La invención de lo leve: Jorge Gumier Maier y la redistribución de lo sensible en el arte argentino de los noventa

La biografía de Jorge Gumier Maier[i] presenta un pequeño problema metodológico para la historiografía del arte argentino. No se deja narrar cómodamente como la de un artista ni como la de un curador. El archivo disciplinario —esa máquina bastante obsesiva que clasifica trayectorias, escuelas y genealogías— prefiere sujetos estables. Gumier Maier, en cambio, introduce un tipo de operación más escurridiza: una modificación del régimen de sensibilidad dentro del campo artístico de Buenos Aires hacia finales del siglo XX. Su importancia histórica no reside en la monumentalidad de una obra ni en la formulación de un manifiesto programático, sino en una alteración casi molecular de los criterios mediante los cuales un sistema decide qué puede considerarse arte.

Nacido en Buenos Aires en 1953, Gumier Maier crece en una escena cultural todavía atravesada por la gravitación del modernismo tardío. La tradición artística argentina había organizado su identidad alrededor de tres núcleos fuertes: la abstracción geométrica[ii], el informalismo[iii] y las diversas modulaciones del conceptualismo político[iv] que dominaron el horizonte desde los años sesenta. Cada uno de esos movimientos —desde el rigor constructivo de Tomás Maldonado[v] hasta la experimentación conceptual de León Ferrari[vi]— contribuyó a consolidar una ética estética bastante precisa: el arte serio debía ser austero. La obra debía demostrar conciencia histórica, densidad conceptual o dramatismo material. La ligereza visual, el ornamento o el placer óptico quedaban rápidamente bajo sospecha, clasificados como síntomas de frivolidad.

Es en ese paisaje ideológico donde aparece Gumier Maier con una formación completamente lateral al sistema artístico. Durante los años setenta participa en el Frente de Liberación Homosexual[vii], experiencia decisiva para su comprensión posterior del arte. Allí aprende algo que luego trasladará al campo estético: la política no se limita al contenido discursivo de las obras sino que atraviesa las formas de vida, los cuerpos y los modos de sensibilidad. La intuición coincide, casi sin saberlo, con una observación formulada por Michel Foucault[viii] cuando escribe que “donde hay poder, hay resistencia, y esa resistencia nunca está en posición exterior al poder”. En el caso de Gumier Maier, esa resistencia no se organizará en el contenido ideológico de las obras sino en la reorganización de los valores estéticos que determinan qué puede ser visto, apreciado o legitimado como arte.

Retrato de Gumier Maier
Alberto Goldenstein
1993

Durante los años ochenta se desplaza hacia el circuito contracultural porteño. Escribe crónicas y crítica cultural en la revista Cerdos & Peces[ix], dirigida por Enrique Symns[x]. Allí firma como “La Gumi”, una voz híbrida entre comentario social, humor ácido y sensibilidad antiacadémica. Esa escritura funciona como un pequeño laboratorio retórico donde ya se ensaya una posición estética: desconfianza frente a la solemnidad teórica, alergia a la gravedad obligatoria y cierta intuición —muy precisa— de que la inteligencia también puede expresarse a través del humor.

En ese ecosistema intelectual ocupa un lugar central la amistad con María Moreno[xi]. Moreno percibe tempranamente que Gumier Maier está articulando algo que todavía no tiene nombre: una estética de los afectos. Su lectura es aguda porque identifica un desplazamiento que la crítica tradicional tendía a ignorar: la política ya no aparece únicamente como discurso o denuncia, sino como reorganización de la sensibilidad. El deseo, el humor, la fragilidad material y el ornamento empiezan a adquirir estatuto artístico.

De Derecha a Izquierda: Kiwi, Jacoby, María Moreno, Gumier Maier y yo en una inauguración en el Rojas, años 90.

El momento decisivo de esta trayectoria ocurre en 1989, cuando Gumier Maier asume la dirección de la galería del Centro Cultural Ricardo Rojas[xii]. Lo que sucede allí durante la década siguiente constituye uno de los episodios más polémicos del arte argentino reciente. Por el espacio del Rojas pasan artistas como Feliciano Centurión[xiii], Marcelo Pombo[xiv] y Benito Laren[xv]. Sus obras comparten una serie de rasgos que funcionan casi como una provocación estética: materiales precarios, técnicas manuales, colores saturados y una escala íntima que contradice frontalmente el modelo monumental heredado de la pintura neoexpresionista[xvi] de los ochenta.

