y Guillermo heredó el título.

Sin embargo, algunos barones normandos se negaron a reconocer al joven duque, a quien sus adversarios llamaban también Guillermo el Bastardo, e incluso intentaron asesinarlo. Los rebeldes fueron finalmente derrotados en la batalla de Val-ès-Dunes.
Además del ducado y de su temperamento aguerrido, Guillermo heredó de su padre una extensa red de vínculos con la nobleza europea. Entre ellos figuraba su parentesco con Eduardo el Confesor, rey de los anglosajones.
Eduardo había pasado buena parte de su juventud en Normandía, donde estrechó vínculos con Roberto, primo suyo —en realidad, primo segundo—. Según algunas versiones, habría prometido el trono de Inglaterra a Guillermo. Por eso, cuando murió el Confesor, el duque normando reclamó la corona.
Se cuenta que Eduardo, que no tuvo hijos, cedió en sus últimos momentos el trono a Haroldo Godwinson, duque de Wessex. Apenas coronado, Haroldo debió reunir un ejército para enfrentar a Harald Hardrada, rey de Noruega, que había invadido Inglaterra al frente de sus fuerzas vikingas. Tras derrotarlo, Haroldo marchó rápidamente hacia el sur para frenar el avance de Guillermo.
Las tropas sajonas y normandas se enfrentaron en las colinas cercanas a Hastings, donde Haroldo había dispuesto sus fuerzas en una posición elevada.
Los sajones resistieron el ataque normando mediante la llamada “muralla de escudos”, una formación defensiva de gran eficacia. Después de pasar buena parte de la mañana intentando quebrarla —y de perder tres caballos mientras dirigía personalmente el ataque—, Guillermo decidió recurrir a una estrategia que ya había utilizado contra sus propios vasallos rebeldes.

Sus tropas simularon una retirada. Cuando los hombres de Haroldo abandonaron sus posiciones para perseguirlas y rompieron la formación defensiva, los normandos contraatacaron. Una lluvia de flechas cayó entonces sobre los sajones. Según la versión más difundida, una de ellas alcanzó a Haroldo en un ojo y provocó su muerte.
Guillermo ordenó construir una abadía, supuestamente en el lugar donde había caído su adversario, como homenaje a un hombre que había combatido con valentía. También se cuenta que Gytha, la madre de Haroldo, ofreció pagar el peso de su hijo en oro para recuperar el cadáver, pero Guillermo se negó.
Después de sofocar distintos alzamientos, Guillermo fue coronado rey en la Navidad de 1066, un año que pasó a la historia como “el de los cuatro reyes”.
Hastings marcó un hito: fue la última invasión exitosa de Inglaterra. Siglos después, las islas británicas resistirían nuevos intentos de conquista, desde Napoleón hasta Hitler.
La conquista normanda pasó rápidamente al imaginario popular. Fue narrada en poemas como la Canción de la batalla de Hastings y en las obras de autores como Amato de Montecassino, Guillermo de Malmesbury y el poeta Wace, que recogieron distintas versiones sobre la muerte de Haroldo y de sus hermanos Gyrth y Leofwine.
Los trovadores franceses también convirtieron aquella victoria en materia de relato. Pero ninguna versión llegó hasta nuestros días con la fuerza visual del tapiz de Bayeux, un lienzo bordado de unos 70 metros que cuenta la conquista normanda de Inglaterra y la batalla de Hastings.
Durante mucho tiempo se sostuvo que fue confeccionado por orden de la reina Matilde, esposa de Guillermo, aunque otras hipótesis atribuyen el encargo a Odón, medio hermano del Conquistador y obispo de Bayeux.
En sus escenas, la victoria normanda adquiere también resonancias religiosas y bíblicas. Se han señalado paralelismos con relatos como la conquista de Judea por los babilonios, así como interpretaciones simbólicas de los animales y emblemas que aparecen representados.
El tapiz se convirtió, además, en una extraordinaria fuente documental sobre la vida medieval. No solo reconstruye episodios de la conquista, sino que permite observar armas, embarcaciones, vestimentas, construcciones, costumbres y hasta fenómenos astronómicos. Entre sus escenas aparece el cometa Halley atravesando el cielo, interpretado entonces como un mal presagio.
A lo largo de sus 70 metros aparecen centenares de figuras humanas y animales, además de caballos, perros, fortalezas y embarcaciones, en una narración visual de una precisión excepcional.
El tapiz fue realizado en el siglo XI, aunque su existencia quedó documentada por primera vez varios siglos después. Durante la Revolución francesa corrió peligro de desaparecer y, a comienzos del siglo XIX, Napoleón ordenó exhibirlo en París mientras preparaba sus propios planes de invasión a Inglaterra.
Restaurado posteriormente, permaneció durante décadas en Bayeux. Ahora, casi mil años después de los acontecimientos que relata, la obra vuelve a poner frente a frente a franceses e ingleses, ya no en un campo de batalla, sino alrededor de una de las grandes joyas artísticas y documentales de la Edad Media.
El tapiz de Bayeux es mucho más que el relato bordado de una guerra: es la memoria visual de una conquista que transformó para siempre la historia de Inglaterra.