Feliciano Centurión
Marcelo Pombo
Benito Laren

Bordados, juguetes, telas estampadas, cuentas plásticas. Objetos que parecen provenir más de la economía doméstica que del museo. Para una tradición artística acostumbrada a identificar la profundidad con la gravedad, aquello resultaba francamente irritante.

La reacción crítica no tarda en aparecer. El crítico Jorge López Anaya[xvii] populariza la expresión “arte light”[xviii] para describir esa escena. El término funciona como un diagnóstico y como una acusación. Sugiere que se trata de una versión superficial del arte contemporáneo, una desviación menor frente a la seriedad histórica de las vanguardias. La crítica revela un prejuicio profundamente moderno: la convicción de que la intensidad estética debe manifestarse mediante la solemnidad.

La respuesta de Gumier Maier es casi minimalista. En uno de sus textos curatoriales declara que no cree en la obligación de que el arte explique el mundo; le basta con que produzca placer. La frase suena ligera, pero en realidad funciona como una inversión radical de la jerarquía modernista. Allí donde el arte conceptual exigía interpretación, Gumier Maier propone experiencia sensorial.

Retrato de Jorge Gumier Maier. Una de las fotografías de la serie “Mundo del arte” de Alberto Goldenstein

La afinidad con el ensayo Against Interpretation[xix] de Susan Sontag[xx] resulta evidente. Sontag proponía reemplazar la obsesión hermenéutica del arte moderno por lo que llamaba una “erótica del arte”: una relación estética basada en la intensidad perceptiva antes que en la decodificación intelectual. El programa del Rojas puede leerse, retrospectivamente, como una aplicación inesperada de esa intuición.

Años más tarde, el filósofo Jacques Rancière[xxi] formularía una noción que permite comprender con mayor precisión lo ocurrido en ese espacio: el arte como redistribución de lo sensible. En su teoría, el campo estético no se limita a producir objetos; reorganiza aquello que una sociedad considera visible, decible o pensable. La escena del Rojas opera exactamente en ese registro. No introduce un nuevo estilo dominante; altera las reglas perceptivas del juego.

El caso de Feliciano Centurión[xxii] resulta particularmente revelador. Sus mantas bordadas, realizadas mientras convivía con el VIH, introducen en el campo artístico una sensibilidad radicalmente doméstica. No hay épica política ni monumentalidad trágica. Hay flores bordadas, frases íntimas, tejidos blandos. La obra funciona más como objeto afectivo que como monumento visual. En términos históricos, lo que aparece ahí es algo bastante raro para la tradición moderna: una estética del cuidado.

La producción del propio Gumier Maier como artista sigue una lógica similar. Sus relieves de madera pintada dialogan con la tradición de la abstracción geométrica argentina, pero introducen una desviación significativa: una geometría ornamental, sensual, casi decorativa. La abstracción —tradicionalmente asociada con la pureza racionalista— se convierte en objeto doméstico, brillante, incluso juguetón.

El gesto recuerda una observación de Theodor W. Adorno[xxiii]según la cual la autonomía del arte no consiste en separarse de la sociedad sino en producir formas capaces de contradecir sus jerarquías simbólicas. Al introducir materiales considerados menores dentro del campo artístico, Gumier Maier reorganiza precisamente esas jerarquías.

El entramado se vuelve aún más interesante cuando se observa la red generacional que rodea la escena del Rojas. Allí aparece la figura de Roberto Jacoby[xxiv], proveniente de la radicalidad conceptual de los años sesenta y protagonista del proyecto Tucumán Arde[xxv]. Jacoby había formulado una idea que funcionaría como puente entre generaciones: el arte como forma de organización de vínculos sociales.

Roberto Jacoby

Mientras el conceptualismo setentista aspiraba a intervenir directamente en la esfera política, la sensibilidad noventista comienza a desplazarse hacia otro terreno: la micropolítica de los afectos. En ese punto emerge con fuerza la figura de Fernanda Laguna[xxvi].

Fernanda Laguna y Jorge Gumier Maier en la puerta de Belleza y Felicidad, una tarde, al cierre

Laguna radicaliza la estética menor defendida por Gumier Maier y la traslada al terreno de la infraestructura cultural. En 1999 funda el proyecto Belleza y Felicidad[xxvii], simultáneamente galería, editorial artesanal, espacio de lectura y laboratorio afectivo. Allí se exhiben dibujos, objetos baratos, poesía fotocopiada, libros caseros. El gesto no consiste solamente en producir arte sino en construir una economía cultural mínima capaz de sostener redes de amistad y experimentación.

La operación recuerda la observación del filósofo Boris Groys[xxviii] cuando sostiene que en el arte contemporáneo la auto-institucionalización se convierte en parte de la obra misma. Laguna encarna exactamente esa lógica: artista, editora, galerista y organizadora de vínculos.

La conexión con Jacoby reaparece en su noción de “tecnología de la amistad”[xxix], idea según la cual las relaciones personales pueden funcionar como medio artístico. Belleza y Felicidad no es simplemente un espacio expositivo; es una máquina de sociabilidad estética.

Desde una perspectiva historicista, la secuencia resulta clara. Gumier Maier legitima una sensibilidad antiheroica desde el Rojas. Jacoby aporta la memoria conceptual del arte entendido como red social. Laguna transforma esa sensibilidad en infraestructura cultural precaria y productiva. Tres momentos de una misma mutación histórica del arte argentino: el pasaje del conceptualismo político hacia una política de la sensibilidad.

La paradoja es que aquello que en los años noventa parecía ligero —lo ornamental, lo doméstico, lo amateur— terminó revelándose como una de las transformaciones más duraderas del arte argentino contemporáneo. La historiografía suele concentrarse en los gestos heroicos, en las vanguardias ruidosas y las rupturas dramáticas. Pero las mutaciones profundas rara vez anuncian su llegada con trompetas.

Hablan bajito.
Brillan un poco.
Y cuando el sistema finalmente decide nombrarlas, ya han cambiado las reglas del juego.


[i] Jorge Gumier Maier (Buenos Aires, 1953–2021) fue artista y curador argentino. En los años 80 comenzó a producir obra propia y a escribir crítica cultural. Su trabajo artístico utilizaba materiales simples, ornamentales y domésticos, alejados del arte político dominante de la posdictadura. Entre 1989 y 1996 fue curador de la galería del Centro Cultural Rojas de la Universidad de Buenos Aires. Desde allí impulsó una generación de artistas jóvenes y una sensibilidad estética basada en lo íntimo, lo precario, lo decorativo y lo queer. En ese espacio expusieron artistas como Marcelo Pombo, Omar Schiliro, Fernanda Laguna y Miguel Harte. Su influencia fue clave para la formación de la escena artística argentina de los años 90, conocida como “la estética del Rojas”. Es considerado una figura central en la historia reciente del arte argentino por haber redefinido qué podía ser arte en ese contexto: pequeño, afectivo, ornamental y cotidiano.

[ii] La abstracción geométrica es una corriente del arte moderno que trabaja con formas geométricas simples —líneas rectas, cuadrados, círculos y planos de color— sin representar objetos del mundo real. La obra no busca imitar la realidad: se construye como un sistema autónomo de relaciones entre formas y colores. Aparece a comienzos del siglo XX con artistas como Piet Mondrian y Kazimir Malevich, asociados a movimientos como De Stijl y Suprematism, donde la pintura se reduce a elementos visuales básicos para explorar equilibrio, proporción y orden. En Argentina, esta tradición tuvo desarrollos propios desde los años 40 con el grupo Arte Concreto-Invención, impulsado por artistas como Tomás Maldonado y Raúl Lozza, quienes afirmaban que la obra debía ser un objeto concreto y no la representación de algo. También aparecen experiencias cercanas como Madí, con figuras como Gyula Kosice y Carmelo Arden Quin, que expandieron la geometría hacia formas recortadas, móviles y estructuras espaciales. En síntesis: la abstracción geométrica reemplaza la representación del mundo por la organización precisa de formas puras, y en Argentina se convirtió en uno de los núcleos fundamentales de la modernidad artística.

[iii] El informalismo es una corriente del arte de posguerra que rechaza la geometría racional y la composición ordenada. En lugar de formas claras y estructuras matemáticas, privilegia gesto, materia y espontaneidad. La obra aparece como una superficie cargada de huellas: manchas, raspaduras, acumulaciones de pintura, texturas irregulares. Surge en Europa en los años cuarenta y cincuenta, en un clima marcado por la crisis cultural posterior a la Segunda Guerra Mundial. Artistas como Jean Dubuffet o Antoni Tàpies exploran una pintura cruda, donde la materia —arena, yeso, pigmentos densos— se vuelve protagonista. La imagen deja de organizarse como forma estable y aparece más bien como proceso, energía o residuo de una acción. En Argentina el informalismo se desarrolla a fines de los años cincuenta y comienzos de los sesenta con artistas como Alberto Greco, Kenneth Kemble y Luis Felipe Noé. Sus obras introducen materiales pobres, superficies violentadas y gestos intensos, en oposición directa a la precisión racional de la abstracción geométrica que había dominado la escena local en la década anterior. En síntesis: el informalismo sustituye el orden geométrico por la expresión material y gestual, entendiendo la pintura como un campo de acción más que como una construcción racional.

[iv] El conceptualismo político es una forma de arte conceptual en la que la obra se organiza alrededor de ideas vinculadas a la crítica social, la violencia estatal o las estructuras de poder. La prioridad no está en el objeto artístico sino en la operación intelectual y política que la obra produce: documentos, acciones, archivos, textos o intervenciones en el espacio público. A diferencia del conceptualismo anglosajón más analítico, asociado a artistas como Joseph Kosuth, en América Latina el conceptualismo se desarrolla en contextos de censura, dictaduras y conflicto social. Por eso la obra funciona muchas veces como dispositivo de denuncia o de visibilización política. En Argentina, uno de los ejemplos fundamentales es Tucumán Arde (1968), una acción colectiva organizada por artistas y militantes para exponer la crisis económica y social de la provincia de Tucumán mediante documentos, estadísticas, fotografías y campañas de información. También pueden mencionarse prácticas posteriores de artistas como León Ferrari, Roberto Jacoby o Marcelo Brodsky, donde el arte funciona como intervención crítica sobre la historia y la memoria política. En síntesis: el conceptualismo político utiliza estrategias conceptuales para producir reflexión y confrontación sobre las condiciones sociales y el poder, desplazando el centro del arte desde el objeto hacia la acción crítica.

[v] Tomás Maldonado(1922–2018) fue un artista, teórico y diseñador argentino clave en el desarrollo de la abstracción geométrica y el diseño modernoen América Latina. En los años cuarenta integró el movimiento Arte Concreto-Invención, que proponía una pintura basada en formas geométricas puras y rechazaba la representación. La obra debía ser un objeto real construido con relaciones de color y forma, no una imagen del mundo. A partir de los años cincuenta se orientó hacia la teoría del diseño. Fue profesor en la escuela Hochschule für Gestaltung Ulm (Escuela de Ulm, Alemania), donde desarrolló una concepción del diseño como disciplina racional vinculada a la ciencia, la tecnología y la planificación social. En síntesis: Maldonado pasó de la pintura concreta a la teoría del diseño, y se convirtió en una de las figuras centrales de la modernidad estética y proyectual del siglo XX.

[vi] León Ferrari(1920–2013) fue un artista argentino cuya obra se caracteriza por una crítica radical a la religión, la violencia política y las estructuras de poder. Comenzó en los años cincuenta con esculturas y dibujos experimentales, pero alcanzó mayor visibilidad en los sesenta con obras que combinaban texto, imagen y denuncia política. Una de las más conocidas es La civilización occidental ycristiana (1965), donde un Cristo aparece crucificado sobre un avión de guerra estadounidense, señalando la complicidad entre religión, guerra y poder. Durante la última dictadura argentina (1976–1983) se exilió en Brasil, donde continuó desarrollando obras basadas en collages, archivos y escrituras críticascontra la violencia institucional y el autoritarismo. Su producción combina estrategias del arte conceptual con procedimientos experimentales —caligrafías abstractas, montajes de imágenes, instalaciones— para convertir la obra en un dispositivo de pensamiento y confrontación política. En síntesis: Ferrari entendía el arte como una herramienta crítica capaz de revelar las contradicciones morales y políticas de la cultura occidental.

[vii] El Frente de Liberación Homosexual(FLH) fue una organización política y cultural argentina activa entre 1971 y 1976 dedicada a la lucha por la liberación sexual y los derechos de las personas homosexuales. Surgió en Buenos Aires en un contexto de fuerte represión policial y estigmatización social. El frente reunía militantes de distintos grupos —intelectuales, artistas, activistas— que buscaban vincular la emancipación sexual con otras luchas políticas de la época, como el feminismo y los movimientos de izquierda. Entre sus miembros y colaboradores estuvieron figuras como Néstor Perlongher, Juan José Sebreli y Manuel Puig. El FLH produjo textos, manifiestos y revistas donde se cuestionaban las normas morales, el autoritarismo estatal y la patologización de la homosexualidad. Una de sus publicaciones más importantes fue Somos (revista argentina), que difundía análisis políticos, ensayos y testimonios sobre sexualidad y represión. El Frente se disolvió en 1976 tras el inicio de la dictadura militar argentina, cuando la persecución política volvió imposible su actividad pública. Sin embargo, su experiencia quedó como uno de los antecedentes centrales del activismo LGBTQ+ en América Latina y como un momento clave de articulación entre política, cultura y disidencia sexual.

[viii] Michel Foucault(1926–1984) fue un filósofo e historiador francés que analizó cómo el poder produce saber, normas y formas de subjetividad en la sociedad moderna. Su trabajo no estudia el poder como algo que simplemente posee el Estado, sino como una red de relaciones que atraviesa instituciones, discursos y prácticas cotidianas: hospitales, prisiones, escuelas, sexualidad, medicina. Entre sus libros más influyentes están Historia de la sexualidad, donde examina cómo las sociedades modernas regulan el deseo y el cuerpo, y Vigilar y castigar, un análisis de la transformación del castigo público en sistemas de vigilancia y disciplina. Foucault introdujo métodos como la arqueología y la genealogía, que buscan mostrar cómo las ideas que parecen naturales —la locura, la criminalidad, la sexualidad— son en realidad construcciones históricas producidas por discursos y relaciones de poder. En síntesis: Foucault estudió cómo el poder organiza el conocimiento y modela las formas en que los individuos se entienden a sí mismos.

[ix] Cerdos & Peces es una revista argentina emblemática de la contracultura porteña que nació en 1983 y se consolidó como una voz provocadora, irreverente y experimental dentro del periodismo y la escena underground de Buenos Aires.  La idea original surgió como suplemento cultural de la revista El Porteño bajo la dirección del escritor y periodista Enrique Symns, y al año siguiente se independizó como publicación propia. Con un estilo que combinaba el periodismo gonzo —esa forma de narrar en primera persona con una mezcla de realidad y subjetividad, popularizada por Hunter S. Thompson—, Cerdos & Peces exploraba temas tabú para la época: drogas, sexualidades diversas, anarquismo, okupas, subculturas y escenas marginales, abordándolos con humor brutal, ironía y sin autocensura.  Su trayectoria fue intermitente y polémica: enfrentó clausuras, juicios por obscenidad y debates culturales en tiempos de apertura democrática tras la dictadura, convirtiéndose en un símbolo del underground y de la contracultura argentina de los años 80 y 90.

[x] Enrique Symns (Lanús, 1945–Buenos Aires, 2023) fue un periodista, escritor y figura central de la contracultura argentina. Fundador de la revista Cerdos & Peces (1983), desarrolló un estilo cercano al periodismo gonzo, centrado en los márgenes sociales: subculturas urbanas, drogas, sexualidades diversas y escenas underground. Colaboró en revistas y diarios, escribió libros y trabajó en teatro; además, fue monologuista de bandas como Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota. Su obra se caracterizó por su mirada cruda, irreverente y provocadora, dejando un legado perdurable en el periodismo alternativo y la literatura under porteña.

[xi] María Moreno es una destacada periodista, escritora y crítica cultural argentina, nacida en Buenos Aires en 1947. Su obra se reconoce por una escritura incisiva, reflexiva y con una profunda mirada feminista que ha marcado la crónica contemporánea en Argentina y el espacio cultural de habla hispana.  Comenzó su carrera en medios como La Opinión, Sur, Babel y Fin de Siglo, donde se ganó reputación como cronista y ensayista. En 1984 fundó “Alfonsina”, la primera revista feminista argentina tras la última dictadura, y creó suplementos pioneros sobre temas de género y cultura.  Es autora de numerosas obras, entre ellas la novela “El affaire Skeffington”(1992), considerada central dentro de la narrativa lésbica argentina, y otros libros de crónica y ensayo como “Black out”, “Panfleto. Erótica y feminismoo Contramarcha”. Su trabajo combina memoria, testimonio, crítica social y filosofía del lenguaje.  Moreno también fue directora del Museo del Libro y de la Lengua, ha obtenido prestigiosos reconocimientos como la Beca Guggenheim (2002), el Premio Iberoamericano de Narrativa Manuel Rojas(2019) y el Premio Konex de Brillante (2024), y sus textos se estudian tanto en Argentina como internacionalmente. En síntesis, es una de las voces más influyentes del periodismo y la literatura crítica argentina, con una trayectoria dedicada a articular escritura, pensamiento y cultura más allá de los límites tradicionales. Link al texto de despedida póstuma de María a Jorge: https://www.pagina12.com.ar/398834-maria-moreno-despide-a-jorge-gumier-maier/

[xii] El Centro Cultural Ricardo Rojas (también conocido simplemente como El Rojas) es un centro cultural universitario en Buenos Aires, Argentina, dependiente de la Universidad de Buenos Aires (UBA). Fue creado en 1984, poco después del regreso de la democracia en el país, como parte de la extensión universitaria para promover la cultura, la creación y la reflexión crítica. Está ubicado en Avenida Corrientes 2038, en el barrio de Balvanera. El espacio fue diseñado como un puente entre la universidad y la comunidad, abierto a toda la sociedad sin necesidad de ser alumno o docente de la UBA.  A lo largo de su historia se consolidó como un laboratorio de experimentación artística y cultural, donde se realizan conferencias, talleres, cursos, exposiciones, ciclos de teatro, música, danza, artes visuales y encuentros interdisciplinarios. Además, mantiene un depósito digital de publicaciones, libros y materiales culturales de acceso libre, y su programación atrae a más de 100 000 visitantes cada año.  Desde sus primeros años fue un espacio clave para la escena independiente y alternativa porteña, impulsando proyectos artísticos emergentes y vínculos entre diversas disciplinas del arte y el pensamiento.

[xiii] Feliciano Centurión (1962–1996) fue un artista visual paraguayo radicado en Buenos Aires, reconocido por transformar textiles cotidianos —mantas, pañuelos, servilletas— en obras bordadas y pintadasque combinan poesía visual, memoria íntima e identidad. Su trabajo mezcla tradición paraguaya, arte popular y referencias autobiográficas, abordando temas de género y sensibilidad afectiva. Diagnosticado con VIH en los años 90, sus últimas piezas expresan su experiencia de la enfermedad con lirismo y humor. Su obra ha sido exhibida internacionalmente, consolidándolo como un referente del arte contemporáneo latinoamericano.

[xiv] Marcelo Pombo (Buenos Aires, 1959) es un artista visual argentino reconocido por su obra que mezcla pintura, artesanía, geometría y referencias pop. Emergió en la escena posdictadura, vinculado a la cultura gay y al arte underground, y participó del Centro Cultural Ricardo Rojas. Su trabajo combina técnicas tradicionales y materiales decorativos con abstracción y surrealismo. Ha sido objeto de retrospectivas y recibió premios por su trayectoria en el arte contemporáneo argentino.

[xv] Benito Laren (San Nicolás, 1962) es un artista plástico argentino autodidacta, conocido por sus obras brillantes y lúdicas que combinan vidrio, brillantina, esmaltes y materiales reflectantes. Participó de la escena del Centro Cultural Ricardo Rojasen los 90 y creó un universo propio,Larenland, lleno de humor, simbolismo y referencias culturales. Su obra desafía cánones tradicionales y forma parte de colecciones en museos nacionales e internacionales.

[xvi] La pintura neoexpresionista, surgida a fines de los 70 y principios de los 80, se caracteriza por intensidad emocional, pinceladas gestuales, colores saturados y figuras deformadas, priorizando la expresión sobre la belleza formal. En Europa destacan Baselitz, Kiefer y Immendorff, en EE. UU. Schnabel y Basquiat, y en Latinoamérica se vincula a la memoria política y la violencia social. En Argentina, artistas como Félix Bruzzone, León Ferrari, Jorge de la Vega y Marta Minujín retomaron esta estética, especialmente en la escena porteña de los 80 y el Centro Cultural Ricardo Rojas.

[xvii] Jorge López Anaya (Buenos Aires, 1936‑2010) fue un pintor, historiador y crítico de arte argentino. Participó en movimientos como el Arte Destructivoy elinformalismo, y combinó su obra artística con la docencia y la investigación: fue profesor de Historia del Arte Argentino en la UBA y autor de libros y ensayos sobre arte nacional. Recibió premios como el Konex y dejó un legado que une creación, crítica y reflexión histórica sobre el arte argentino del siglo XX.

[xviii] El “arte light” es una corriente contemporánea que prioriza la ligereza estética, el color, el humor y la fantasía, usando materiales cotidianos o decorativos. En Argentina, se relaciona con artistas como Marcelo Pombo y Benito Laren, combinando atractivo visual y accesibilidad con universos simbólicos propios, en contraste con la crítica social o la densidad conceptual de otros movimientos.

[xix] Against Interpretation es un ensayo emblemático de Susan Sontag, publicado en 1966, que marca un punto de inflexión en la teoría del arte y la crítica cultural. En él, Sontag critica la tendencia dominante de interpretar las obras de arte como si fueran textos que debieran ser decodificados, argumentando que la interpretación excesiva desvía la atención de la experiencia sensorial y la potencia estética de la obra. Sontag propone, en cambio, una aproximación basada en la experiencia directa, en la percepción intensa y en la recepción de la obra tal como es, sin reducirla a un mensaje o a un contenido simbólico explícito. El ensayo se volvió un referente del debate sobre crítica literaria y artística, influyendo en movimientos que priorizan la forma, la sensación y la superficie por sobre la interpretación hermenéutica.

[xx] Susan Sontag (1933–2004) fue una ensayista y crítica cultural estadounidense influyente en la teoría del arte, la literatura y la política. En obras como Against Interpretation cuestionó la tendencia a interpretar excesivamente el arte y defendió la experiencia directa y sensorial de las obras. También analizó la cultura visual y las metáforas sociales en libros como On Photography y Illness as Metaphor. Su pensamiento influyó profundamente en la crítica cultural contemporánea.

 [xxi] Jacques Rancière (1940) es un filósofo francés dedicado a la filosofía política y la estética. Su pensamiento sostiene que la política y el arte dependen de cómo una sociedad organiza lo visible, lo decible y lo pensable, idea que desarrolla en The Politics of Aesthetics mediante el concepto de “reparto de lo sensible”. También defendió la igualdad de las inteligencias en The Ignorant Schoolmaster. Su obra ha influido ampliamente en la teoría estética y política contemporánea.

 [xxii] Feliciano Centurión (1962–1996) fue un artista visual paraguayo radicado en Buenos Aires, reconocido por transformar textiles cotidianos —mantas, pañuelos y telas— en obras bordadas, pintadas y escritas. Su trabajo combina arte popular, tradición paraguaya y elementos íntimos o autobiográficos, abordando temas de afecto, identidad y vida cotidiana. En sus últimos años, tras ser diagnosticado con VIH, su obra adquirió un tono profundamente personal. Hoy es considerado una figura clave del arte contemporáneo latinoamericano de los años 90.

[xxiii] Theodor W. Adorno (1903–1969) fue un filósofo y crítico cultural alemán de la Frankfurt School. Analizó la relación entre cultura, capitalismo y modernidad, criticando la industria cultural por convertir el arte en mercancía. En obras como Dialectic of Enlightenment y Aesthetic Theory defendió el potencial crítico del arte moderno frente a la estandarización cultural.

[xxiv] Roberto Jacoby (Buenos Aires, 1944) es un artista conceptual, sociólogo y teórico argentino, figura clave del arte experimental en América Latina desde los años 60. Participó en experiencias radicales del arte político como Tucumán Arde, donde artistas y sociólogos denunciaron la situación social de la provincia de Tucumán durante la dictadura. Su trabajo se caracteriza por entender el arte como producción de situaciones sociales, redes y formas de comunicación, más que como creación de objetos. En distintos momentos exploró el arte de medios, la sociología de la cultura, la música y la performance. En los años 80 y 90 se vinculó con la escena del Centro Cultural Ricardo Rojas, apoyando a artistas jóvenes y reflexionando sobre nuevas estéticas surgidas tras la dictadura. Jacoby es considerado una figura fundamental del arte conceptual latinoamericano, por su idea de que el arte puede funcionar como un experimento social y político más que como un objeto para contemplar.

[xxv] Tucumán Arde fue una acción colectiva de arte político realizada en 1968 por artistas y sociólogos de Rosario y Buenos Aires. Investigaron la crisis social en Tucumán tras las políticas de la dictadura de Juan Carlos Onganía y presentaron exposiciones con documentos, testimonios y estadísticas en la CGT de los Argentinos. El proyecto buscó usar el arte como herramienta de denuncia política, convirtiéndose en una experiencia clave del arte conceptual latinoamericano.

[xxvi] Fernanda Laguna (Buenos Aires, 1972) es una artista visual, escritora y gestora cultural argentina. Su obra combinaarte, literatura, dibujo, pintura y edición independiente, explorando estéticas ligadas a lo íntimo, lo cotidiano y lo afectivo. En los años 90 fue una figura central de la escena artística alternativa de Buenos Aires. Fundó el espacio Belleza y Felicidad, que funcionó como galería, editorial y lugar de encuentro para artistas y poetas jóvenes, influyendo en la cultura independiente de la época. Su trabajo se caracteriza por una estética deliberadamente simple, frágil o naïf, que mezcla cultura pop, sensibilidad autobiográfica y humor, cuestionando las jerarquías entre arte “alto” y cultura cotidiana. También ha desarrollado una importante producción literaria de poesía y narrativa. Hoy es considerada una figura clave delarte contemporáneo y la literatura independiente en Argentina.

[xxvii] Belleza y Felicidad fue un espacio artístico y editorial independiente fundado en Buenos Aires en 1999 por Fernanda Laguna y Cecilia Pavón. Funcionó simultáneamente como galería de arte, editorial artesanal, librería y lugar de encuentro cultural. El proyecto se volvió central para la escena artística y literaria alternativa de los años 2000, promoviendo exposiciones, lecturas de poesía y publicaciones de bajo costo hechas con fotocopias y materiales simples. Su estética celebraba lo precario, lo afectivo y lo cotidiano, desafiando las jerarquías tradicionales del arte contemporáneo. Más que una galería convencional, Belleza y Felicidad operó como plataforma colectiva para artistas y escritores jóvenes, convirtiéndose en un punto clave de la cultura independiente argentina.

[xxviii] Boris Groys (Berlín, 1947) es un filósofo, crítico y teórico del artenacido en la Unión Soviética y radicado en Alemania. Su trabajo se centra en el arte contemporáneo, la cultura visual, los medios y la relación entre arte, política e instituciones. Ha analizado cómo el arte funciona dentro de museos, archivos y sistemas de poder, y cómo las prácticas artísticas contemporáneas producen valor cultural. Entre sus libros más influyentes están The Total Art of Stalinism, sobre la relación entre vanguardia y propaganda en la Unión Soviética, y Art Power, donde examina el papel del arte en la política y en la esfera pública. Su pensamiento es clave para entender el funcionamiento institucional del arte contemporáneo y el rol del artista dentro de la cultura mediática y global.

[xxix] La “tecnología de la amistad” es un concepto de Roberto Jacoby que entiende el arte como creación de redes afectivas y relaciones sociales más que de objetos. El artista actúa como generador de encuentros y colaboración, donde la amistad funciona como una infraestructura para proyectos culturales y políticos, idea presente en la escena vinculada al Centro Cultural Ricardo Rojas.

Ultimos Artículos

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

TE PUEDE INTERESAR

    SUSCRIBITE AL
    NEWSLETTER